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SENTIDO DE LA FORMACIÓN
PARA LA MISIÓN PERMANENTE


(Pbro. Eduardo Mercado Guzmán). Buenas tardes. Monseñor Juan Carlos y un servidor vamos a tratar de dar esta iluminación sobre el tema de nuestra asamblea, solamente para que nos ubiquemos, el tema central es sobre la formación de agentes para la misión permanente en la Arquidiócesis de México.

Nuestra tarea será tratar de invitar, podría ser con alguna de las palabras que nos ayuden un poquito lo que pretendemos en este momento, centrar más sobre el tema que se está proponiendo, dar una visión global de lo que ha sido el trabajo, porque tampoco es un tema nuevo; a veces a estas asambleas algunos vienen con el prejuicio en el sentido de que a ver qué se le ocurrió este año a la Vicaría de Pastoral, como si lo que trabajamos cada año fuera una novedad y, aquí lo que pretendemos es dar esa visión global para que descubramos que no es así, que el trabajo de la formación de agentes ya viene de alguna forma propuesto desde el II Sínodo, entonces pretendemos dar algunas ideas a las que llamaríamos ideas fuerza, ojalá y que tengan esa fuerza, sobre todo en el trabajo que vendrá más adelante, que es lo más fundamental e importante.

Estas ideas fuerza tienen que ayudarnos a evaluar, como se ha indicado en el objetivo de la asamblea, por monseñor Alberto Márquez, es decir, trabajar y proyectar; que lo que proyectemos renalmente se logre; se dice que en el trabajo pastoral, lo que terminamos por descuidar es la evaluación, a veces nos quedamos con la idea de que todo está bien, vamos bien, estamos trabajando, puede ser una actitud optimista, pero quién sabe qué tan real.

Se trata de esta visión global que daremos sobre el tema de la formación de agentes para la misión permanente en la Arquidiócesis de México, porque el tema de la formación es para toda la Iglesia, pero aquí lo peculiar es: en nuestra Arquidiócesis.

La primera diapositiva es sobre el sentido de la formación, ¿qué podemos entender con el tema de la formación? Una primera idea es que la formación tiene que ser un proceso, creo que la mayoría de nosotros tenemos clara la idea de lo que es un proceso, significa que hay que pasar por diferentes momentos, por diferentes etapas, por diferentes experiencias, es un proceso personal que implica la conversión; de ahí que se insista y en el documento de las orientaciones pastorales de 2008 y retomando Aparecida, dice que el hilo conductor del proceso es el kerigma; esa expresión del kerigma como hilo conductor de todo el proceso, nos recuerda lo determinante, la conversión para vivir cada día más profundamente nuestra adhesión personal con Cristo.

La segunda idea es que la formación tiene que ser un camino de maduración como cristiano, o sea, la formación nos tiene que llevar a crecer y madurar como cristianos, como bautizados, como discípulos, precisamente para llegar a ser misioneros.

Otro elemento del deseo de la formación y que está presente en las diferentes orientaciones que se han dado en esta Arquidiócesis, es que se trata de una formación vivida desde la espiritualidad de la comunión. Algo que descuidamos con mucha frecuencia o hablamos es que estar juntos no refleja necesariamente que vivimos espiritualidad de la comunión, se presenta como un gran reto en nuestro caminar.

También la formación implica aprender a ser testigos, a dar testimonio, recordando siempre, desde Evangelii Nuntiandi, Redemptoris missio, desde las orientaciones del Sínodo y toda la etapa postsinodal, es recordarnos que lo primero es el testimonio de la formación; para formar a los discípulos tenemos que empezar por nosotros, los que de alguna forma estamos en casa.

Y finalmente, la formación tiene que ser un fermento evangélico en la sociedad, ahí es donde se entiende mejor lo que es ser misionero, el sentido misionero que queremos dar a nuestra formación.

Había recordado que nuestro caminar diocesano y el tema de la formación de agentes no es ninguna novedad, no es una ocurrencia o en qué podemos trabajar en esta asamblea, sino es recordar que ya nosotros tenemos esto como parte fundamental de nuestra pastoral arquidiocesana, de ahí el título de pastoral diocesana que lleva a unas exigencias y a unas consecuencias que de alguna forma, aquí vamos a reflexionar, a trabajar y a proponer.

