Un Rostro Joven
para renovar la Misión Permanente
Al Encuentro de las Nuevas Generaciones

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ILUMINACIÓN GENERAL

RELIGIOSAS


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logo XIX Asamblea completo.gifDESAFÍOS DE LA VIDA CONSAGRADA CON MIRAS A LA RENOVACIÓN DE LA MISIÓN PERMANENTE.
Hna. Rosa Nelly Pérez Hernández, ctsj

Quiero citar un párrafo de la Exhortación Apostólica Postsinodal Vita Consecrata del Beato Juan Pablo II, para iluminar esta reflexión:
“La Vida Consagrada, enraizada profundamente en los ejemplos y enseñanzas de Cristo el Señor, es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Espíritu […]  A lo largo de los siglos nunca han faltado hombres y mujeres que, dóciles a la llamada del Padre y a la moción del Espíritu, han elegido este camino de especial seguimiento de Cristo, para dedicarse a Él con corazón indiviso (Cf. 1 Cor. 7,34)  También ellos, como los Apóstoles, han dejado todo para estar con Él y ponerse, como Él al servicio de Dios y de los hermanos. De este modo han contribuido a manifestar el misterio y la misión de la Iglesia con múltiples carismas de vida espiritual y apostólica que les distribuía el Espíritu Santo y por ello  han cooperado también a renovar la sociedad”

Desde sus inicios, la Vida Religiosa, ha tenido conciencia de que participa en la misión de la Iglesia y de que ejerce en ella unas funciones insustituibles e intransferibles. Más aún, de que en su misma esencia, es misionera.
La vida religiosa sabe que está llamada a resaltar determinados  aspectos de la misión de la Iglesia según su propia identidad  carismática. De ahí nace su estilo específico de misión. 
Su sola presencia,  es ya de por sí, anuncio explícito de la Buena Nueva de Jesús muerto y resucitado, que se hace presente bajo diversos carismas y misión: sanitaria, educativa, social, ad gentes,  en la inserción con los más pobres, en la atención a los niños, con capacidades diferentes, a los de la calle, a  jóvenes en situación de riesgo, a los que tiene VIH,  promoviendo la dignidad de la mujer, brindando ayuda a la madre soltera, a la que se prostituye, acogiendo a los  migrantes, a quienes se encuentran presos, a los indígenas, a la familia, a los ancianos, etc
En este sentido la Vida Religiosa es por su misma  naturaleza: “misión permanente”, cada Instituto con la peculiaridad de su carisma y misión es una respuesta del Espíritu a las necesidades de cada época.
Desde este contexto quiero situar los desafíos que se le presentan a la Vida Consagrada en la misión permanente que impulsa la Arquidiócesis de México  en esta “nueva etapa de la evangelización que tiene el propósito de renovar la visión del II Sínodo diocesano, según los desafíos del mundo actual y la Iglesia para vivir el espíritu de la nueva evangelización, poniendo especial cuidado en la evangelización de las nuevas generaciones   y en sintonía con la Iglesia que ha celebrado verdaderos acontecimientos de gracia que iluminan nuestro caminar como: La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, el Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización  para la transmisión de la fe y el Año de la Fe que estamos a punto de clausurar.
Los desafíos que tiene la vida consagrada discípula y misionera de Jesús Testigo del Padre según Aparecida, expresan de manera clara lo que desde mi punto de vista necesitamos impulsar en nuestra Arquidiócesis:
Vivir la comunión con nuestros Pastores para hacer de nuestros lugares de presencia, de nuestras obras y nuestra vida fraterna, espacios de anuncio explícito del Evangelio principalmente entre los más pobres […] colaborando a  la gestación de una nueva generación de cristianos discípulos y misioneros y de una sociedad donde se respete la justicia y la dignidad de las personas
Desde su ser, la vida consagrada está llamada a ser experta en comunión, tanto al interior de la Iglesia como de la sociedad. Su vida y su misión debe estar inserta en la Iglesia particular y en comunión con el Obispo, para ello en necesario crear cauces comunes e iniciativas de colaboración, que lleven a un conocimiento y  valoración mutuos y a un compartir la misión con todos los llamados a seguir a Jesús

