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BIENVENIDA — INTRODUCCIÓN


BIENVENIDA

Muy buenas tardes. Damos la bienvenida al rector de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe. Damos la bienvenida a los señores vicarios episcopales, a los miembros de las juntas de gobierno de cada una de los ocho vicarías territoriales. Damos la bienvenida a los señores presbíteros decanos, vicedecanos, senadores y consultores. A los encargados de las diferentes dimensiones y comisiones pastorales de nuestra Arquidiócesis. Bienvenidos nuestros hermanos presbíteros y diáconos, religiosos y religiosas.

Y por supuesto, una calurosa bienvenida a nuestros hermanos laicos y laicas.

Como todos ustedes saben, nos reunimos año con año, en una asamblea, una asamblea que siempre tiene un objetivo y precisamente antes de entrar a los trabajos de la misma, vamos a darle la palabra a monseñor Alberto Márquez Aquino, vicario episcopal de pastoral, para que sea quien nos presente el panorama del trabajo que vamos a realizar durante estos tres días, aquí, en esta flamante Plaza Mariana, que por primera vez acoge a la asamblea de la Arquidiócesis de México.

Bienvenidos todos, y que Dios, como decía nuestro pastor, bendiga nuestros trabajos.

R. P. David Alfonso de Jesús Díaz Corrales
Versión estenográfica

INTRODUCCIÓN

Muy buenas tardes a todos. Indudablemente que hablar de una Asamblea Diocesana más, la décimo séptima en concreto, es hablar fundamentalmente de trabajo, así ya lo ha dicho el padre David y así lo hemos vivido muchas veces. Así lo vamos a hacer en estos días.

Un trabajo que conlleva desde luego una esperanza, porque creemos en la acción del Señor, en la Iglesia y creemos particularmente de la acción del Señor en nosotros, que para eso nos llama.

Creo que antes de pensar en el trabajo y no porque le rehuyamos, sino porque creo que la ocasión lo amerita, también debemos fomentar especialmente, hoy en esta asamblea, una actitud de profundo agradecimiento al Señor, porque precisamente queremos evaluar nuestro trabajo y evaluar el trabajo es antes que nada, decía, ver la acción del Señor que se sirve de nosotros.

Dentro de este agradecimiento global del trabajo que no sólo nosotros vamos haciendo, sino otros muchos hermanos que colaboran con nosotros, que colaboramos con ellos, también hablamos de ese sentido de alegría, porque por distintas circunstancias se va marcando el avanzar, el marchar de nuestra Arquidiócesis.

Esta circunstancia podría parecer no tener importancia, pero indudablemente que sí la tiene, el estar en un espacio nuevo, diferente que, hemos escuchado, por varios años significó anhelos importantes para el señor Cardenal y desde luego para todos nosotros, que es un espacio que habla de esa fuerza de la Arquidiócesis, que habla de esas necesidades de la evangelización y así se llama este lugar: El Centro de Evangelización de la Plaza Mariana.

Por eso le damos gracias al señor Cardenal, de que nos convoca hoy, aquí, en este lugar y como les decía, tiene este significado. También agradecemos de antemano los trabajos del señor rector, de todo el personal que ha preparado todo aquello que se necesita para esta asamblea y que desde luego, no está nada improvisado, por supuesto que ha habido un poco de carreras, ha habido que trabajar un poco más, para muchos, para todos, pero no es improvisación, lo vamos a ver, cómo todo va procediendo muy bien.

Desde luego, una vez más, el agradecimiento al señor Cardenal, porque esta actitud, convocarnos, es compartir su responsabilidad, la responsabilidad que él tiene como pastor, algo que gracias a Dios, se va haciendo muy común en las diócesis, hoy en día casi todas las diócesis hablan de asambleas diocesanas, hechas de muy diversas formas, con muy diversas expresiones, pero eso no quita una actitud de compartir, de corresponsabilidad y sobre todo, la actitud que vamos viendo en el señor Cardenal.

Y en este ambiente, también vamos tomando muy en cuenta lo que ahora nos convoca, iniciamos un periodo conmemorativo, una conmemoración del II Sínodo Diocesano, que va a cumplir 20 años y que nos empezamos a preparar con este bienio: este próximo año 2012 y 2013.

Vamos entonces a tratar de introducirnos en este espíritu, una vez más, de diálogo con nuestra Ciudad, como se ha presentado en el lema de esta asamblea: "Descubrir la voz de Dios en las voces de la Ciudad". Ese es nuestro quehacer, un quehacer que debe ser bien, debe ser constante, debe ser permanente.