La primera exigencia es recordar que hemos hecho una opción, a veces todavía se escucha la pregunta en el sentido de que si la Arquidiócesis tiene un plan, si tiene un proyecto, o sea, habemos todavía algunos que no hemos sido capaces de descubrir cuál es nuestra opción pastoral. Es una opción misionera, lo que implica una renovación de nuestra práctica pastoral. En una reflexión que hacía a propósito de este trabajo, era recordar el pasaje del Evangelio, de la necesidad de odres nuevos para el vino nuevo. Parecería que el vino está nuevo y los odres viejos o al revés, les decía que como que ahí falta algo, entre los odres y el vino, no hay esa relación, entonces hay problemas, ¿cierto?

Entonces, es la renovación de nuestra práctica pastoral. Muchos todavía justificamos lo que hacemos y que evoca a una pastoral de antigua cristiandad, como dicen los pastoralistas, justificamos que eso es misionero, cuando hoy misionero significa salir, de ahí la necesidad del segundo criterio, debe ser una evangelización de las culturas urbanas, se insiste mucho en que nuestra pastoral es una pastoral de la urbe, pastoral de la ciudad, recordar que desde el Sínodo aparece este propósito, la Evangelización de las Culturas en la Ciudad de México.

Esto significa salir, ir a este encuentro y encontrar al Señor allá afuera, aquí podríamos entrar en todo aquello de si nuestra pastoral es ascendente, descendente, inductiva, deductiva, es decir, cuál es el camino que tenemos que tomar, aquí el gran reto es que nosotros salgamos, vayamos al encuentro de los diferentes ambientes de nuestra ciudad y encontrar ahí al Señor y donde el Señor nos está pidiendo, porque a veces tenemos nuestros esquemas o proyectos pastorales concebidos y queremos ajustarlos a las diferentes realidades de la urbe como si fueran cajitas para un regalo y no cabe, lo queremos meter a fuerza. Hay que salir y este es el verdadero reto.

De ahí el tercer elemento, se necesita una pastoral de encarnación, que implica el diálogo y el testimonio, obviamente se subraya la idea del testimonio; encarnación e inculturación de diálogo en una sociedad pluricultural como la nuestra y, también fe sin Dios, que se hace necesaria esa actitud. Nuevamente la gran exigencia es tener esa cercanía muy en relación con lo anterior, con los ambientes urbanos.

Y por supuesto una organización pastoral, por eso hacía esa reflexión sobre los odres y el vino, decir qué es lo que a veces se convierte en cuello el de botella, para que el proyecto, lo que nos hemos propuesto se pueda realizar. Eso implica una mejor comunicación pastoral, siempre insistimos en esto y parece que lo que falla es la comunicación, a pesar de los adelantos tecnológicos, no siempre fluye la comunicación como tendría que ser.

Finalmente, para caer en la identidad de los agentes de evangelización, se decía hace un momento son como la columna, decía el señor Arzobispo en su mensaje, en la oración inicial, son la columna, porque los agentes, es decir, los ministros ordenados, los consagrados, consagradas, los laicos, quienes tenemos que renovarnos para renovar; fíjense, la exigencia es convocar nuevas generaciones. Si siguiéramos el proceso se tendría que manifestar en una continua renovación de los mismos agentes, a través de las diferentes vocaciones; por desgracia nos estancamos y no nos renovamos y entonces este camino que hemos asumido como Arquidiócesis, tendría que llevar también a una renovación en el sentido de agentes y de nuevas generaciones. A eso tendría que llevar el proceso, a ese círculo, en donde constantemente tendríamos que vivir ese espíritu de renovación.

Otra idea fuerza de lo que pretendemos, el gran reto de nuestra Arquidiócesis está hoy en la formación de agentes y tiene que ir en sintonía con la opción pastoral de esta Arquidiócesis, tenemos que formar agentes para esta Arquidiócesis, de ahí el reto de adecuar la formación a nuestro objetivo pastoral que es la misión permanente.

