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EUCARISTÍA DE CLAUSURA Y ENVÍO


I. Ritos Iniciales

Sr. Cardenal: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Sr. Cardenal: El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con su alegría y con su paz, permanezca siempre con todos ustedes.

Todos: Y con tu espíritu.

Acto penitencial.

Sr. Cardenal: Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento para acercarnos a la mesa del Señor.

(Momento de silencio).

Sr. Cardenal: Luz del mundo, que vienes a iluminar a los que viven en las tinieblas del pecado: Señor, ten piedad.

Todos: Señor, ten piedad.

Sr. Cardenal: Buen pastor, que vienes a guiar a tu rebaño por las sendas de la verdad y de la justicia: Cristo, ten piedad.

Todos: Cristo, ten piedad.

Celebrante: Hijo de Dios, que volverás un día para dar cumplimiento a las promesas del Padre: Señor, ten piedad.

Todos: Señor, ten piedad.

Sr. Cardenal: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Todos: Amén.

Oración Colecta (M.R. Por las diversas necesidades. 16 en una reunión espiritual o pastoral).

Sr. Cardenal: Oremos. Infúndenos, Señor, el espíritu de inteligencia, de verdad y de paz, para que nos esforcemos en conocer lo que te agrada y lo pongamos en práctica de común acuerdo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad de Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Todos: Amén.

II. Liturgia de la palabra

Primera Lectura

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12, 12-14. 27-31).

Hermanos: Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu. El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es miembro de él. En la Iglesia, Dios ha puesto en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercer lugar, a los maestros; luego, a los que hacen milagros, a los que tienen el don de curar a los enfermos, a los que ayudan, a los que administran, a los que tienen el don de lenguas y el de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos el don de curar? ¿Tienen todos el don de lenguas y todos las interpretan? Aspiren a los dones de Dios más excelentes. Palabra de Dios.

Todos: Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Salmo 99)

R. Sirvamos al Señor con alegría.

Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo. R.

Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño. R.

Entremos por sus puertas dando gracias, crucemos por sus atrios entre himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo. R.

Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba. R.

Aleluya, aleluya. R.

Que en sus corazones reine la paz de Cristo; que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza.
Aleluya, aleluya. R.

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (10, 1-9)

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: "La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos". Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa digan: "Que la paz reine en esta casa". Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes, se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: "Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios". Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.


Homilía

Muy queridos hermanos y hermanas. Los tres días que hemos tenido los podemos proyectar perfectamente en este tiempo de Adviento. Es un tiempo propicio para vivir lo esencial cristiano, para proyectar esto que el Señor nos ha hecho sentir en estos tres días.
                 
Primero, la memoria y la esperanza, eso es el Adviento, el ya, pero todavía no. En estos tres días hemos vuelto a nuestras raíces, se nos ha hecho ver con claridad nuestra historia, finalidades del tiempo de Adviento, para pensar en el acontecimiento fundamental: el Verbo se hizo carne. Dios puso su tienda de campaña en medio de nosotros.

La salvación ya se nos dio, sin embargo, no nos quedamos en la memoria, la liturgia siempre nos lanza a la segunda venida de Jesucristo nuestro Señor, esperamos a nuestro Señor Jesucristo, no solamente hacemos memoria, sino que nos lanza a la esperanza, a estar abiertos a ese acontecimiento final, en donde el Señor nos congregará y nos reunirá y, nos llevará a su Gloria.

Pero nosotros no solamente hacemos memoria de ese acontecimiento fundamental, que es la Encarnación del Hijo de Dios, aquí concretamente en nuestra historia de nuestra Iglesia particular y de nuestro continente, hacemos memoria de cómo Dios ha intervenido.

Santa María de Guadalupe, modelo perfecto de inculturación viene y nos trae a su Hijo Jesucristo, lega misioneros extraordinarios que anuncian la Buena Nueva; de una manera maravillosa se nos hacía sentir cómo nosotros no estamos sembrando en el vacío, hay un terreno, hay una cultura, hay una realidad que nos exige siempre tenerla en la memoria, a veces oigo expresiones, con frecuencia, lo puedo decir: Mire, cuando llegué a la parroquia, no había nada, llegué aquí y no me dejaron nada, quizá se refieran a los muebles, pero muchas veces no se cuenta con toda la riqueza que por siglos ahí ha estado, por toda una cultura que todavía existe y que no podemos negar; sencillamente en estos días otros muchos hacen memoria, más que nosotros, de los acontecimientos pasados, si ustedes quieren con unas lucecitas, con unos adornos o con un árbol, etcétera, pero si celebran una pachanga o unas vacaciones, en el fondo están celebrando la Navidad. Aquí está presente la expresión cultural, de alguna manera, hay un punto de referencia.