  1. Uno de los grandes desafíos de la vida consagrada es trabajar por una espiritualidad de comunión y participación.

  2. Desde aquí tenemos una fuerte llamada a vivir la Comunión con nuestros Pastores en los distintos órdenes: Parroquial, Decanal, Vicarial, Diocesano. Para crear esta comunión necesitamos presentarnos a nuestros pastores, darles a conocer nuestro carisma, invitarlos a los espacios  donde desarrollamos la misión, mantenernos en comunicación constante con ellos, interesarnos en conocer las orientaciones de nuestro Pastor,  los planes de pastoral en los distintos órdenes, etc., para poder emprender acciones pastorales según el propio carisma.
    Y, si este paso lo hemos de dar nosotros, necesitamos también por parte de nuestros Pastores acogida e interés, para incluir  y valorar los carismas y misión de cada Instituto Religioso, no como un añadido o una acción pastoral aislada, sino como verdadera la Pastoral de Conjunto.
    Para crear comunión aprovechemos los cauces, las distintas estructuras que ya existen en la Arquidiócesis, para la vida consagrada: Secretariado y  Comisiones de vida consagrada, etc., hagamos de ellos verdaderos espacios de comunicación para dar cause a la misión.
    Este aspecto,  sería muy fructífero, si las Instancias para la Vida consagrada de la Arquidiócesis y las vicarías, fortalecen su relación con la CIRM (Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México), para hacer fluir la información  a todos los Institutos Religiosos que están presentes en la Arquidiócesis de México dando así  mayor fuerza a la misión permanente en la ciudad.

  3. Ésta comunión que hemos de construir no sólo ha de darse con nuestros  pastores, sino también al interior de la vida consagrada. Hemos de trabajar por la intercongregacionalidad, para responder a los desafíos de la nueva evangelización. Ante la falta de vocaciones, pero no sólo por ésta, es necesario abordar la pastoral con sentido de comunión.
  4. El testimonio de los religiosos que inciden en la pastoral juvenil y la pastoral vocacional de manera intercongregacional, por citar un ejemplo, es un mensaje elocuente de comunión, para todos aquellos que pretendemos evangelizar.

  5. En la construcción de ésta comunión también hemos de involucrar a los laicos, necesitamos   sumar fuerzas con ellos. Reconocer su papel y su tarea en la Iglesia es dar paso a la corresponsabilidad y la subsidiariedad. Promovamos  y acompañemos las iniciativas de evangelización que ellos nos presentan para anunciar de manera cercana y con un lenguaje comprensible el anuncio de la Buena Nueva.

  6. Otro desafío que se le presenta la vida consagrada, es hacer  de nuestros lugares de presencia, nuestras obras y nuestra vida fraterna, espacios de anuncio explícito del Evangelio, especialmente entre los más pobres. Nuestra presencia es ya, anuncio explícito, sin embargo, necesitamos abrir las  puertas de nuestra casa, de nuestros conventos, para acoger a nuestros hermanos, compartir la experiencia del amor de Dios que ha marcado nuestras vidas y contagiar la pasión por la construcción del Reino. Nuestro modo de ser y de hacer tiene que ser invitación, pro-vocación, para que  otros muchos deseen conocer, amar y seguir al Maestro. Éste es uno de los pasos que hemos de dar, para  impulsar la cultura del encuentro.



  7. Pero, no basta abrir nuestras puertas, el Espíritu, según los signos de los tiempos, nos está llevando a salir de nuestra comodidad, a dejar nuestras seguridades, nos invita a ser una Vida Religiosa a pie de calle, comprometida con los sufrimientos y las esperanzas de nuestro pueblo. Es ingenuo pensar que podemos evangelizar la pluralidad de culturas que tenemos en nuestra Arquidiócesis, sin conocerlas; no podemos, ni debemos partir de presupuestos para la Evangelización. Necesitamos encarnarnos, sumergirnos, respirar, la cultura de nuestro mundo, comprender su lenguaje, a veces tan distante, tan lejano del nuestro.

  8. La Vida Religiosa hemos dicho, es con su sola presencia, anuncio explícito del Evangelio, pero necesita superar la dicotomía,  más que de la fe y la vida, de lo público y lo privado, es verdad que nos pesa nuestra historia como pueblo mexicano, pero hemos de ganar terreno en los ámbitos públicos, sólo así podremos colaborar en la gestación de una nueva generación de cristianos discípulos y misioneros y de una sociedad donde se respete la justicia y la dignidad de las personas.
  9. Hablando de lo público y lo privado, creo que la vida religiosa y la Iglesia tiene que aprender a trabajar con todos los hombres de buena voluntad que colaboran en la construcción de Reino de manera anónima, es decir, de las sociedades civiles y las  ONG´S que de manera silenciosa van trasformando estructuras caducas e injustas que no contribuyen al desarrollo humano.