Los acontecimientos que conmemoramos todos los tenemos presentes, pero es conveniente enunciarlos de forma muy rápida. Recordamos, muchos de los aquí presentes lo vivimos, otros lo han escuchado, otros lo han leído, en 1992 de los meses de Mayo a Agosto, una semana cada mes, cerca de 400 integrantes de nuestra comunidad arquidiocesana de ese tiempo nos reunimos en un trabajo intenso, después de casi 3 años de preparación, en donde toda la Arquidiócesis, en sus distintas formas había podido participar.

Después de terminar las asambleas, con un periodo más o menos largo de sistematización, yo creo que una cuidadosa sistematización, se entregó con ello el documento conclusivo al señor Cardenal, como fruto de esa consulta, como fruto de ese trabajo, como fruto de esa reflexión.

Precisamente en Noviembre, después de esos dos días en que se trabajó ese trabajo conclusivo, se promulgó como un primer documento que contenía ya los principales frutos, a lo que se le llamó: Edicto de clausura, que por cierto los primeros años después de promulgarlo, era fuente de bastante inspiración, lo sigue siendo, pero como ya está contenido en otros documentos, ahorita ya no se habla tanto de él, pero los primeros años fue realmente el punto de partida, el que nos da la luz y el impulso para nuestro trabajo.

Junto con eso, se tuvo, desde luego, la Misa de clausura. Edicto de clausura y Misa de clausura.

Al año siguiente, en 1993, el 21 de noviembre, precisamente en torno a la fiesta de Cristo Rey, en la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, el señor Cardenal promulgó del Decreto General, la expresión más elocuente, la expresión más oficial de esos frutos, que quedan respaldados como bien lo sabemos, por toda esa memoria, por toda esa recopilación de reflexión, que se encuentra en ese libro de aproximadamente mil páginas, el ECUCIM.

Con todo esto y con toda razón, estamos acostumbrados a decir frecuentemente que el Sínodo Diocesano, el II Sínodo de nuestra Arquidiócesis fue un tiempo de Gracia, un tiempo de bendición y esa bendición, esa gracia consistió fundamentalmente en renovar el espíritu misionero, en lanzarnos con esta fuerza del Señor a la evangelización de nuestras culturas.

Estos son, entonces, los acontecimientos que conmemoramos en estos dos años, por eso ahora vamos a detallar un poquito a qué hemos sido convocados, para qué nos reunimos en esta asamblea. Creo que podemos sintetizarlo muy bien en esos dos verbos: Evaluar y Relanzar.

Un trabajo que empieza aquí y que insisto, porque es muy importante que nos quede muy claro, que quedemos muy convencidos, precisamente para afrontar el compromiso, el trabajo que esto significa, evaluar y relanzar de una forma organizada cuya organización queremos proponer, precisamente en esta asamblea, es un conjunto de propuestas bastante elaboradas, pero precisamente propuestas para que ustedes con su enriquecimiento puedan puntualizar lo que aquí se presenta.

El valuar, lo decía ya hace unos momentos, significa desde luego dar gracias a Dios por el esfuerzo evangelizador que el Señor nos permite realizar, muchos, podríamos decir toda la Arquidiócesis de distintas formas, quién más, quién menos, porque a veces nos preocupa el que algunos caminen despacio, que algunos no entren muy de lleno, sin embargo hay trabajo, que es el trabajo de la Iglesia.

Por eso, al evaluar, indudablemente también reconocemos nuestras limitaciones, reconocemos nuestras carencias de todo este trabajo pastoral, en el cual vamos avanzando todos, que vamos compartiendo. Es valorar el trabajo misionero que se va concretizando en el compromiso, en la vida de nuestras comunidades y una buena evaluación nunca termina ahí, una evaluación precisamente es para reorientar, es para tomar un nuevo impulso, como estamos diciendo aquí, es para relanzar, relanzaremos nuestro trabajo desde luego a la luz de las experiencias, a la luz de los logros tenidos y ciertamente una preocupación que debe mantenerse siempre viva, siempre fuerte en nosotros, renovar continuamente la conversión pastoral y así podamos responder, una palabra que a veces nos parece un poco desmedida, una palabra a la que quizá no estamos acostumbrados, pero en los documentos, ustedes recordarán en Aparecida, se encuentra algunas veces, en el documento que debemos trabajar cada vez más, de preparación para el sínodo de los obispos, en Octubre del próximo año, los lineamenta, con audacia relanzar todo este trabajo para responder con audacia, porque nos dice en estos documentos algo que nos debe hacer reflexionar, esta respuesta, este trabajo, esa vida evangelizadora de nosotros requiere de la audacia.

