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Oración Inicial
Viernes


¡Oh, Cristo!

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Monitor: En este segundo día de nuestra Asamblea Diocesana vamos a escuchar palabras dichosas. Todas las palabras de Cristo son Buena Noticia, pero las de hoy son buenísimas. Son palabras que cada vez que las escuchamos parece que nos llegan fuertemente al corazón y nos iluminan, y nos interpelan, el Señor por su Palabra siempre nos habla al corazón.

El Pentecostés que hoy quiere vivir la Iglesia es nuestro Pentecostés: pluralidad de culturas en nuestra Ciudad, en cada colonia y pueblo que nos interpelan y nos abren espacios para la evangelización.

De pie

Guía: Hermanas y hermanos iniciemos nuestra oración en el nombre del + Padre y del + Hijo y del + Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Guía: Que el Señor Jesús, Palabra que desciende sobre nosotros y se hizo como nosotros nos ilumine.

(Silencio)

Concédenos, Señor, sentir en medio de nosotros tu Espíritu prometido a cuantos en tu nombre nos reunimos, a fin de que, actuando conforme al Espíritu de verdad y de amor, experimentemos la abundancia de su gracia, y de su misericordia y concédenos sabiduría para seguir discerniendo lo que Tú quieres que hagamos ante los retos de las culturas de nuestra Ciudad.

Todos: Amén.

(Invocación al Espíritu Santo)

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CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU
PROCLAMEMOS A CRISTO EN NUESTRAS CULTURAS

El Espíritu de la creación, de la Encarnación y de la Pascua nos fue dado soplando aliento hacia nuestro corazón. Él irrumpió en los apóstoles estando reunidos en oración el día de Pentecostés. Él está en el interior de cada uno donde habita como hoguera de amor creando una atmósfera de hogar. Él es el protagonista interior de la historia, de cada pueblo, de cada cultura que se abre a su acción renovadora. Él está dando vida haciendo nuevo todo cuanto existe.

El Espíritu Santo renueva nuestro interior para que anunciemos la Buena Nueva con nuevo ardor, en un mundo pluralista sediento de la hondura de Dios. Nuestra sociedad vive confundida, en el sin sentido de la vida; la relativización de valores y conductas nos han llevado a muchas tragedias personales y sociales creando diversos estereotipos que conducen a estados de muerte: Nemos, darketos, prostitutas, homosexuales, drogadictos, secuestradores, víctimas, políticos, líderes, pobres, ricos, comerciantes, empresarios, estudiantes, jóvenes, niños, familias, adultos, abuelitos, abuelitas, divorciados, papás solteros y mamás soteras, en fin… Todos ellos quieren escucharnos hablar en el mismo idioma de “las maravillas de Dios”, anunciar el Evangelio con el lenguaje que cada uno pueda comprender para sentirse seducidos por el Espíritu Santo, elegidos, llamados, alcanzados por Cristo, inmersos en la hondura transformante de Su infinito Amor, invitados a pertenecer  y permanecer en nuestras comunidades de fe viviendo en comunión fraterna.

Por eso, es importante volver a las fuentes, a la experiencia fundante de Jesús, a descubrir lo más radical de nuestra identidad, de nuestra vocación, de nuestra misión. Es tener la experiencia del amor incondicional del Padre por cada uno de nosotros; es reentusiasmarnos con la vida, dejarnos seducir y enamorar por el Señor.

Hablar con nuevo ardor es querer renovar el amor. Es proclamar que la vida es hermosa y que adquiere sentido y plenitud en Cristo, que vale la pena vivirla con intensidad.

Se requiere de un agudo sentido de la inculturación del Evangelio para contarlo entusiasmado y convencido con un lenguaje atractivo de tal manera que para la gente sea escuchar la mejor de las noticias.

Entonces cada uno de nuestros hermanos exclamará con ardiente voz:

¡Ábranme las puertas de la gracia para hacer lo que estoy llamado a ser!

Canto:

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El Espíritu del Señor
llenó la faz de la tierra
Aleluya, aleluya, aleluya.

Enviaste Señor a tu Espíritu
y todo ha sido creado,
y se ha renovado la faz de la tierra,
y se ha renovado la faz de la tierra,

Él viene a dar testimonio
de lo que hizo Jesús,
y a confirmar toda su doctrina.

Monitor: El Espíritu del Señor descendió sobre todos aquellos que anunciaban la Buena Noticia del Reino, abramos el corazón y nuestra mente para escuchar la Palabra de Dios tomada de los Hechos de los Apóstoles (2, 5-13):

Lector: “Había en Jerusalén judíos piadosos venidos de todas las naciones de la tierra. Al producirse aquel ruido, la gente se juntó y quedaron desconcertados, porque cada uno oía hablar a los apóstoles en su propia lengua. Asombrados y admirados decían: ‘¿No son galileos todos éstos que están hablando? Entonces, ¿cómo cada uno de nosotros lo oímos hablar en nuestro propio idioma? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia y del Ponto; hay hombres provenientes de Asia, Frigia, Panfilia y Egipto; y de la parte de Libia que limita con Cirene; hay hombres no judíos que aceptaron sus creencias; cretenses y árabes; pero todos los oímos hablar en nuestros idiomas las maravillas de Dios’. No se lo creían, y decían unos a otros: ‘¿Qué significa esto?’ Otros, en cambio, decían riéndose: ‘Están borrachos’”. Palabra de Dios.

Todos: Te alabamos Señor.

Reflexión guiada.

Monitor: Respondamos a la Palabra de Dios orando:

M — Sin el Espíritu, vacío y frío.

H — Sin el Espíritu, noche y oscuridad.

M — Sin el Espíritu, maldad y soledad.

H — Sin el Espíritu, odio y rencor.

M — Sin el Espíritu, desierto y sequía.

H — Sin el Espíritu, desencuentro y destrucción.

M — Sin el Espíritu, agonía.

H — Sin el Espíritu, muerte.

M — Sin el Espíritu, nada. Punto final.

H — Con el Espíritu, alegría.

M — Con el Espíritu, compañía.

H — Con el Espíritu, limpieza.

M — Con el Espíritu, fortaleza.

H — Con el Espíritu, libertad.

M — Con el Espíritu, paz.

H — Con el Espíritu, unión y comunión.

M — Con el Espíritu, cristificación.

H — Con el Espíritu, amor.

M — Con el Espíritu, Dios.

Todos: AMÉN.

Canto: Aquí está...

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