Por supuesto, a nosotros nos toca reanudar aquello que parece ceniza, soplarle un poco, aquello que simplemente parece un folklor, encontraremos que de ahí puede salir una gran luz, una gran llama, un fuego que abrace a nuestra comunidad, la comunidad que se nos ha encomendado; siempre es saludable tener esa memoria, qué bueno que también se hizo memoria de los acontecimientos recientes, al menos de las asambleas, pero en nuestra Iglesia se han dado una serie de acontecimientos en donde podemos ver claramente que Dios realmente se encarnó, en donde vemos que Dios realmente se hace presente, en donde vemos la acción salvífica de Aquél que vino hace 20 siglos, pero también este tiempo nos lanza con una gran esperanza, no puede haber cristianos, muchos menos no puede haber un apóstol que no tenga esperanza, porque, si perdió la esperanza, mejor que apague y que se vaya.

Sin esperanza no puede haber un trabajo fecundo, sin esperanza no puede haber expectación de salvación y en este tiempo de Adviento se va a despertar continuamente, así la liturgia nos provocará a vivir esa esperanza, de aquello que parecía imposible, se realiza; de que aquello que humanamente jamás se lograría, Dios lo hace y lo hace de manera maravillosa y lo hace muchas veces, a pesar de nosotros.

Nosotros tenemos que estar abiertos a esa esperanza, porque nuestro Dios realmente es sorprendente, tiene caminos que nosotros no nos podríamos imagina, ni siquiera el pueblo de Israel que con tanta esperanza vivió podría imaginar cómo Dios se hizo presente en medio de ellos, a través de la carne, a través del hecho de la aceptación humana de una jovencita que da un sí, y un sí sostenido, el Verbo se hizo carne, es algo que nosotros no podríamos pedir, ni mucho menos imaginar. Y Dios se hizo uno de nosotros, con una cercanía que el hombre nunca podría anhelar. Uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, nuestro Dios fue sorprendente, comienza un anuncio del Evangelio desde la adversidad, desde la contradicción, en un ambiente que parecía impenetrable y hubo respuestas también maravillosas, no solamente de los Doce o de los 72, el pasaje que acabamos de escuchar en el Evangelio sabemos muy bien que refleja la mentalidad de la comunidad primitiva, todos se sentían enviados, todos se sentían con esa fuerza del Espíritu, guiados para anunciar lo que ellos habían encontrado, lo que ellos habían conocido directamente o por el testimonio de los demás.

Cristo seguía vivo, al que crucificaron está vivo y se realizan cosas admirables, Iglesias que son fundadas no precisamente por los apóstoles, no por los discípulos más cercanos, sino laicos que inclusive permanecen un tanto en la oscuridad, que no se registran sus nombres, y son los que llevaron a Iglesias tan importantes, solamente por mencionar a dos, cuando los apóstoles llegan, ya tenían el anuncio del Evangelio, hecho por laicos, realizado por laicos.

Por eso entendemos perfectamente bien esta comparación de Pablo, ustedes son el cuerpo de Cristo y en ese cuerpo hay distintas funciones, hay apóstoles, hay profetas, hay maestros, aquellos que hacen milagros, aquellos que hacen curaciones, etcétera, y no todos podemos hacer lo mismo, pero todos estamos llamados a recibir el mismo Espíritu y a transmitir ese Espíritu, a semejanza de María, que una vez que dio el sí en la encarnación, no se queda ahí gozándose en ese privilegio, sino que va a las montañas y lo primero que hace es dar el Espíritu que había recibido, a su prima Isabel. Su prima se llena de gozo y la creatura que estaba en su seno también salta de alegría.

Hermanos, vivamos intensamente este tiempo del Adviento, estemos siempre con la memoria fresca, no solamente el acontecimiento fundamental de la Encarnación, aquí en nuestro pueblo también hay historia de salvación, historia de salvación que conocemos perfectamente bien, porque Santa María de Guadalupe, los misioneros que intervinieron, pudieron penetrar la cultura de ese tiempo, llegaron a la parte, llegaron a los quehaceres más ordinarios y allí el Evangelio se hizo cultura en la música, en la arquitectura, se hizo cultura en la danza, se hizo cultura en la gastronomía, ahí se hizo presente el Evangelio.

