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VOZ DEL PASTOR


Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención , levanten la cabeza, porque se acerca su liberación.

Nosotros, en este tiempo de Adviento, sí, recordamos la venida, en la carne, de nuestro Señor Jesucristo, un acontecimiento que ya se dio, un acontecimiento que para nosotros es una piedra firme donde apoyarnos, pero vivimos en la tensión de la espera. Esperando la venida gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo.

Celebramos por tanto en Adviento, en la Navidad no solamente lo que ya se dio, sino celebramos nuestra esperanza. Esa esperanza que será nuestra liberación, nuestra realización en plenitud; por lo tanto, se trata de algo fundamental, no solamente para el cristiano, sino para el ser humano. Imaginen a una persona que no tiene esperanza, sencillamente está abajo.

¿Qué sentido tednría para nosotros venir a una samblea si no esperamos un cambio?, si no esperamos un progreso en el anuncio del Evangelio, si no esperamos que otros hermanos nuestros llegaran al conocimiento de Cristo, si no esperamos, nuestra asamblea no tendría sentido.

Pero también en la vida diaria, en la vida personal es una virtud cardinal, fundamental, porque, si no tuviéramos esperanza, cuando caemos, ¿cómo nos levantaríamos? Si la esperanza no nos alienta, cuando nos enfermamos, cuando viene una angustia, un problema en nuestra vida, si no tuviéramos esperanza, ahí nos sofocaríamos, ahí permaneceríamos y vemos lo terrible de esa enfermedad, como es la depresión, que nos lleva a permanecer ahí, encerrados en aquel problema, en aquella situación, muchas veces para esperar, pero el que no tiene esperanza no puede salir y podríamos señalar muchas situaciones de la vida humana y mucho más de la vida cristiana, que sin esperanza, no las podríamos alcanzar.

Pero nosotros no solamente esperamos un progreso, no solamente esperamos dar un paso, alcanzar la meta, sino el paso esperado es la venida gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo y esa esperanza, evidentemente tiene que ser activa, no como aquel que se sienta en una banquita esperando a que llegue le Metrobus, a que pase el Metro, no, sino esa esperanza que hace que las cosas sucedan, no que otros las hagan o que llegue un acontecimiento, sino algo que estamos propiciando nosotros y sabemos muy bien que ese encuentro definitivo con el Señor, necesita de una esperanza activa, necesita de ese trabajo que vaya propiciando el encuentro, desde ahora, con el Señor, porque la vida eterna aquí comienza, porque la la venida gloriosa de Nuestro Señor aquí comienza, en esto consiste la vida eterna, en que te conozcan a ti, Padre y a tu enviado Jesucristo.

No es algo que solamente esperamos para el último día, sino que es una esperanza activa que se tiene que ir construyendo día tras día y por eso el Señor nos pide que estemos atentos, que estemos despiertos, que estemos velando, que estemos en oración, no podemos decir simplemente: bueno, es un acontecimiento que de todos modos va a llegar. ¡Sí!, pero esperamos estar en el pescuezo y no fuera de él.

Esta es la esperanza que esperamos, pero nosotros no solamente esperamos en nuestras capacidades o en nuestro trabajo, o en esa actitud de estar contribuyendo. Nosotros esperamos con firmísima esperanza, porque nos apoyamos en Cristo Jesús que es la piedra, es la roca sobre la cual hemos sido edificados, sobre la cual estamos apoyados, no solamente son nuestras cualidades o nuestras capacidades, el Señor nos ha dado la fe junto con esa esperanza y nos da un corazón despierto para encontrarnos continuamente con Nuestro Señor Jesucristo.

Todos y cada uno de nosotros de alguna manera ha tenido en su vida una experiencia gozosa, quizá fue tu papá, tu mamá, un catequista, un confesor, un compañero, un médico, un abogado, etcétera. Alguien que en un determinado momento de tu vida te sacó del hoyo, estabas en una situación difícil y te indicó el camino, alguien que de alguna manera te salvó, te puso en el camino de la salvación, te anunció a Jesucristo, aquella catequista quizá con palabras muy sencillas te indicó cómo podías encontrar el sentido de tu vida.

Había en Italia un programa en la televisión, el último minuto y, al despedirse decía: si tú has sido salvado por alguien, mándanos tu historia, aquí la vamos a reproducir; y reproducían cómo alguien había sido liberado del alcohol, cómo otro había sido salvado de una enfermedad terrible, otro más que se sentía sin rumbo en esta vida, no le hayaba sentido a lo que hacía, en fin, y se encontró con una persona que lo salvó de aquello. Pasaban muchas historias.

Creo que en este tiempo de Adviento es bueno que nosotros reflexionemos y demos gracias al Señor. ¿Quién te salvó? ¿Quién te anunció la salvación? ¿Quén te puso en el camino de la salvación? ¿Quién hizo que salieras de esa situación difícil en la que te encotrabas? Siempre hay una persona cercana en nuestra vida. Dios se manifiesta a través de los que Él elige y tenemos que darle gracias, pero también tenemos que pensar en nuestra responsabilidad, y yo, ¿a quién he salvado?

Esperamos la venida gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo y la estamos esperando, porque hay alguien justo en este camino de la salvación, nosotros tenemos que ayudar a otros para que estén en esta misma situación, esperando la venida gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo.

Norberto Cardenal Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México

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