(Mons. Juan Carlos Guerrero Ugalde). Buenas noches. El padre Alberto, en la introducción, decía que la formación es llevar a cabo el proceso evangelizador, es decir, nuestro objetivo es facilitar y acompañar a todos al encuentro con Jesucristo vivo, pero nos encontramos con un cambio cultural cada vez más fuerte y acelerado en la ciudad, que pareciera que nuestra práctica pastoral se manifiesta en muchos aspectos incapaces para transmitir ese mensaje de buena noticia.

Y ese problema pastoral que enfrentamos todos, día a día, de diferente manera, no es un problema de los destinatarios, porque podemos decir que todos se han vuelto muy difíciles; no es un problema de los destinatarios, es un problema de los evangelizadores. Es muy importante que nos pongamos en esa perspectiva, es un problema de los pastores.

Sea cual sea la realidad de los habitantes de la ciudad, somos nosotros los que tenemos la tarea de conectar con esa realidad social cambiante y poderles proponer así la buena noticia y nosotros debemos buscar el problema, en dónde hace falta la renovación y seguramente no es sólo de método; los obispos en Aparecida nos iluminaron muy bien en ese sentido, el camino es recomenzar desde Cristo, es mucho más profundo que la metodología pedagógica o que la problemática social.

En el esquema que viene, vamos a dar una mirada a lo que serían algunas características de esta nueva cultura y que nos van desplegando criterios muy específicos que deberían iluminar nuestra renovación pastoral.

¿Qué criterios tiene esta nueva cultura urbana?, ¿qué consecuencias pastorales? En primer lugar, hay un principio rector diferente, en una reflexión de hace algunos años, los obispos de Quebec decían que nos acostumbramos demasiado tiempo a un río de influencia cultural, estaba plenamente saturado de cultura cristiana y entonces ya no nos preocupábamos demasiado en si era asimilar el anuncio del Evangelio o no, por todo lo que nos rodeaba, estábamos inmersos en esa corriente, nos ayudaba a ir comprendiendo la fe, a ir viviendo incluso sin mucha comprensión teológica profunda, pero sí ir viviendo una práctica de fe; toda la sociedad y el ambiente social nos ayudaba a eso, ahora no, el principio rector nos obliga a que si el pensamiento cultural toma en cuenta muchas otras influencias y muy fuertes, pero más hoy, cómo se refleja eso en los jóvenes y adolescentes, por eso es que nuestra consecuencia pastoral implica que no nos quedemos sólo con la formación intelectual.

No se trata entonces sólo de hacer un razonamiento para comprobarle a alguien la existencia de Dios; no, ya no se trata sólo de eso. El Papa Juan Pablo II, en la Nuevo millenio ineunte decía al reflexionar sobre esta situación cultural: los hombres de nuestro tiempo quizá no siempre conscientemente piden a los creyentes de hoy no sólo hablar de Cristo, sino en cierto modo, hacérselo ver; en otras palabras, el Papa estaba expresando lo que ya el Magisterio de la Iglesia con Pablo VI había dicho de la necesidad de pensar en que los cristianos sean más testigos que maestros, por lo tanto, eso ya le va a dar una característica muy clara a la formación que debemos buscar.

Entonces, no sólo, ni principalmente formación intelectual; después hay otro criterio que surge de la sociedad en que vivimos, entender la vida como una experiencia, incluso como una aventura y entonces, si queremos que el proceso educativo jale a lo más íntimo de la persona, debemos procurar experiencias vitales significativas y, éstas no son repetición, sino es el descubrir toda la profundidad que tiene nuestra fe del memorial que va cargado con toda la experiencia de vida del que da testimonio, del que puede decir: a mí me consta, yo estoy viviendo ese encuentro con Cristo.

