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ORACIÓN INICIAL — VIERNES


LECTIO DIVINA

I. Ambientación

Animador
Hermanos y hermanas, reunidos como Asamblea para trabajar en los retos que nuestra Iglesia Arquidiocesana nos presenta, en un ambiente de trabajo, de meditación de la Palabra de Dios y de participación fraterna, busquemos pistas propias que nos ayuden a poner en práctica lo que Dios nos pide.

Es necesario abrir nuestros oídos y nuestro corazón con el fin de que la Palabra del Señor, que vamos a escuchar, nos despierte del letargo y nos anime a comprometernos para hacer Iglesia, comunidad de hermanos en donde cada uno de nosotros demos frutos abundantes. Así como el Pueblo elegido caminó por el desierto hacia la tierra prometida, hacia la liberación, así nosotros marchemos como Iglesia peregrina, Iglesia Santa, comunidad de fe y caridad. Cantemos:

Todos unidos formando un solo cuerpo,
un pueblo que en la pascua nació
miembros de Cristo en sangre redimidos
Iglesia peregrina de Dios.

Vive en nosotros la fuerza del espíritu
que el Hijo desde el Padre envió,
Él nos empuja, nos guía y alimenta,
Iglesia peregrina de Dios.

Somos en la tierra semilla de otro reino
somos testimonio de amor.
Paz para las guerras
y luz para las sombras
Iglesia peregrina de Dios.

Rugen tormentas y a veces nuestra barca
parece que ha perdido el timón
miras con miedo no tienes la confianza
Iglesia peregrina de Dios.

Una esperanza nos llena de alegría
presencia que el Señor prometió
vamos cantando Él vive con nosotros
Iglesia peregrina de Dios.

Guía: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Guía
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.

Todos: Y con tu espíritu.

II. Escuchamos la palabra de Dios

Animador
El texto que vamos a meditar hoy corresponde a dos momentos: uno es cuando Jesús se encuentra en medio de los sabios de Israel, haciéndoles preguntas y, el otro, es en el que María y José, afligidos, lo encuentran y le reprochan su actitud. María no siempre comprendió las palabras ni las decisiones de su Hijo, pero aceptó las prioridades de Jesús en camino para realizar su misión salvífica. Así, hermanos, hagamos un silencio en nuestro interior para escuchar la Palabra de Dios y percibir lo que quiere decirnos a cada uno de nosotros. Escuchemos.


María, Discípula y Misionera (Lc 2, 46-52)

Lector 1

46 Después de tres días lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los Maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47 Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. 48 Al verlo, se quedaron asombrados y su madre le dijo: -Hijo, ¿por qué te has portado así? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados. 49 Él les contestó: -¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que tengo que estar en las cosas de mi Padre? 50 Pero ellos no comprendieron lo que les acababa de decir. 51 Volvió con ellos a Nazareth, donde vivió obedeciéndoles. Su madre guardaba fielmente todas estas cosas y las meditaba en su corazón. 52 Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, delante de Dios y de los hombres.

¡Palabra del Señor! - Gloria a ti, Señor Jesús.

(Silencio meditativo)

III. Consideración del texto

Lector 2
Reflexionemos este texto desde Aparecida: La máxima realización de la existencia cristiana como un vivir trinitario de "hijos en el Hijo" nos es dada en la Virgen María quien, por su fe (Cf. Lc 1, 45) y obediencia a la voluntad de Dios (Cf. Lc 1, 38), así como por su constante meditación de la Palabra y de las acciones de Jesús (Cf. Lc 2, 19.51), es la discípula más perfecta del Señor. Interlocutora del Padre en su proyecto de enviar su Verbo al mundo para la salvación humana, María, con su fe, llega a ser el primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo, y también se hace colaboradora en el renacimiento espiritual de los discípulos. Del Evangelio, emerge su figura de mujer libre y fuerte, conscientemente orientada al verdadero seguimiento de Cristo. Ella ha vivido por entero toda la peregrinación de la fe como madre de Cristo y luego de los discípulos, sin que le fuera ahorrada la incomprensión y la búsqueda constante del proyecto del Padre. Alcanzó, así, a estar al pie de la cruz en una comunión profunda, para entrar plenamente en el misterio de la Alianza.

Con ella, providencialmente unida a la plenitud de los tiempos (Cf. Ga 4, 4), llega a cumplimiento la esperanza de los pobres y el deseo de salvación. La Virgen de Nazaret tuvo una misión única en la historia de salvación, concibiendo, educando y acompañado a su hijo hasta su sacrificio definitivo (Cfr. DA 266-267).

