Línea café
Franja Naranja

 

 

 

 

 


REFLEXIÓN — HOMILÍA


Descargar Audio

Ya sabemos que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, es decir, un ser de comunión y le hizo un regalo prodigioso: puso en sus labios la Palabra que une los sentidos, la inteligencia y el corazón. Gracias a la Palabra el hombre manifiesta su condición de imagen de Dios; pues por ella puede hablar con Dios, relacionarse con los demás y dominar la naturaleza. En fin, la palabra humana, el lenguaje, es condición fundamental para que el hombre se vuelva un ser de cultura y creador de cultura.

Cuando Cristo viene a nosotros, y entra en la historia humana, para rehacer la comunión que había quedado rota por el pecado; Él, el Hijo de Dios, toma el camino del hombre, es decir, se hace presente entre nosotros revistiéndose de la condición humana y por lo tanto asumiendo la cultura y la historia de un pueblo concreto; con sus luces y sus sombras.

Queridos hermanos en el Episcopado, muy queridos hermanos Presbíteros, Hermanos y hermanas de vida consagrada, muy estimados laicos, hermanos todos que constituimos la Iglesia que peregrina en la Ciudad de México. El Evangelio que acabamos de escuchar nos presenta a Jesucristo dialogando con sus apóstoles; nos lo muestra observando con mirada divina a aquella multitud que lo busca y lo encuentra; nos presenta este Evangelio a Jesucristo enseñando, como dice el texto, muchas cosas a la multitud.

Queridos hermanos, los invito a disfrutar un momento la presencia de Jesucristo entre nosotros, Jesucristo que nos ha reunido, el cual, ya que nos ha formado como Iglesia, nos invita a saborear la Palabra que se acaba de proclamar, esta Palabra que nos interpela para que abramos nuestro corazón a Él, Aquél que vino a poner su tienda entre nosotros.

Para saborear el Evangelio podemos tomar algunos elementos del método de san Ignacio, en particular este primer elemento que él usa diciendo: estamos viendo la composición, viendo el lugar y entonces podremos acercarnos a Jesucristo, como Él sugiere, quedarnos en aquel cuadro, donde Jesucristo dialoga con los suyos, con sus discípulos y donde ellos lo escuchan. Y podemos mirar de cerca, según este método, un poco las expresiones de Cristo, podemos percibir cómo el rostro lleno de emoción de sus discípulos se ilumina mucho más, cuando le transmiten a Jesucristo lo que han dicho y todo lo que han hecho y podemos percibir ahora las palabras de Jesucristo que en la misma lengua de los apóstoles, es decir, en el hebreo, les dice: "Vamos a un lugar tranquilo para descansar un poco". Así descubrimos cómo el Hijo de Dios se ha hecho hombre asumiendo la cultura de un pueblo determinado.

Cristo, el Señor y Maestro les propone vivir uno de los valores que encontramos en todas las culturas: el descanso y, que cada cultura lo dice de distinta manera; hoy tuve que ir hacia la parte central del Distrito Federal, me regresaba con mucho miedo, porque estaban "futboles" por todas partes, así se vive hoy el descanso, muchos así lo viven. Hay muchas formas como las culturas toman este valor y lo expresan, lo encarnan. Jesucristo nos propone un modo, una forma; para Jesucristo ir a un lugar solitario donde se pueda dialogar serenamente es una forma segura para disfrutar de este valor, el descanso, como esta tarde, nosotros estamos reunidos en torno a Jesucristo y Él nos invita a descansar, escuchándolo y escuchando a los hermanos.

Llama la atención que Jesús después de valorar el trabajo de sus apóstoles, ahora Él mismo les proponga descansar. El trabajo y el descanso son dos valores fundamentales de toda cultura en orden a construir una comunidad que permita a cada persona alcanzar la plenitud, su plenitud.

Pero hemos dicho, siempre siguiendo el método de san Ignacio, que podemos observar, si leemos completo el verso 34, el modo como Cristo mira a aquella multitud, aquella que adivinó hacia dónde Jesucristo se dirigía con sus apóstoles. Dice san Marcos en este capítulo que nos ocupa, en el verso 34 que: "al desembarcar vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor y se puso a enseñarles muchas cosas".

