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FORMACIÓN INICIAL
PARA LOS DISCÍPULOS MISIONEROS


El proceso de la Misión Permanente, ahora impulsado por el estado de Misión convocado para el Continente Americano, nos exige ser muy cuidadosos, en la llamada Formación Inicial, de hecho el Sr. Cardenal en las orientaciones pastoralesa para el año en curso, indicaba la importancia y vitalidad de esta etapa para desencadenar efectivamente todo proceso de formación y evangelización:

La formación inicial es la etapa donde se ponen los cimientos del cristiano. La experiencia en esta etapa será decisiva en la intensidad y profundidad del compromiso apostólico futuro (n. 51).

Estamos hablando de lo más fundamental del proyecto evangelizador arquidiocesano, de tal manera que, la formación inicial es el cimiento. La V CELAM reitera:

Al reafirmar el compromiso por la formación de discípulos y misioneros, esta Conferencia se ha propuesto atender con más cuidado las etapas del primer   anuncio, la iniciación cristiana y la maduración en la fe (Mensaje final, n. 3).

En el Documento Conclusivo de la XIII Asamblea Diocesana queda señalado lo siguiente:

La evangelización fundamental o formación inicial la podemos entender como la misión de acompañar a los bautizados en su encuentro y  adhesión a Jesús, convirtiéndose en discípulos, seguidores de sus pasos (pág. 18).

Y en el Documento de Consulta para esta Asamblea se propuso como objetivo de la Formación Inicial:

Ayudar a que los bautizados vivan su conversión inicial a Cristo, tomando conciencia   de las exigencias de ser sus discípulos y del sentido de pertenencia a la Iglesia.

Esto implica: * Conocer las búsquedas de las personas —y los pueblos— que Dios nos confía y, llevarlos a un encuentro con Jesucristo vivo, * que suscita una actitud de conversión, * y la decisión de seguir los pasos de Jesús, * para que, viviendo en comunión con Cristo convocados por Él, dentro de la comunión de la Iglesia, crezca y sea vivo un fuerte sentido de pertenencia eclesial, todo esto dentro un proceso de formación integral, kerigmática, permanente, procesual, diversificada y comunitaria, que contemple el acompañamiento espiritual y humano de los iniciados.

Algunos elementos propios de esta etapa:

  1. Primer Anuncio presentado como un centro de práctica y de significación que vas creciendo y madurando durante toda la vida, un retorno ardiente a la proclamación de Jesús como Señor y Salvador, abarcando y abrazando todas las experiencias humanas. (Testimonio, cercanía humana y atenta, acompañamiento atento en las circunstancias de la vida, valoración de las expresiones humanas y cristianas en la urbe, etc.).

  2. Encuentro con Jesucristo. "Recomenzar desde Cristo" para ir al encuentro de toda persona hablando el lenguaje cercano del testimonio, de la fraternidad, de la solidaridad.  (La Palabra de Dios, la Liturgia, la Comunidad misma, los Pobres y Necesitados, la Religiosidad y piedad popular, etc).

  3. Conversión. Vivir un dinamismo de conversión personal, pastoral y eclesial para atraer y acompañar a quienes han abandonado la Iglesia; a quienes están alejados del influjo del Evangelio; a quienes aún no han experimentado el don de la fe.

  4. Vivencia más consciente de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana (El camino que se ha propuesto en esta Iglesia local es proponer la Reiniciación Cristiana a los bautizados no evangelizados). 

Las pautas para la iniciación cristiana tienen que ser muy exigentes. Los obispos en el Documento de Aparecida se sienten interpelados por las personas alejadas de la Iglesia que llevan a un cuestionamiento de la forma en que se hace y se vive la iniciación.

Una comunidad que asume la iniciación cristiana renueva su vida comunitaria y despierta su carácter misionero.

La iniciación cristiana debe "acompañar la búsqueda del sentido a la vida", no es solamente una preparación a los sacramentos. Exige nuevas actitudes pastorales: se debe plantear desde una formación inicial que responda a los nuevos desafíos de la sociedad globalizada, integrando la religiosidad popular, formando no sólo en forma doctrinal, sino constituyendo una verdadera escuela de formación para comenzar la vida de fe más coherente.

Conclusión

La tarea es de todos y para todos.

Esta firme decisión debe impregnartodas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de las Vicarías, de los Decanatos, Parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier instancia pastoral de la Iglesia.

Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de la formación inicial y, tiene que abandonar las estructuras caducas que y no favorezcan la transmisión de la fe.

Somos, pues, invitados a reforzar nuestra presencia y cercanía, a dedicarle más tiempo a cada persona, escucharla, estar a su lado en sus acontecimientos importantes y ayudar a buscar con ella las respuestas a sus necesidades. Valoremos a todos, que puedan sentirse en la Iglesia como en su propia casa.

Pbro. Arturo Barranco Cruz


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