Nosotros sabemos que vivimos tiempos nuevos, tiempos cambiantes y tenemos ese gran reto de hacer llegar el Evangelio, nosotros también tenemos que ser sorprendentes, debemos tener imaginación, hay muchos ambientes a los cuáles todavía no hemos llegado, con los que quizá tenemos prejuicios de que ahí no se puede. En nuestra historia hay ejemplos de que sí se puede, en nuestra historia concreta hay caminos muy concretos y ustedes han reflexionado en esos “cómos” de ese camino, es necesario militar, porque no nos podemos quedar solamente con un compromiso conceptual, tenemos que traducirlo en esos pequeños “cómos” y yo me maravillo, porque aquí no solamente son palabras, yo lo he dicho en las visitas pastorales, son muchos los que de verdad tienen iniciativa, tienen imaginación, encuentran formas muy concretas para que en su comunidad resuene la Buena Nueva…

Esto me recuerda a una vicaría, el vicario episcopal, el obispo me decía que era imposible, que ni siquiera había matrimonios, sin embargo he visto cómo algunos encuentran caminos, inventando la noche santa, inventando una peregrinación o poniendo un novenario o teniendo más frecuencia con los difuntos, etcétera, pero han encontrado la manera de que el Evangelio resuene en donde parecía que no podía resonar.

Que el Señor nos abra caminos, que el Señor nos llene de esperanza y que nosotros con gran alegría, con gran entusiasmo, podamos llevar el encargo que el Señor ha puesto en nuestras manos.

Versión estenográfica


 

Envío misionero en comunión con la Misión Continental.

(Acabada la homilía el Sr. Cardenal nos dará el envío misionero).

Sr. Cardenal: Siguiendo el ejemplo de San Pablo "Ay de mí, si no evangelizo", unidos a la Iglesia de nuestro Continente, de llevar a todos nuestros pueblos al encuentro con Cristo, dador de la vida; quiero ratificar el envío que he hecho al ustedes para evangelizar nuestra Ciudad, entregándoles el tríptico que el Santo Padre nos dio en Aparecida. Este tríptico es una verdadera catequesis en imágenes, que debe ayudarnos a mantener el impulso de la misión permanente, en nuestra Arquidiócesis. Oremos para que el Señor nos conceda responderle como auténticos discípulos y misioneros.

(Momento de silencio).

Sr. Cardenal: Te bendecimos y alabamos, oh Dios, porque, según el designio inefable de tu misericordia, enviaste a tu Hijo al mundo, para librar a los hombres, con la efusión de su sangre, de la cautividad del pecado y llenarlos de los dones del Espíritu Santo.

Él, después de haber vencido a la muerte, antes de subir a Ti, Padre, envió a los Apóstoles como dispensadores de su amor y su poder, para que anunciaran al mundo entero el Evangelio de la vida y purificaran a los creyentes con el baño del bautismo salvador.
Te pedimos ahora, Señor, que dirijas tu mirada bondadosa sobre estos servidores tuyos que, fortalecidos por el signo de la cruz, enviamos como mensajeros de salvación y de paz.

Con el poder de tu brazo, guía, Señor, sus pasos, fortalécelos con la fuerza de tu gracia, para que el cansancio no los venza.

Que sus palabras sean un eco de las palabras de Cristo para que sus oyentes presten oído al Evangelio.

Dígnate, Padre, infundir en sus corazones el Espíritu Santo para que, hecho todo para todos, atraigan a muchos hacia Ti, que te alaben sin cesar en la Santa Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos: Amén.

(El Señor Cardenal entrega simbólicamente algunos trípticos. A todos se les entregará al salir de la Eucaristía).

Oración de los Fieles

Sr. Cardenal: Oremos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad:

  • Por la santa Iglesia de Dios, sacramento universal de salvación; para que, congregada en la unidad deseada por Jesucristo, sea siempre fiel al mandato divino y anuncie sin cesar el Evangelio a todos los hombres. Roguemos al Señor.

    R. Te rogamos, Señor.



  • Por nuestro Arzobispo, el Sr. Cardenal Norberto Rivera, y por su Consejo Episcopal; para que, como sucesores de los apóstoles, prediquen la palabra de la verdad con valentía y extiendan la Iglesia en medio de nuestra ciudad. Roguemos al Señor.

    R. Te rogamos, Señor.


  • Por los presbíteros y diáconos, cooperadores y ministros del orden episcopal; para que a través de ellos la palabra de Dios sea difundida y glorificada, y se anuncie y establezca el reino de Dios en nuestra ciudad. Roguemos al Señor.

    R. Te rogamos, Señor.


  • Para que bendiga los trabajos por la proclamación de la verdad en el mundo y conceda fortaleza a los que anuncian el Evangelio, ponga fuego en sus palabras y los llene con los dones del Espíritu. Roguemos al Señor.