También de esta misma experiencia cultural vemos que el ser humano es captado de otra manera, no teníamos ninguna duda en la reflexión tradicional y que marca toda la formación de una gran parte de los que estamos aquí respecto a por qué es valioso el ser humano y, lo vemos un poco en la problemática reciente, alrededor de la vida, alrededor de la legislación del aborto, de la eutanasia, pareciera que hablamos idiomas distintos y tenemos valoraciones muy dispares, pero es que el ser humano es tratado de otra manera, ya no está clara su identidad, pareciera que el hombre de la cultura de hoy anda en búsqueda de su integridad y de construir esa integridad, no la da por hecho; entonces es importante que en proceso educativo de fe estemos capacitados y dispuestos a acompañar procesos de construcción de la persona, cosa que no es tan sencillo, no es simplemente entregarles un librito que expresa la doctrina y pedirles que nos lo repitan, va más allá.

Por eso, también la característica central del ser humano cambia, en este cambio acelerado los parámetros de verdad, de sentido, de futuro ya no son los mismos y por lo tanto el captar la atención de las personas requiere, de verdad, una gran captación de lo que está viviendo la persona en medio de esta sociedad y ahí, donde para nosotros es muy importante el sentido de la comunidad, vemos que hoy en día pesa más la individualidad y a veces la comunidad y el bien común son despreciados por el peso que tiene esta individualidad.

¿Cómo presentar nuevamente la comunidad como un referente significativo? Es un reto, por eso, nos debemos ir planteando y, así lo hemos ido haciendo desde hace unos ocho meses, un gran esfuerzo de coordinación para la formación que nos pide el señor Cardenal en sus orientaciones pasadas y, ha sido un trabajo fatigoso, todos los que están implicados en la Vicaría de Pastoral y Vicaría de Agentes; ha sido un trabajo fatigoso esa reflexión, ¿por qué?, porque poco a poco nos hemos ido dando cuenta que todos los que estamos involucrados en formación no estamos muy vinculados y nos acostumbramos durante mucho tiempo a que cada uno implementaba su iniciativa y seguía adelante como podía, ¿cierto? Y muy válido, es un trabajo enorme el que se hace en la Arquidiócesis en cuanto a la formación en distintas áreas, pero ahora este esfuerzo tiene que conjuntarnos a todos y establecer una armonía de trabajo, porque fíjense en los retos que tenemos por delante, son muy fuertes.

Aquí viene el asunto de los procesos, antes todo era muy claro, quizá el ejemplo más cercano que tenemos es la catequesis, había que preparar a un sacramento, tenemos un temario, le pedimos al catequista que cumpla con el temario para que pueda tener la aprobación de ser admitido al sacramento, vamos a tener un retiro con los candidatos, vamos a buscar una buena preparación a la penitencia y se acercarán a los sacramentos.

Ahora resulta que ese proceso lineal ya no es suficiente y, necesitamos implementar, como lo sugieren los obispos en Aparecida, un proceso circular, en donde se va estableciendo un camino de encuentro en donde se tome en cuenta la situación específica de la persona o del grupo social, eso nos pide un cambio en el estilo del proceso pastoral. De ahí que lo que mueve a la persona para tomar una decisión es la convicción, ya no es sólo lo que debe ser, ahora es la convicción, un proceso de mayor profundidad.

Y en este mismo proceso que debemos cuidar, que debemos implementar, está otro reto que es la pluralidad, ya no basta una sola forma y un solo método, ahora tenemos que ofrecer distintas opciones, distintos caminos para el encuentro con Cristo, distintos lenguajes y, en esta reflexión que venimos haciendo todos los implicados en la formación, nos estamos dando cuenta que hay mucho por hacer, ahorita en el primer momento se hablaba de este proceso que ya se anunciaba para madurarlo con necesidad de años, así lo vemos con este proyecto de formación, pero que debemos avanzar, debemos dar pasos con una cierta entrega y seguridad, porque ya los destinatarios del Evangelio están esperándonos.

Y por eso, solamente va a haber una eficiencia en el trabajo de evangelización, según sea nuestra capacidad de testimonio y de transmitir experiencias; ese es el contraste que nos marca la cultura frente a la formación de agentes y que debemos ir considerando para ir marcando las prioridades a seguir en el futuro inmediato.

(Pbro. Eduardo Mercado Guzmán). El tema que sigue es recordar cuáles fueron las principales orientaciones que debían impulsar nuestra misión permanente en la Arquidiócesis a partir de la XIII Asamblea Diocesana, el año pasado, y las Orientaciones Pastorales 2008, a las que hemos hecho referencia, de hecho creo que en la Vicaría de Pastoral se recomendó a los delegados de pastoral y a los decanos, que quienes fueran  a participar en la asamblea, que no estaba de más darle una repasada a las conclusiones de la asamblea y a las orientaciones.

