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PRINCIPALES APORTES Y SUS TAREAS RESULTANTES


Con este tema se intenta dar algunas pautas sin ser repetitivo, de hacia dónde iría la proyección, recordarán que desde el principio se mencionó que la asamblea diocesana tiene como carácter evaluar y proyectar. De nada serviría la evaluación si no nos lleva hacia algo.

Esto es lo que vamos a proponer, porque aunque no está el padre Juan Carlos, juntos hicimos esta síntesis. Estas pautas las hemos dividido en tres aspectos.

Uno, propusimos continuar la definición del proyecto de formación, de hecho ya desde el año pasado se ha hablado, incluso aquí en la asamblea, de que en la Arquidiócesis estamos trabajando seriamente en la búsqueda de una Coordinación Arquidiocesana de la Formación. Este sería el primer aspecto.

Las exigencias de este primer aspecto, para continuar con el proyecto de formación, lo primero que consideramos urgente es la difusión. Yo que trabajo en ambientes de catequistas, les digo siempre que debemos ser multiplicadores y el padre Sergio Jaimes, a quien se le ha recordado varias veces en este lugar, decía que no nos engordemos, es decir, que los que vinimos a esta asamblea, no haya sido para engordarnos a nosotros mismos, sino que lo que aquí hemos aprendido, lo tenemos que difundir, todos los agentes aquí presentes.

Otra exigencia, creemos, es seguir buscando la articulación; como ven, hay muchas actividades, muchas acciones, pero también hay dispersión, no es que no haya nada, de hecho hay bastantes actividades y acciones que se realizan a favor de la formación de agentes, sin embargo, consideramos que ha de cuidarse el aspecto de la vinculación y, tener siempre presente como ideal de trabajo de una iglesia la pastoral orgánica y de conjunto, así llamada.

Luego tenemos que implementar los campos en los que nos atoramos y de alguna forma, es lo que queremos proponer, la necesidad de implementar causes que lleven a la realización de estos proyectos, porque si no, nuevamente nos quedamos. Otras vías o caminos que debemos poner son puentes, son las mediaciones para llegar a lograr nuestro cometido.

En este sentido siempre se hace urgente la evaluación. Desde el jueves que me tocó pasar a hablar mencioné la importancia de la evaluación, como que lo descuidamos mucho, como que pensamos que se está trabajando, entonces damos por entendido como que se han visto las cosas.

Claro que esta asamblea nos ha dado la oportunidad de una evaluación, pero consideramos que la evaluación debe ser algo más sensible y más continuo, no nos podemos conformar con una evaluación anual, de hecho proponemos una evaluación tal vez semestral, inclusive hacia junio, tener momento de evaluación, de qué tanto hemos logrado lo que aquí nos hemos propuesto.
En ese sentido, creemos que en ese primer nivel, que es el que hemos decidido como continuar la definición del proyecto de formación, obviamente que el papel de los obispos es fundamental, sobre todo con su carácter de ser los pastores, de ser Cristo cabeza en la diócesis y en las vicarías, de ahí pensamos que si eso se ha recogido durante estos días, la necesidad del compromiso que por supuesto está, pero como que sea más sensible la cercanía hacia los sacerdotes, hacia los laicos.

También es muy importante el papel de las vicarías en este caminar, porque bueno, aquí estamos en una asamblea arquidiocesana, pero cómo hacer que el trabajo que la asamblea arquidiocesana va definiendo realmente descienda; yo creo que las vicarías se convierten en un puente muy importante. Cuando la vicaría tiene esta convicción de que es base de una Arquidiócesis y que su plan pastoral de vicaría tiene que estar inspirado en el plan pastoral Arquidiocesano, es ahí donde descubrimos esta necesidad.

De hecho, cuando se cambió la asamblea a esta fecha, más bien, la semana de planeación era un poco diversa en las vicarías, entonces se pidió que se tuviera la oportunidad de participar en la asamblea y después de contar con las orientaciones pastorales, para posteriormente cada vicaría tener su planeación, en algún momento se tuvo esta exigencia.

También las vicarías, no sólo las territoriales, sino las funcionales, tenemos un papel muy importante en el trabajo, de irnos convenciendo de la necesidad de hacer de nuestros proyectos de trabajo el camino de la formación.

Aquí también entramos las comisiones arquidiocesanas, consideramos y recogemos lo que aquí se ha trabajado, las comisiones tienen un papel muy privilegiado, ya se ha convocado a agentes que están trabajando en acciones específicas, nos tocaría el acompañamiento y la elaboración de subsidios, a quienes de por sí ya son agentes de pastoral en campos específicos o en acciones específicas, por supuesto los seminarios y casas de formación, Aparecida los presenta como un lugar especial, privilegiado, porque se forman los discípulos – misioneros que han de formar a otros discípulos – misioneros, en el ejercicio de su ministerio.