Por eso, ya para ir diciendo una palabra más de ambientación, todo esto lo hacemos bajo la inspiración todo este movimiento que ya tiene varias décadas y que se ha concretado en aquello que llamamos la nueva evangelización, precisamente todos recordaremos que ese fue el tema del II Sínodo Diocesano y así lo enunciábamos, los destinatarios prioritarios de la nueva evangelización, los agentes de la nueva evangelización, etcétera.

Un término que, así sucede en el lenguaje de cualquier sociedad y, concretamente de la Iglesia, se empezó a olvidar un poco y ahora, gracias a Dios, empieza a resurgir y por eso debemos entenderlo, la nueva evangelización; ahí se han puesto algunos textos que precisamente hablan como describiendo, como tratando de mostrar algunos rasgos característicos, algunos rasgos fundamentales de lo que es la nueva evangelización. Algunos elaborados expresamente para este documento, algunos tomados como citas de otros documentos, de otras expresiones, del Papa Juan Pablo II, de Aparecida misma, etc.

Quiero resaltar solamente dos, que por otra parte, personalmente me parece que encierran lo fundamental, lo característico de la nueva evangelización, que debe ser de siempre, que la evangelización será nueva y responderá a lo que es su propósito, cuando tiene estos dos significados que yo les propongo de esta forma, que sea una evangelización que se realiza bajo la luz del Espíritu, ese Espíritu como con dos de sus frutos o sus dones, como le quieran llamar.

También estamos acostumbrados a decir: luz que nos ilumina, que nos hace descubrir el camino, luz que nos aparta de las tinieblas, luz que nos lleva por un camino seguro, pero que también es fuego, es decir, es fuerza; repito, estamos acostumbrados a hablar así, de esos dones, esa fortaleza, esa fortaleza que es renovación, esa fortaleza que es impulso, esa fortaleza que nos lleva a enfrentar aquello que debemos tener, sin lo cual esa fuerza, muchas veces entramos en un apocamiento, en un temor.

Esa tiene que ser una característica de la evangelización para que sea nueva, por eso la primera expresión del Papa Juan Pablo II era así de sencilla, pero tenía todo este contenido, nueva en su ardor, ese ardor que impulsa, ese ardor que mueve, ese ardor que precisamente da un vigor para ir adelante.

Otro ángulo verdaderamente importante de la nueva evangelización, así les propongo, una evangelización que está atenta a los desafíos cambiantes de nuestro mundo, de nuestra sociedad; eso es lo que también la hace nueva, porque el mundo va cambiando, esto es lo que la hace nueva, porque los retos son diferentes, porque los desafíos a veces pueden ser unos y a veces otros, es decir, y aunque esta forma de decir no sea muy ortodoxa, la sociedad en cierta forma nos va marcando los rumbos de nuestra evangelización, en cuanto nos presenta necesidades, en cuanto nos presenta desafíos.

Precisamente en esta asamblea nos encontramos en este tenor, en este periodo que hemos iniciado ya con la misma preparación de la asamblea, que quiere retomar un impulso de escuchar, escuchar qué es lo que necesita el mundo, qué es lo que pide el mundo, qué es lo que esperaría de nosotros y con la luz del Evangelio, con la luz del Espíritu tratar de responder; en ese documento que ahí está citado muchas veces y que les acabo de recomendar, hay una frase que sintetiza mucho el espíritu que nos reúne hoy aquí: el anuncio exige que haya un momento de escucha, como comprensión e interpretación; no podemos lanzarnos solamente a anunciar, como si lo tuviéramos todo, absolutamente todo, como si lo supiéramos todo, sino que necesitamos escuchar, qué se necesita, aún de eso mismo que es toda la riqueza del Evangelio, qué es lo más oportuno, qué es lo más necesario, precisamente ahí tenemos lo que tantas veces hemos dicho, la utilización de los medios de evangelización, en eso consiste precisamente, entre otras cosas, el proceso catecumenal.

Bien, el objetivo de esta asamblea lo hemos formulado de esta manera, ya decíamos, en ocasión de los 20 años del II Sínodo Diocesano, iniciar una etapa de evaluación y proyección. Este trabajo no ve va a agotar aquí, este trabajo al que queremos invitarlos, se va a prolongar durante estos dos años, el primero especialmente para evaluar, es decir el próximo, de aquí a todo el 2012 y el siguiente, para reproyectar, para reformular, para renovar todos esos enfoques del II Sínodo, pero así, actualizado, así, vivido como un proceso, lo que llamamos el proceso postsinodal, ahora iluminado con tantas luces de dentro y de fuera y que queremos iluminarla con esas voces de la Ciudad.