    R. Te rogamos, Señor.


  • Para que bendiga a los alejados del influjo del Evangelio, aparte de ellos el error, la superstición y la violencia, y los haga prosperar en todo lo que constituye la grandeza del encuentro con Jesús. Roguemos al Señor.

    R. Te rogamos, Señor.



  • Por los agentes de pastoral y fieles de nuestra Arquidiócesis; para que, como luz del mundo y sal de la tierra, nación santa y pueblo sacerdotal, anunciemos de palabra y con buenas obras el reino de Dios. Roguemos al Señor.

    R. Te rogamos, Señor.

Sr. Cardenal: Dios todopoderoso y eterno, que, por Jesucristo tu Hijo, ordenaste a los apóstoles predicar el Evangelio a toda criatura: concede a los que has llamado a tu Iglesia voluntad firme para obedecer tu palabra y un deseo ardiente de manifestar tu nombre a todos los pueblos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

III. Liturgia Eucarística

Sr. Cardenal: Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.

Todos: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

Oración sobre las Ofrendas

Sr. Cardenal: Mira, Señor, con bondad las ofrendas que te presentamos y concédenos comprender con claridad y proclamar con valor, lo que es justo y grato a tus ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos: Amén.

Prefacio Dominical VIII

Plegaria Eucarística II

Rito de Comunión

Oración después de la Comunión.

Sr. Cardenal: Oremos. Que esta comunión, Dios de misericordia, nos confirme en tu santa voluntad para que demos testimonio de ti en todas partes. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos: Amén.

Padre, tú quieres que todos los hombres se salven
y lleguen al conocimiento de la verdad.

Para eso, por Cristo convocas a tu Iglesia
y le confías la tarea de la Evangelización.

Envíanos tu Espíritu, para que,
en la Misión Permanente
de nuestra Iglesia Arquidiocesana,
encontremos respuesta adecuada
a las necesidades Pastorales
del Pueblo de Dios.

Por la intercesión de Santa María de Guadalupe,
concédenos la gracia de seguir caminando juntos
en el cumplimiento de tu voluntad.

Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.

IV. Ritos Conclusivos

Bendición final y despedida

Sr. Cardenal: El Señor esté con ustedes.

R: Y con tu espíritu.

Sr. Cardenal: Bendito sea el nombre del Señor.

R: Ahora y por siempre.

Sr. Cardenal: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

R. Que hizo el cielo y la tierra.

Sr. Cardenal: La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

R. Amén.

Diácono: En la paz de Cristo, vayan a servir a Dios y a sus hermanos.

R. Demos gracias a Dios.


Cantos para la Celebración Eucarística

Entrada

Iglesia Peregrina

Todos unidos formando un sólo cuerpo,
un pueblo que en la Pascua nació.
Miembros de Cristo en sangre redimidos,
Iglesia Peregrina de Dios.

Vive en nosotros la fuerza del Espíritu
que el Hijo desde el Padre envió.
Él nos empuja nos guía y alimenta,
Iglesia peregrina de Dios.

Somos en la tierra semilla de otro reino,
somos testimonio de amor.
paz para las guerras y luz entre las sombras,
iglesia peregrina de dios.
paz para las guerras y luz entre las sombras,
iglesia peregrina de dios.

Rugen tormentas y a veces nuestra barca
parece que ha perdido el timón.
Miras con miedo, no tienes confianza,
Iglesia peregrina de Dios.

Una esperanza nos llena de alegría:
Presencia que el Señor prometió.
Vamos cantando, Él viene con nosotros,
Iglesia peregrina de Dios.

Todos nacidos en un solo Bautismo,
unidos en la misma comunión.
Todos viviendo en una misma casa,
Iglesia peregrina de Dios.
Todos prendidos en una misma suerte,
ligados en la misma salvación.
Somos un cuerpo y Cristo es la cabeza,
Iglesia peregrina de Dios.

Señor ten piedad

Señor ten piedad.
Señor ten piedad.

Cristo ten piedad.
Cristo ten piedad.

Señor ten piedad.
Señor ten piedad.

Aleluya

Aleluya, aleluya,
aleluya, aleluya.

Ofertorio

Bendito seas, Señor

Bendito seas Señor por este pan y este vino,
Que generoso nos diste para caminar contigo
Y serán para nosotros alimento en el camino.

Te ofrecemos el trabajo
las penas y la alegría,
el pan que nos alimenta
y el afán de cada día.