El otro aspecto, descendiendo al trabajo más específico de esta asamblea, es en el campo de la formación inicial, por supuesto que este trabajo es de la parroquia y de los párrocos, son los primeros que deberían de estar convencidos de que ese es el camino, de que esa es la opción, no estamos perdidos y por eso los párrocos y las parroquias son los principales generadores, promotores del trabajo de la formación de nuevos discípulos – misioneros.

En este sentido, pensamos que los párrocos que no están convencidos, es precisamente donde se manifiesta el cuello de botella para que descienda todo el proyecto. De hecho estamos considerando la necesidad de que haya deseo desde el decano, en donde se les capacite en este aspecto, ya se hace un intento de acompañar en el campo de la formación, el servicio del decano, tendría que tomarse este aspecto para que ellos también, a su vez, sean multiplicadores hacia sus parroquias, que el taller que ellos puedan recibir, lo puedan multiplicar hacia las parroquias de las que ellos son coordinadores.

Entonces, que en las reuniones de decanato puedan encontrar este campo, esta vía de la formación, un camino de su estructuración y de lo que ellos ya de por sí vienen haciendo. A veces parece que a algunos sacerdotes como que les da flojera ir a las reuniones de decanato, porque no se deja ver un proceso. Creo que si los decanos tuvieran esta visión, si se les ayuda a tener esta visión y ellos a su vez van acompañando, tendrían trabajo para más de un año.

Aquí también entra la vida consagrada, creo que todos estamos convencidos de que los carismas son una gran riqueza para la Iglesia, especialmente de los religiosos y las religiosas, eso se recoge de los diferentes aportes que nos han hecho en sus trabajos, la vida consagrada debe de crecer en carácter arquidiocesano o diocesano. Tal vez la carencia que se descubre constantemente, es pensar que nuestro carisma es lo único. Sí, es muy valioso, pero, ¿cómo darle esa dimensión arquidiocesana?

En este sentido, también la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, por lo que se ha recogido, el trabajo que ellos han hecho es un lugar, un ambiente muy privilegiado para el trabajo de iniciación, por toda la dimensión kerigmática que de por sí tiene y por supuesto de generar procesos de formación hacia los otros niveles.

Bueno, hay laicos que ya están formados, ya están capacitados y creo que aquí nos queda claro, inclusive en una de las aportaciones que acabamos de escuchar: Ah, es un laico, si no es el padre, no. A veces entre los mismos laicos no hay esa actitud de recibimiento, de acogida hacia que otros laicos también puedan generar formación, que pueda ser el que me acompañe, el que me guíe, en fin.

El tercer aspecto sobre la formación básica, subraya el papel de los institutos arquidiocesanos. Hay diferentes institutos arquidiocesanos que generan formación, que dan formación de manera sistemática y de manera orgánica, si embargo, muchos de ellos tienen que renovarse, tienen que renovar su plan de formación de acuerdo a los criterios que aquí se van generando. En este sentido la CAFAP seguirá dando aportes más concretos después de esta asamblea, yo creo.

Creemos que el papel de los institutos así llamados, arquidiocesanos, deben ayudar a facilitar la vinculación entre la formación básica y específica; creemos que por ahí tendría que ir sobre todo ayudar en la certificación de nuevos agentes de pastoral. Por ahí ha surgido esa idea de dar una certificación, reconocimiento, que de alguna forma garantice la formación de quien se convierte en formador de otros agentes.

Dentro de la vida consagrada hay centros de formación que tienen este papel arquidiocesano, entonces sería muy valiosa la cercanía con el trabajo pastoral arquidiocesano, muy importante, porque muchos de ellos tienen a nuestros laicos que trabajan en nuestras vicarías, en nuestras parroquias y sería muy interesante ese apoyo.

Por supuesto, los movimientos. Claro, hay movimientos que tienen un corte más kerigmático, más hacia la formación inicial y a veces por eso de ahí un poco la frustración de esos movimientos. Cuando un movimiento tampoco tiene la visión de conjunto, de todo lo que es el plan de formación o se pierde y mientras tanto lo que hace, cubre todas las dimensiones, no es que ellos tengan que hacerlo, sino en esa búsqueda de la vinculación, descubrir que hay otros movimientos, perdón que lo diga, pero a veces el espíritu sectarista de los mismos movimientos: ¿cómo voy a generar una etapa para que después vaya a otra etapa en otro movimiento?

¿Por qué no?, somos una Iglesia, ¿o no? No nos es tan fácil trabajar juntos, ¿cierto?

Finalmente, en la formación tanto inicial como básica, el papel de los laicos es muy importante, inclusive aquí solamente subrayaría lo que ya desde el jueves se fue presentando, creo que es aquí donde estaría el motor, en los laicos, para ayudar a renovar nuestras estructuras, como que somos los mismos, como que nos ha ido ganando la edad y como que no hemos atraído a nuevos jóvenes. De dónde es de donde surgen las vocaciones para la vida sacerdotal, para la vida consagrada, es entre los laicos, el lugar es en la parroquia, la comunidad, por eso el papel de los laicos es indispensable para generar este proceso de renovación, atrayendo a nuevas generaciones.

Muchas gracias.

Pbro. Eduardo Mercado Guzmán


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