Frajna amarilla
Línea café
Franja Naranja

 

 

 

 

 

 


PLENARIO ALEATORIO


Ministros ordenados

  1. A partir de tu experiencia pastoral y lo dicho en las respuestas de la consulta y la iluminación de hoy: ¿Qué elementos del marco general para la formación de agentes representan mayor dificultad para ser entendidos y aceptados por los ministros ordenados?
  2. Tomando en cuenta tus necesidades y lo expresado en la consulta: ¿Qué sugieres para organizar la formación de los ministros ordenados, al servicio de la misión permanente en la Ciudad?

Dando respuesta, en el grupo 11, concluimos que cuesta trabajo convencerse de la urgencia y necesidad de la formación permanente, es decir, una conversión pastoral que permita un acompañamiento plento con los grupos pastorales.

Para la segunda pregunta, se sugiere una formación integral en las áreas apostólica, intelectual, espiritual y humana, consensando acuerdos que permitan iluminar los proyectos pastorales conscientes de lo que somos, de lo que hacemos y sobre todo, a dónde vamos.


Las conclusiones a las que llegamos en la mesa seis, con relación a los ministros ordenados, son las siguientes:

Respuesta a la pregunta uno, hace falta aceptación del clero por el clero mismo, se manifiestan resistencias y esto representa un problema, por lo que se hace necesario hacer un diagnóstico con la comunidad, sobre todo, cuando lleguen sacerdotes nuevos y, a partir de ello generar mecanismos que promuevan la participación y la confianza entre los mismos sacerdotes.

Existe el prestigio de que la formación es personal, descontextualizada en un plan general, los ministros se deben entender como discípulos y por ello, en el ámbito de las relaciones humanas, fomentar la amistad con Cristo, pues es fundamental, ya que ello implica un proceso de constante aprendizaje. La formación no se entiende como integral, sino como algo dogmático o doctrinal y de ahí se ven múltiples problemáticas que se dan entre los sacerdotes a nivel personal o individual, pero también en las relaciones intraclero.

El aspecto humano es importante, es la estructura fundante sobre la cual se debe ejercer el ministerio, a partir de personas centradas, humanamente hablando, se puede dar un buen testimonio de vida, un buen testimonio de sacerdote.

Es importante también el ambiente de desorden, el ambiente político, el ambiente social que se vive, pues todo ello influye en la conformación, "y así separado: con - formación", de la personalidad sacerdotal de un individuo.

Es necesario apoyar, animar, acopañar a los nuevos ministros ordenados, para que no pierdan la esencia de su ministerio, no sólo durante los primeros cinco años, como ocurre al parecer ahora, sino de forma constante o permanente, es decir, durante toda la vida.

También existe estigmatización y señalamiento al interior del clero y asimismo hay divisionismo, por ejemplo, no caminan juntos los religiosos con los diocesanos, a pesar de que el fin común es Cristo. Aquí es necesario elaborar un programa de acompañamiento para aquellas personas que se van a ordenar, en este sentido es importante revalorar o reevaluar la estructura de acompañamiento que ya existe en el Seminario Conciliar.

Por lo visto, las etapas de formación son como obligatorias y también como parte de la obediencia que el párroco debe al obispo y de ambos hacia Dios. La formación permanente debe entenderse como parte de la responsabilidad de los ministros ordenados.

Con relación a la segunda pregunta, es importante insistir en la espiritualidad de comunión, con fines a la unidad, dinamizando todo para que las diferencias queden superadas. Es un problema el querer unificar la formación en la Arquidiócesis, se debe empezar, si se quiere lograr este fin, con la formación inicial, después seguir con la formación bíblica, sin descuidar otras áreas de nuestra formación, así planteándose los sacerdotes que la formación inicial debe ser indispensable para todos los agentes, aún aquellos que ya están ordenados, como para aquellos que ya tienen algún tipo de ministerio.

Es importante vivir un verdadero proceso de conversión, iniciando sobre todo entre los ministros ordenados, porque es evidente el deterioro o la desviación del ministro como anunciante de la Palabra. Mencionaron un ejemplo, que hay una diferencia entre ser un buen pastor por hablar y el que a veces algunos sacerdotes se han constituido como