    En este sentido las nuevas generaciones, punta de lanza de misión, son especialmente sensibles a colaborar en este tipo de causas. Abonemos en este campo desde la Iglesia y  la pastoral social.

  10. La vida religiosa  frente a las tendencias de secularización está llamada a dar  Testimonio de la primacía de Dios y de su Reino. A ser testigo del Dios de la Vida en una realidad que relativiza su valor, testigo de libertad frente al mercado que valora a las personas por el tener y a ser testigo del amor radical y libre a Dios y a la humanidad, frente a la banalización de las relaciones   Ha de dar testimonio de los valores alternativos del Reino.

  11. Necesitamos una vida religiosa Profética, que opte por los pobres, por los marginados de nuestra sociedad, que salga al encuentro de los hermanos donde la vida está clamando.  Una vida religiosa que no se escandalice, ante la novedad del Reino que emerge en una cultura “aparentemente” hostil a los valores del Evangelio. Ésta ha sido la recomendación del Papa Francisco a las Superioras Mayores en la Asamblea Plenaria de la UISG (Unión General de Superioras Mayores) celebrada en Roma el pasado 8 de mayo de este año: “Sean Evangelio vivo. Vayan a todas las periferias, especialmente a las del corazón humano”.

  12. La sed de Dios que está presente entre nuestros hermanos, nos debe animar para poner en práctica la pedagogía del pozo, esa que tan bellamente nos narra el Evangelio de Juan en el diálogo con la mujer samaritana (Jn. 4, 1-15). El Maestro se hace el encontradizo con aquella mujer que va en busca de agua, la lleva a tomar conciencia de su realidad,  de una sed más profunda que colme el sentido de su existencia. Y nosotras, que hemos encontrado ese pozo en la oración, no podemos ocultarlo a los hermanos. En nuestras casas e incluso en los conventos, en los lugares donde desarrollamos la misión y en la calle, hemos de provocar el encuentro con Dios.  Ayudemos a nuestros hermanos a vivir una Espiritualidad encarnada, una espiritualidad que nazca en la situación concreta del niño, del joven, del adulto, del anciano, del hombre, de la mujer, del político, del maestro, del albañil, del estudiante o de aquel nos ha dado por llamar “nini”, del indígena que recorre los vagones de nuestro metro cada día, del joven que se droga en las esquinas o la mujer que señalamos por que se prostituye. Sólo una espiritualidad encarnada puede vertebrar personas, sólo una espiritualidad encarnada puede renovar la sociedad, sólo una espiritualidad encarnada puede permear todos los ámbitos de la vida, porque ha permeado a la persona en su realidad concreta, en su totalidad.

  13.  La vida religiosa está llamada a mostrar el rostro materno de Dios y de su Iglesia, desde allí a ha de salir al encentro de los alejados y los que no conocen a Cristo.  Manifestando el rostro de un Dios que escucha, acoge y sirve.

  14. Y,  para entrar en diálogo con las nuevas generaciones la vida religiosa  tiene como tarea dar pasos a hacia  una pastoral emocional, si quiere entablar un diálogo con esta generación transracional, apostar por una pastoral simbólica, para conectar con ésta generación mediática, realizar una pastoral existencial, para acompañar a esta generación autoconstructiva,  a una pastoral espiritual, para caminar con esta generación postmaterialista y  a una pastoral eclesial, para ser anuncio de Buena Nueva frente a esta generación interconectada.

  15. Finamente, de cara hacia adentro, la vida consagrada  tiene como desafío la formación de sus miembros, especialmente la vida consagrada femenina, a propósito del papel tan importante que tiene la mujer en la evangelización. Si es verdad que cuidamos celosamente la formación inicial y la formación permanente en lo que se refiere a nuestros carismas y espiritualidad, hemos de poner atención a los estudios sistemáticos y a darles continuidad especialmente en el campo teológico y pastoral y  en las varias disciplinas, para que nuestro aporte en la evangelización sea digno para nuestros hermanos, con mayor razón ahora que nos enfrentamos ante realidades tan complejas. Promovernos como mujeres consagradas en este campo, es promover a la mujer en la Iglesia y en la sociedad, de cara a fortalecer los eslabones de la evangelización que a lo largo de la historia han llevado a cabo las mujeres.

 VC  1

Cfr. CARDERNAL NORBERTO RIVERA CARRERA, Vivir la fe, para una nueva evangelización en la ciudad. Orientaciones Pastorales 2013.

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