Hermanos, Cristo, nuestro Señor, deja de lado el descanso que iba a tomar juntamente con sus apóstoles, enseñándoles y enseñándonos que tanto el trabajo como el descanso son valores que miran al bien de las personas, pero que no hay que absolutizarlos, porque el valor central es la misma persona y en su forma de mirar, según nos lo presenta el Evangelio, se asoma su corazón, el corazón de Dios, lleno de ternura y misericordia y nos invita a que también nosotros miremos de esta manera a los demás, aquellos con los que constantemente nos encontramos. Es decir, nos invita a mirar con ojos de Buen Pastor, con ojos de discípulos, con corazón sus seguidores, para que impulsados por sus mismos sentimientos, salgamos a ponernos al servicio de los hermanos. La primera condición para poder descubrir la realidad profunda del hombre es mirar como Él lo hizo y revestirnos de la cultura de aquellos a quienes queremos acercarnos para servirlos, así nos lo enseña el mismo Señor.

Queridos hermanos y hermanas de esta querida Arquidiócesis de México, al iniciar nuestra Asamblea de Pastoral podemos preguntarnos: ¿Qué es lo que miramos a nuestro alrededor, con qué colores se nos muestra la realidad, tanto la realidad personal como la realidad que nos rodea, cuál es la situación de las multitudes y de las personas con las que nos encontramos a cada paso en nuestra jornada? Como Iglesia, ¿qué podemos contarle a Jesucristo acerca de lo que hemos hecho y de lo que hemos enseñado, acerca de lo que estamos haciendo y de lo que estamos enseñando?

Ya que como discípulos hemos sido llamados a encontrarnos con el Maestro es necesario abrir el corazón para escucharlo y los labios para contarle nuestra experiencia. Puesto que el camino de la Iglesia para anunciar el Reino es el camino del hombre como nos lo enseña el mismo Jesús, es necesario que nosotros, que somos miembros de esta Iglesia, podamos acercarnos a las comunidades y a la multitud, sabiendo que la vida de cada persona está siempre envuelta, se expresa y se construye a partir de una cultura determinada. Por eso es bueno recordar lo que nos dice el II Sínodo de la Arquidiócesis, que queda plasmado en este material que tenemos, dicho de una manera breve, ECUCIM, además encontramos en el material que nos enviaron, la cita de Aparecida que nos describe cómo podemos entender o qué se entiende por cultura, recogiendo lo que ya el Concilio Vaticano II, en gozo y esperanza nos decía acerca de la cultura; de manera particular los números del 70 al 77 de este documento nos ilustran, ahí lo tenemos en el material que nos han regalado.

Hermanos, si queremos mirar como Jesucristo miró a la multitud no podemos ignorar aquellos valores que constituyen las culturas en las que hoy los diferentes grupos y comunidades de esta gran urbe realizan su vida y desde donde claman y necesitan ser vistos con aquella mirada con la que nos cuenta san Marcos que Jesús vio a la multitud.

Queridos hermanos, queridas hermanas, que Jesucristo nos regale corazón de discípulos para escucharlo y dialogar con Él. Que nos conceda sentir como Él para acercarnos a los hombres y mujeres y servirlos, enseñándoles la Buena Nueva. Que este trabajo que hoy comienza, fortalezca nuestra esperanza cristiana; que sea una forma concreta de participar en el Misterio Pascual de Jesucristo, pues a quien participa en este Misterio Él lo hace pasar de la muerte a la vida, de la tristeza al gozo, del absurdo al hondo sentido de la existencia, del desaliento a la esperanza que no defrauda, como nos dice el Papa Benedicto en su discurso de inauguración de la V Conferencia del CELAM, en Aparecida Brasil.

Queridos hermanos, ojalá y este texto lo sigamos meditando con la ayuda del método de san Ignacio, para poder saborearlo. Muchas gracias.

Mons. Andrés Vargas
Versión estenográfica