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FORMACIÓN BÁSICA
PARA LOS DISCÍPULOS MISIONEROS


En nuestra diócesis hemos identificado estas etapas de formación, para el mensaje de evangelización. Se empieza con la formación inicial que hemos visto en estos días.

Pasando hacia la formación básica, el primer paso es la formación inicial y la formación básica es la que continúa; a su vez, la formación básica antecede a la formación específica y permanente. Entonces, vamos ubicando de manera secuencial y es lo que debemos empezar a identificar y a comprender, que son etapas definidas, que están separadas, que tienen unos objetivos, que tienen unas características, unos contenidos que hay que ir trabajando en cada uno de nuestros lugares.

En el proceso de formación de discípulos - misioneros destacan estos cinco elementos fundamentales, que aparecen de diversa manera en cada etapa del camino, que se complementan entre sí, esto lo destaca Aparecida en el número 278. También nos ilumina acerca de estos aspectos fundamentales que contiene la formación de los discípulos -misioneros.

Estas etapas tienen cinco aspectos, a través de los cuales, el discípulo - misionero va fortaleciendo, va profundizando acerca de su opción personal por Cristo, que dan inicio a ese sujeto nuevo que surge en la historia y al que llamamos discípulo, como lo ilustra este simple diagrama (presentación PowerPoint), se va caminando en forma vivencial, para lograr esa maduración que el ser humano requiere para equiparse como nuevo discípulo, estas etapas son vivenciales y se puede repetir la vivencia para ir reafirmando en cada una de ellas el proceso de formación de manera personal y comunitaria.

Los elementos que distinguen cada etapa son: El encuentro con Jesucristo, el Señor es el que llama e invita al seguimiento. Este seguimiento debe renovarse constantemente con el testimonio personal y el kerigma. Damos paso a la conversión, es la respuesta ante la admiración del Señor, se cree en Él y se decide ir tras Él. El ser humano se irá adentrando en este camino de conversión, a través de las diferentes etapas, que empieza con la inicial, pasamos por la básica y así la conversión tendrá que ir cambiando, tendrá que ir creciendo en el ser humano, hasta el último día de su vida.

El discipulado: para este paso es de fundamental importancia la catequesis permanente y la vida sacramental que fortalecen la conversión inicial, se empieza a tener la característica de un discípulo.

La comunión. No puede haber vida cristiana sino en comunidad, se debe de distinguir en la vida de la Iglesia, viviendo el amor de Cristo, la vida fraterna y solidaria.

Pasamos a la misión, por eso es personal y comunitaria. El discípulo, en la medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado.

Y podemos empezar cada una de estas etapas, siempre pasando del encuentro personal con Jesucristo, para poder ir avanzando en nuestra conversión, para ser verdaderos discípulos del Señor.

Es una etapa en el itinerario formativo, para profundizar de forma sistemática e integral en nuestra vocación bautismal, para consolidar nuestra opción y seguimiento de Cristo.

Nuestra inserción viva en la Iglesia, poniendo el cimiento para nuestro compromiso apostólico y encaminarse a la formación específica, o sea, ir caminando en las diferentes etapas.

Las palabras clave que aparecen aquí son: profundizar de forma sistemática, esto implica proceso, trabajo, camino, reflexión, planeación, ejecución, vocación bautismal; esta opción se hace efectiva con mi aceptación y mi adhesión.

Otra palabra clave es consolidarse en su acción, implica que debo trabajar para lograr esta consolidación como discípulo - misionero y Cristo nos da el camino para ver que Él elige a algunos y los va formando en el camino, los va preparando para que posteriormente ellos asuman su trabajo.

Otra es poniendo cimiento. Cualquier carrera importante que se desempeña en la vida, se empieza a realizar poco a poco, reafirmando etapas, reflexionando profundamente en el seguimiento, es como construir un edificio, no se puede iniciar por el techo o las paredes, sin haber colocado los cimientos que van a soportar la construcción.

La formación básica tiene carácter de profundización, de reflexión ordenada que cimenta mi opción personal en el seguimiento del Señor y que me ayuda a fortalecer mi discipulado, me ayuda a valorar mi pertenencia a la comunidad cristiana, mi pertenencia a la Iglesia y se orienta a insertarme de manera viva en el Cuerpo de Cristo.

La formación básica es una etapa para madurar y cimentar el discipulado, prepara nuevos evangelizadores. Promueve una experiencia de Dios y un estilo de vida, según Cristo.

Expresión formativa vivencial, teórico-práctica del proyecto pastoral. La formación básica es para fortalecer el discipulado. Estas son etapas que debemos ir haciendo vida, para lograr el objetivo principal de ser discípulo misionero. Aquí, la reflexión la debemos orientar en la necesidad de valorar, cómo el cristiano que ha aceptado a Jesucristo en todas las dimensiones de su vida y también reconoce y acepta las consecuencias de esta opción, así colocamos cimientos, esto debe soportar el convertirnos en nuevos evangelizadores que tratan de construir.

La experiencia de Dios es otra parte de la cimentación, que nos ayudará a comportarnos como verdaderos discípulos - misioneros comprometidos con el estilo de vida que propone Cristo. La formación básica no es para informar, sino para promover una experiencia de Dios. Reafirmamos, es una experiencia teórico - práctica, que se acompaña del proyecto pastoral de nuestra diócesis, ya que el resultado debe ser el convertirnos en nuevos evangelizadores, con una característica verdaderamente misionera.

Debemos construir una pedagogía adecuada para esta formación básica, más vivencial – teórico – práctica, en la que haya seguimiento, es un énfasis que se ha dado en los documentos anteriores de nuestra diócesis.

¿Quiénes son los destinatarios? Aquellos que habiendo pasado por la etapa inicial, decidan participar en el anuncio del Evangelio. Son bautizados que han despertado a la fe y quieren madurar en ella. Son quienes quieren ofrecer un servicio concreto en y con la comunidad. Aunque ya lo citó el padre Juan Carlos, es conveniente insistir en el número 52 de las orientaciones pastorales del señor Cardenal.

“En nuestra experiencia diocesana, motivados para impulsar nuevos agentes, dimos el salto a la formación básica apoyando a los más comprometidos a prepararse como Agentes de Evangelización. La reflexión de la Asamblea Diocesana subraya la urgencia de que se preste mayor atención a la formación inicial para que la formación básica y la específica puedan tener un sustento más fuerte”.

Lo hemos recalcado muy bien estos días. La formación básica es una parte de la formación de agentes de evangelización, que se encuentra después de la formación inicial y le siguen la formación específica y la formación permanente. Nos encontramos en este rango, en medio de la formación inicial y de la formación específica. En la etapa de formación básica, es la etapa para madurar el discipulado y cimentar, que prepara evangelizadores nuevos, es conveniente no saltarse etapas, porque no se cimenta bien el techo de nuestra construcción, ni las paredes, ni las ventanas. Como dicen los ingenieros, esto implicaría un riesgo de colapso.

Al haber recibido la formación inicial, quienes aceptan su condición de bautizados y quieren madurar en su fe, quienes desean ofrecer un servicio concreto y en la comunidad, deben de ir trabajando.

El que termina la formación básica, no necesariamente se tiene que insertar en la estructura de una parroquia, puede ser agente de evangelización en el ambiente donde se desarrolla y vinculado siempre a una comunidad.

Javier Suárez
Versión estenográfica


Ver Formación Básica para los Discípulos Misioneros en PowerPoint