Entonces, recordamos que en la XIII Asamblea y en las Orientaciones la formación de agentes se acentuó como el centro de nuestro trabajo pastoral y de ahí esas consecuencias, obviamente que esto ha implicado fortalecer nuestra pastoral de conjunto y orgánica, se utilizan los dos conceptos para que quede con mayor claridad, en donde desde las estructuras y la organización, desde las diferentes acciones, así como en las diferentes tareas que realiza la Iglesia, estén en función de la misión permanente.

De ahí entonces se nos pedía que se cuidara el trabajo de la coordinación para la formación, de hecho ustedes recordarán que en la asamblea del año pasado les informamos que había iniciado una experiencia muy interesante a nivel arquidiocesano, fue la de conjuntar a todos los que de alguna forma estamos involucrados en la formación, desde los diferentes agentes a lo que seguimos llamando CAFAP, es el esfuerzo arquidiocesano de hacer una coordinación en el campo de la formación de agentes, es decir, no se ha logrado tener esa conciencia en todos los que estamos involucrados en la formación en la Arquidiócesis, todavía falta tener esa conciencia en algunos de los que trabajamos a nivel arquidiocesano, pero se está haciendo un esfuerzo. De parte de estas instancias estamos tratando de buscar, de hecho, parte del trabajo que aquí estamos presentando, ha sido compartido con esta coordinación Arquidiocesana.

También se pedía una evaluación, es repetir un poco, pero no olvidar que la asamblea y en esta ocasión creo que de manera especial, con mayor fuerza tiene que ser un momento de evaluación, de lo que al menos en principio nos propusimos el año pasado y lo que hasta ahorita vamos logrando. La evaluación siempre nos ayudará a buscar acentuaciones, ahí propusimos clarificar prioridades.

También nos propusimos y seguirá siendo parte del trabajo de esta asamblea el campo de la formación para desarrollar el programa y que lleve a subsidios de la formación inicial y básica, de hecho nos acompaña el equipo que se logró formar en la Arquidiócesis con la tarea de elaboración de subsidios o materiales; nos damos cuenta de que los subsidios son importantes, porque nos dan cierta seguridad de por dónde va el camino.

La otra orientación era hacer un proyecto orgánico de formación de agentes, es lo que queremos lograr, ya estamos trabajando, en la CAFAP, en esta línea, esperamos ofrecer algún material pronto, algo que nos pueda ayudar a descubrir por dónde va ese proyecto orgánico de formación de agentes a nivel arquidiocesano. Por supuesto que esto nos llevaría a renovar la organización y funcionamiento pastoral.

(Mons. Juan Carlos Guerrero Ugalde). Otro elemento que viene a ser iluminador para nuestra asamblea y nuestra propia proyección, es la iluminación que nos da Aparecida y la Misión Continental, son estos los elementos que incluso ya el señor Cardenal había enunciado en las orientaciones y, que hemos comenzado a profundizar y que debemos tomar en cuenta para nuestra evaluación de estos días, primero, el itinerario formativo de los discípulos misioneros, los obispos prácticamente nos confirman que el camino por donde íbamos era el adecuado y, eso significa que se trata de entender la formación para vivir como cristianos en y para el mundo.

Otro elemento es la manera como está escalonado el sentido de las etapas de formación, partiendo del encuentro con Cristo y haciendo un círculo que avanza a manera de una rueda que va marcando el avance que adquiere la persona, vendría la conversión, el discipulado, la comunión y la misión. Entonces, ahí se va impulsando, promoviendo y haciendo cada vez más fuerte el compromiso con Cristo y con la comunidad; ese es el proceso circular que debe estar presente en todas las etapas de formación.

El sentido integral, también marcado por la orientación para la formación de agentes laicos y que Aparecida viene a iluminar, dando también un complemento, integra el aspecto misionero: humano, espiritual, intelectual, comunitario, pastoral y misionero, que nosotros ya teníamos como opción de trasfondo. Estas dimensiones exigen un acompañamiento más fuerte, de todos los que están involucrados en ayudar a que haya nuevos agentes en nuestra Arquidiócesis.