Particularmente se pone un acento, que nos permita descubrir los caminos de inserción en los ambientes urbanos a los que no ha llegado nuestra práctica pastoral habitual, en seguida pasaré a decir los objetivos particulares y uno de esos objetivos trata sobre esto, la evangelización de los ambientes, la evangelización de las culturas, de esas expresiones de vida que tenemos en la Ciudad, que están reclamando la voz, la presencia de la Iglesia, afianzando de esa manera la misión permanente como expresión de la nueva evangelización.

Términos que se entrecruzan y que algunos podrían decir que nos confunden, pero no, en cierta forma son lo mismo, en sus distintas expresiones. Hablamos de misión permanente, hablamos de nueva evangelización, hablamos de misión continental, hablamos de pastoral misionera, en realidad son esto y si quisiéramos ir a lo fundamental, yo me quedaría con la nueva evangelización, así como se nos va describiendo en estos documentos, entonces la nueva evangelización es permanente cuando se hace permanente. La misión continental es un impulso para que la nueva evangelización se haga permanente. No es juego de palabras, sino formas de decirlo, pero es la misión de la Iglesia en estas distintas expresiones.

Es importante atender a los como tres objetivos parciales que tenemos, que corresponden a tres bloques de trabajo; el de hoy, que abarcará toda la tarde, después de esta introducción, es comenzar a identificar y valorar las deficiencias y los logros, comenzar no porque vamos a comenzar aquí, hemos comenzado desde la preparación de esta asamblea, comenzar en relación con todo el próximo año, en este sentido es un inicio, en ese sentido es una primera parte que debe proyectarse a través del próximo año, la identificación, la valoración, es decir, qué tanta importancia tiene cada una de estas deficiencias y de estos logros de lo que hemos venido poniendo en práctica del proceso postsinodal, cuáles son sus causas principales en los distintos niveles, hoy se pondrá el acento en el nivel vicaría, en el nivel Arquidiócesis.

Por supuesto una introducción es eso, empezar un trabajo, yo estoy empezando este trabajo, estoy empezando esta reflexión, esto se va aclarando con los contenidos de los próximos días y espero que vayamos entendiendo y vayamos valorando todo esto que aquí tenemos.

El segundo bloque que tendremos el día de mañana, no completa la tarde de mañana, a partir de algunas experiencias significativas, que se pidió a las vicarías, a través de los señores delegados de pastoral, que se pidió a las comisiones, que la respuesta fue limitada, por lo menos numéricamente, de estas experiencias que puede haber de analizar la pastoral ambiental, experiencias de pastoral ambiental, vamos a analizarla para identificar o descubrir las limitaciones, que podrían ser entre otras de visión, a lo mejor no hemos alcanzado a entender en qué consiste esto, de capacitación, tal vez no estamos preparados para eso y por eso hay poco compromiso, poco trabajo en esto, de recursos, tal vez no tenemos con qué, tal vez ninguna comisión diocesana nos impulsa en esto, no se organiza en esto, en fin, cuáles son las limitaciones que tenemos, cuáles son los logros que hemos tenido en esto de pastoral ambiental.

y se pone este acento, los señores obispos al hablar de este tema, cuando se estaba preparando la asamblea, pusieron el dedo en la llaga, hablando de estos temas y así tomó carta de ciudadanía para esta asamblea, este tema; pero reflexionando se ve, parece ser que esta será la forma de que nuestra pastoral avance, de que nuestra pastoral se enriquezca, de que nuestra pastoral realmente responda o que por lo menos responda un poco mejor a lo que tiene pendiente, que son esos ambientes que deben ser evangelizados.

Y por último, el tercer bloque, que empezaremos mañana, al final de la tarde, se les va a hacer una propuesta, una propuesta muy estudiada, pero no acabada y precisamente pensada de tal forma que sea enriquecida con las aportaciones de todos ustedes, con las observaciones de todos ustedes.

Una propuesta que va a implicar como tres caminos, mañana se explicarán, para acordar una estrategia de análisis de la realidad intra y extra eclesial; a esto nos convocaba el señor Cardenal en las orientaciones pastorales de estos tres últimos años, que para conmemorar los 20 años del II Sínodo Diocesano, se tendría una consulta intra y extra eclesial, para descubrir de forma nueva las prioridades que nuestra Iglesia tiene hoy en su trabajo pastoral, como dice aquí, para que, escuchando a la Ciudad, nuestra práctica pastoral se renueve.

Este es el camino que queremos recorrer, esto es presentado de una forma sintética, precisamente como un anticipo, en esta introducción, lo que nosotros proponemos a ustedes, que trabajemos para responder mejor, para renovar nuestra pastoral.

Muchas gracias.

Mons. Alberto Márquez Aquino
Versión estenográfica


Introducción a la XVII Asamblea Diocesana