Frajna amarilla
Línea café
Franja Naranja

 

 

 

 

 

 


ORACIÓN INICIAL — VIERNES


INTRODUCCIÓN

En este segundo día de la XV Asamblea Diocesana hagamos todo lo posible por hacer nuestro el itinerario formativo, según nuestra vocación, que nos lleve a asumir el mismo estilo de vida de Jesús y sus mismas motivaciones, correr su misma suerte y hacerse cargo de su misión para instaurar, ya desde aquí, la realización del Reino.

Jesús, con su vida, nos muestra el camino para el discipulado. Él, en primera persona, se hace discípulo del Padre y, con su ejemplo nos invita a ser sus discípulos. Este discipulado es, ante todo, un donarse y hacer la voluntad del Padre y, la voluntad del Padre es que todos seamos uno, para ser sus evangelizadores.

Canto: Que seamos uno…

Presidente: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

ACTO PENITENCIAL

Presidente: El verdadero discípulo escucha al Maestro porque lo ama, escucha diariamente su Palabra, escucha el grito de tantos hermanos que necesitan ayuda, se interesa con lo que pasa en la Ciudad, en el mundo y sabe descubrir las "semillas del Verbo" que Dios ha sembrado también en nuestro mundo de hoy.

Lector 1: Por no saber escuchar tu Palabra que nos abre horizontes nuevos e inéditos para nuestra vida y para una verdadera fraternidad universal, te pedimos perdón:

Todos: Renuévame, Señor Jesús, ya no quiero ser igual. Renuévame, Señor Jesús, pon en mí tu corazón. Porque todo lo que hay dentro de mí necesita ser cambiado, Señor. Porque todo lo que hay dentro de mi corazón, necesita más de Ti.

Presidente: El auténtico discípulo de Jesús aprende de la vida, aprende de Dios y aprende de la humanidad. Aprende guardando y grabando en el corazón lo que ha visto y oído, la Palabra escuchada se torna vida y, en la vida, testimonia el amor de Dios.

Lector 2: Por no aprender a vivir como verdaderos hijos tuyos, siempre en busca de la verdad, coherentes con tus propuestas y solidarios con quien nos necesita, te pedimos perdón:

Todos: Renuévame, Señor Jesús, ya no quiero ser igual. Renuévame, Señor Jesús, pon en mí tu corazón. Porque todo lo que hay dentro de mí necesita ser cambiado, Señor. Porque todo lo que hay dentro de mi corazón, necesita más de Ti.

Presidente: Un discípulo no puede dejar de anunciar lo que ha visto y oído, no puede callar el fuego del Espíritu que arde en su corazón, el verdadero discípulo es el misionero que quiere compartir con todos el amor que ha experimentado.

Lector 3: Por no ser testigos y anunciadores de tu amor. Por el desinterés frente a tantos hermanos que todavía permanecen lejos de Ti o no te conocen. Por no comprometernos totalmente en un proyecto de formación integral, te pedimos perdón.

Todos: Renuévame, Señor Jesús, ya no quiero ser igual. Renuévame, Señor Jesús, pon en mí tu corazón. Porque todo lo que hay dentro de mí necesita ser cambiado, Señor. Porque todo lo que hay dentro de mi corazón, necesita más de Ti.

Presidente: Señor, que nos llamas a seguirte como discípulos misioneros, vivifica nuestra generosidad, para que respondamos con amor a tu llamado. Que cada uno viva con radicalidad la misión que Tú le has confiado. Haz que nuestra Iglesia arquidiocesana "esté contigo", viva el misterio de tu Amor, irradie la Luz de tu perdón y de tu misericordia. Concédenos ser discípulos verdaderos y fieles misioneros para llevar tu Evangelio. Sabemos que Tú estás siempre con nosotros y que nos envías incesantemente tu Espíritu Santo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Todos: Amén.

LA PALABRA DE DIOS

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN JUAN (17, 11. 17-23)

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad. No sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas como me amas a mí". Palabra del Señor.

R/. Gloria a ti, Señor Jesús.

VIDEO: LLEGAR A SER DISCÍPULOS Y MISIONEROS (SR. CARDENAL).

Oración Final

Todos: Quédate con nosotros, Señor, para que nuestros pueblos tengan vida en Ti.

Presidente: Estamos cansados del camino, pero la fuerza del Espíritu Santo nos impulsa a salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos, para compartirles el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de sentido, de verdad y de amor, de alegría y esperanza.

Todos: Acompáñanos, Señor, para reconocerte y convertirnos en testigos de tu resurrección.

L 1: A todos nos toca recomenzar desde Cristo, para reconocernos parte viva de la Iglesia y llamados a ser discípulos y misioneros. Laicos, laicas, consagrados y consagradas, diáconos, presbíteros y obispos, en una actitud permanente de conversión pastoral para escuchar la voz del Espíritu en los signos de los tiempos.

Todos: Despierta un gran impulso misionero, Señor, en tu Iglesia. ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés!

Presidente: Que tu Espíritu Santo nos impulse a salir hacia nuestros hermanos, para compartirles el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de sentido, verdad, amor, alegría y esperanza.

Todos: Acompáñanos, Señor, para reconocerte y convertirnos en testigos de tu resurrección.

L 1: Que cada comunidad cristiana se convierta en un centro que irradie la vida en Cristo. Que el Espíritu Santo nos guíe para dar testimonio de proximidad, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir. Que tu Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela de comunión misionera, en estado permanente de misión.

Todos: Guiados por María, fijamos los ojos en Jesucristo y le decimos con nuestro pastor: "Quédate con nosotros, Señor".

Canto Final: Alma misionera.