¿Y los lugares de la formación? Ahí también hay una luz muy importante y que en los dos días siguientes se van a iluminar y a profundizar: la familia entendida como el lugar fundamental de inicio de siembra de la fe, la parroquia, las comunidades menores, los movimientos y organizaciones que se dedican a la evangelización.

De ahí viene el reto de implementar diferentes modalidades para la formación. Esto ya nos pone delante un horizonte de trabajo; quisiéramos decir con estas frases siguientes, el horizonte que vemos, inmediato, pero ustedes en la reflexión como asamblea, también tendrán que ver el horizonte a mediano y a largo plazo, para que así vayamos escalonando nuestro esfuerzo.

(Pbro. Eduardo Mercado Guzmán). El primer horizonte es ubicarnos en el sentido de qué nos toca, sentirnos involucrados, que no pensemos que la tarea de formación es solamente de las escuelas o de los que están instituidos como quienes tienen planes de formación, sino como lugares, se ha dicho: la familia, la parroquia, no son centros, son lugares de formación.

Aquí tendríamos que ver qué nos toca y yo me atrevería de peguntar: ¿Qué nos falta como agentes? Porque a veces pensamos en lo que les falta a los demás, viéndolo desde este lado, como que tenemos que mirar también hacia nosotros, recuerdo una vez más la cita que me dio mucha luz, odres nuevos para vinos nuevos, porque si nosotros mismos no nos renovamos a través de nuestra formación, por ejemplo en el caso de los ordenados de la formación permanente; entonces es involucrarnos, es mirar qué falta hacia allá, pero también qué hace falta hacia acá.

(Mons. Juan Carlos Guerrero Ugalde). El reto que todos vemos en nuestras comunidades y creo que también en los movimientos, fue otro de los puntos evaluados en la visita pastoral, tenemos que modificar nuestras estrategias para atraer a las nuevas generaciones, de otra manera, el esfuerzo de formación que estamos haciendo, sin despreciar a nadie, porque todos son importantes, pero sí llama la atención que un gran porcentaje de las personas que están en los centros de formación son de más de 60 años.

(Pbro. Eduardo Mercado Guzmán). Otro horizonte es continuar lo que proponemos como trabajo en esta asamblea, clarificar las etapas inicial y básica, todavía en agentes que están trabajando en torno a la formación como que no son capaces de descubrir, de entender; hemos dicho que es un proceso, si no entendemos qué es lo propio de la etapa llamada inicial, qué es lo propio de la etapa básica, entonces confundimos y al confundir realmente no impulsamos, porque en la formación inicial y básica está la proyección hacia las otras etapas.

(Mons. Juan Carlos Guerrero Ugalde). Finalmente, en la Arquidiócesis y esta fue una decisión como clara e inmediata del señor Cardenal después de la última asamblea, se está haciendo un gran esfuerzo, incluso económico, para la realización del equipo que se encarga de las ediciones pastorales, porque nos decía el padre (+Sergio) Jaimes en la última reunión que estuvo con nosotros en la Comisión Permanente de la Vicaría de Pastoral: me dicen qué y eso está muy claro, sobra claridad, pero no me dicen cómo ni con qué, entonces siempre me quedo atorado.

Creo que ese flujo de la capacitación y de los subsidios es fundamental, se dio un paso, pero ahora también nos toca implementarlo para que funcione al máximo. Bueno, pues hacia ese proyecto de sana formación de agentes para la misión permanente, ¿cuáles son los siguientes pasos?, ¿qué nos corresponde a cada uno desde el ámbito en el que servimos?

Viene entonces el primer momento de la asamblea en pleno, pongámosle mucho entusiasmo, que pueda entrar el Espíritu y nos permita dar luces a toda la diócesis y al señor Cardenal para que nos oriente en el futuro. Muchas gracias.

Pbro. Eduardo Mercado Guzmán
Mons. Juan Carlos Guerrero Ugalde
Versión estenográfica


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