IV. ¿Qué nos dice este pasaje?

Lector 1
María de Nazaret, como Madre del Salvador, fue junto con San José maestra de Jesús en su infancia (cf. Lc 2, 51). Pero fue, ante todo, la primera y más perfecta discípula que desde la Encarnación grabó en su corazón el Evangelio (cf. Lc 2, 19). Como Madre nuestra nos enseña a encontrar a Jesucristo y a convertirnos a Él, y a ser discípulos. Pues el discípulo de Cristo es alguien que lo ha recibido lleno de estupor. Como ocurrió en Beth-lehem con María, quien lo llevó en su seno y ahí lo recibió como al Hijo de Dios que se ha hecho pequeño y servidor de todos, ahora se ha acercado a nosotros. Por eso, vive contemplando su rostro.

En María encontramos todas las características del discipulado según el corazón de Dios: la escucha amorosa y atenta (cf. Lc 1, 26-38; 8.19-21; 11, 27-28); la obediencia sin límites a la voluntad del Padre (cf. Lc 1, 38); la fidelidad hasta acompañar a su Hijo al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25-27). Proclamando, en la experiencia de la resurrección de su Hijo, la bienaventuranza culminante de los cristianos que se convirtieron después de Pentecostés, "dichosos los que han creído sin haber visto" (Jn 20, 29) continuó fielmente junto a la comunidad apostólica, animando su oración y su unidad, e implorando con ella la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14). ¿Qué nos ha ayudado o impedido a formarnos como verdaderos discípulos de Jesús?

Como en la familia humana, la Iglesia-familia se genera en torno a una madre, quien confiere "alma" y ternura a la convivencia familiar. María, Madre de la Iglesia, además de modelo y paradigma de humanidad, es artífice de comunión (Cfr. DA 268).

Interioricemos: ¿Qué elementos nos da el ejemplo de María en el proceso Arquidiocesano? ¿Qué hace falta para poner al alcance de los agentes un itinerario de formación? ¿Qué nos ayuda o impide formarnos como discípulos de Jesús?

(Silencio meditativo)

V. Oremos al señor

Animador
"… María guardaba todas estas cosas en su corazón" (v. 51). Respondemos a la Palabra de Dios con el siguiente himno a dos coros.

I. ¡Qué guardabas en tu corazón, Madre mía!
Qué había en tu corazón
tan Virgen y tan Madre,
tan pura y tan llena de Dios.

II. ¡Qué había en tu corazón!
Tú que guardabas la Palabra,
tú que vivías la voluntad del Padre,
tú que diste vida al Señor de la vida
tú que llevaste la vida en tu seno.

I. ¡Qué guardabas en tu corazón!
Tú que supiste reconocer
la acción de Dios en tu vida.
Tú que reconocías
la manifestación del Señor en la historia.
Tú que sabías distinguir el actuar de Dios.

II. ¡Qué guardabas en tu corazón!
Cuando al Señor de la historia
no le dieron lugar en esta historia.

I. ¡Qué guardabas en tu corazón, mi Señora!
Tú que tenías a tu Hijo,
el Hijo de Dios en tus brazos
cuando esos pastores vinieron a contar
lo que los ángeles les habían dicho,
Madre de Dios, Virgen santa.

II. ¡Qué guardabas en tu corazón!
¿Qué Madrecita mía?
¡Qué guardabas en tu corazón! ¡Qué!

VI. Contemplamos el rostro de Jesús

Animador
Un propósito para vivir más profundamente nuestra fe: ser más comprometidos en nuestros ministerios, serviciales, obedientes, sencillos, no rencorosos (no juzgar a los demás), estudiar más la Palabra de Dios y amar a nuestro prójimo como Cristo nos ha amado.

Oración final

Guía
Señor, Dios eterno y misericordioso, Tú has creado todo cuanto existe, especialmente acompañas y guías a la humanidad redimida por tu Hijo Jesucristo, en la fuerza de tu Espíritu Santo, quieres que todos formemos y pertenezcamos a tu viña santa, la Iglesia. Ayúdanos a comprender el significado que tiene el texto que estamos meditando para poder practicar tus mandamientos y ser parte de tu viña predilecta. Perdona nuestros múltiples pecados y purifícanos con tu gracia y tu amor. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Animador
Cantemos con gozo, alabando al Señor por su Palabra.

María, tú que velas junto a mí
y ves el fuego de mi inquietud:
María madre, enséñame a vivir
con ritmo alegre de juventud (2)

Ven, Señora, a nuestra soledad,
ven a nuestro corazón,
a tantas esperanzas que se han muerto,
a nuestro caminar sin ilusión.

Ven y danos la alegría,
que nace de la fe y del amor,
el gozo de las almas que confían,
en medio del esfuerzo y del dolor.

María, tú que velas junto a mí
y ves el fuego de mi inquietud:
María madre, enséñame a vivir
con ritmo alegre de juventud (2)