Te ofrecemos nuestro barro
que oscurece nuestras vidas,
y el vino que no empleamos
para curar las heridas.

Santo

Santo, Santo, Santo.
Es el Señor Dios del Universo.
Llenos están el cielo
y la tierra de tu Gloria.

Hosanna, Hosanna, Hosanna en el cielo.
Hosanna, Hosanna, Hosanna en el cielo.

Bendito el que viene
en nombre del Señor.
Hosanna, Hosanna, Hosanna en el cielo.
Hosanna, Hosanna, Hosanna en el cielo.

Cordero de Dios

Cordero de Dios,
que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros,
ten piedad de nosotros. (2)

Cordero de Dios,
que quitas el pecado del mundo.
Danos la paz,
Danos la paz.

Comunión

Tan cerca de mí

Tan cerca de mí, tan cerca de mí,
que hasta lo puedo tocar, Jesús esta aquí.

Le hablaré sin miedo al oído,
le diré las cosas que hay en mí;
y que solo a Él le interesarán,
Él es más que un mito para mí.
No busques a Cristo en lo alto
ni lo busque s en la oscuridad;
muy cerca de ti, en tu corazón,
puedes adorar a tu Señor.

Míralo a tu lado caminando,
paseando entre la multitud;
muchos ciegos son, porque no lo ven,
ciegos de ceguera espiritual.

Ya no busco a Cristo en las alturas,
ni le buscaré en la oscuridad,
dentro de mi ser, en mi corazón,
siento que Jesús conmigo esta.

Y le contaré lo que me pasa,
como a mis amigos le hablaré,
yo no se si es Él, quien habita en mí,
o si soy yo quien habita en Él.

Mírale a tu lado caminando,
en las alegrías y el dolor,
a tu lado va, siempre al caminar,
Él es un amigo de verdad.

Eucaristía, milagro de amor

Pan transformado en el cuerpo de Cristo,
vino transformado en la sangre del Señor.
Eucaristía milagro de amor,
Eucaristía presencia del Señor.
Cristo nos dice «tomen y coman,
éste es mi cuerpo que ha sido entregado».
Eucaristía milagro de amor,
Eucaristía presencia del Señor.

Cristo en persona nos viene a liberar
de nuestro egoísmo my la división fatal.
Eucaristía milagro de amor,
Eucaristía presencia del Señor.

Oh gran invento de Cristo sabio y bueno,
para alimentarnos con su sangre y con su cuerpo.
Eucaristía milagro de amor,
Eucaristía presencia del Señor.

Con este pan tenemos vida eterna,
Cristo nos invita a la gran resurrección.
Eucaristía milagro de amor,
Eucaristía presencia del Señor.

Este alimento reserva nuestras fuerzas,
para caminar a la gran liberación.
Eucaristía milagro de amor,
Eucaristía presencia del Señor.

Cuando comulgamos nos unimos al Señor,
formamos todos juntos la familia del amor.
Eucaristía milagro de amor,
Eucaristía presencia del Señor.

En la familia de todos lo s cristianos,
Cristo quiere unirnos en la paz y en el amor.
Eucaristía milagro de amor,
Eucaristía presencia del Señor.
Palabra hecha pan que nutres la confianza,
en la promesa de que Tú estás con nosotros.
Eucaristía milagro de amor,
Eucaristía presencia del Señor.

Pan que nos da entusiasmo y valentía,
para predicar tu Evangelio a todo el mundo.
Eucaristía milagro de amor,
Eucaristía presencia del Señor.

Id y enseñad

Sois la semilla que ha de crecer,
sois estrella que ha de brillar.
Sois levadura, sois grano de sal,
antorcha que ha de alumbrar.
Sois la mañana que vuelve a nacer,
sois espiga que empieza a granar,
sois aguijón y caricia a la vez
testigo que voy a enviar.

Id amigos por el mundo, anunciando el amor,
Mensajeros de la vida, de la paz y el perdón.
Sed amigos los testigos de mi resurrección,
Id llevando mi presencia con vosotros estoy.

Sois una llama que ha de encender,
resplandores de fe y caridad.
Sois los pastores que han de guiar,
al mundo por sendas de paz.
Sois los amigos que quise escoger,
sois palabra que intento gritar.
Sois reino nuevo que empieza a engendrar
justicia, amor y verdad.

Sois fuego y savia que empieza a traer,
sois la ola que agita la mar.
La levadura pequeña de ayer
fermenta la masa de pan.
Una ciudad no se puede esconder,
ni los montes se han de ocultar.
En vuestras obras que buscan el bien
los hombres al Padre verán.