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ORACIÓN CONCLUSIVA — JUEVES


Jueves 26
Oración conclusiva

(por grupos de trabajo)

5 Lectores, de manera espontánea, sirven de guía al grupo en la oración.

Invocación Inicial

Lector 1: Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre. Amén.

Monición inicial

Lector 1:

A lo largo de esta tarde de trabajo hemos podido contemplar la obra del Reino de Dios en nuestra ciudad, enmarcada por las luces y sombras de nuestro caminar de discípulos necesitados de su Maestro y Salvador. Sabemos que el dueño del campo ha sembrado buena semilla en él; tenemos claro que el proceso evangelizador misionero es el camino evangelizador para la diócesis. Y también somos concientes de que junto a los brotes de trigo, crece la cizaña, sembrada por el enemigo, para desalentar nuestro trabajo. Se antoja con mucha facilidad responsabilizar del poco crecimiento pastoral a los otros agentes que colaboran en el proyecto diocesano.

Por eso es tan esperanzadora la palabra del maestro: "Dejen que crezcan juntos el trigo y la cizaña, hasta que llegue el tiempo de la cosecha.

Con la certeza de que el dueño de todo está vigilando los brotes de semilla que él plantó, dispongámonos a compartir la fe sobre nuestro caminar diocesano. Para dar gracias al Padre, escuchemos la exhortación de san Pablo sobre cómo conducirnos ante la victoria que nos consiguió Aquél por quién todo fue creado.

Lectura Breve (Rm 8, 31-35. 37-39)

Lector 2:

Hermanos: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo, junto con su Hijo? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Si Dios mismo es quien los perdona, ¿quién será el que los condene? ¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios para interceder por nosotros? ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura, alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.

Lector 3:

Cada quién, en silencio, como verdadero discípulo, medite cuál debe ser su actitud ante los retos del proceso evangelizador misionero. (Se guarda un tiempo de silencio prudente).

Reflexiones compartidas

Lector 3:

Después de meditar en silencio la palabra, les pido que los que así lo deseen, compartan:

1) lo que les haya impactado de la evaluación que hemos realizado en el día, señalando que avances le llenan de esperanza, o bien,

2) que actitud descubre que debe adoptar en relación al proyecto diocesano en su parroquia o comunidad, a la luz de la Palabra compartida.

Acción de gracias

Lector 4:

Una vez enriquecidos por la edificación que nos han compartido algunos, los que quieran pueden elevar su voz para dar gracias a Dios por su infinito amor y por los trabajos del día. A cada acción de gracias la acompañaremos diciendo:

R. ¿Quién puede apartarnos de tu amor, Señor?

Lector 4:

Con la certeza de saber que la obra que realizamos está conforme al designio de Dios, invoquemos al Padre común con la oración que su hijo nos enseñó: Padrenuestro…

Oración conclusiva

Lector 5:

Dios nuestro, que enviaste a tu Hijo al mundo como luz verdadera, concédenos el Espíritu que nos prometiste, para que difunda la verdad y suscite la fe en los corazones de los hombres, a fin de que todos, renacidos a una vida nueva por el bautismo, lleguemos a pertenecer a tu pueblo santo. Por Cristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Lector 5: Bendigamos al Señor.

R. Demos gracias a Dios.