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SUBSIDIO DE REFLEXIÓN Y EVALUACIÓN
PREVIO A LA XVII ASAMBLEA DIOCESANA


PRESENTACIÓN

En las Orientaciones Pastorales del 2007, nuestro Arzobispo, el Cardenal Norberto Rivera, nos invitó a vivir una nueva etapa de impulso a la pastoral de conjunto.

Propuso abrir el horizonte de nuestro caminar hacia el año 2013, al cumplirse 20 años del II Sínodo. Marcó como objetivo la formación de los agentes de evangelización y su compromiso apostólico. Pidió a todos los responsables de las distintas instancias pastorales revisar la disponibilidad para incrementar la comunión y coordinar mejor la pastoral arquidiocesana.

Propuso para el año 2013 una amplia consulta dentro y fuera del ambiente eclesial, a fin de proyectar las prioridades de la nueva etapa. Le encomendó a la Vicaría de Pastoral dicha evaluación (cf. n. 5-9).

Este subsidio es un instrumento que inicia la consulta y prepara la XVII Asamblea Diocesana. Los aportes de todos, ayudarán en la dinámica de la Asamblea a afinar: criterios, modalidades, metodología y alcances de la evaluación.

Así podremos proponer a nuestro pastor una dinámica de trabajo que propicie: la actitud de evaluación y escucha en nuestra iglesia particular, que nos renueve como discípulos y misioneros (2012) y ayude a delinear caminos para fortalecer el proyecto de misión permanente hacia los ambientes culturales de nuestra ciudad (2013).

Por ello, el propósito de este subsidio es, por una parte, suscitar la reflexión a manera de examen sobre nuestro actuar misionero y, por otra, ofrecer los aportes necesarios para que podamos avanzar en nuestro compromiso evangelizador.

Este es el sentido de las 20 preguntas que se proponen a lo largo del folleto. Con este criterio, las respuestas que se juzguen oportunas serán entregadas a la comisión central de la asamblea por los delegados de pastoral, en lo que se refiere a las vicarias territoriales, y por los respectivos representantes en lo que se refiere a otras instancias.

Oremos juntos para que el Espíritu Santo nos fortalezca con la apertura y actitud fraterna necesarias para realizar con fruto esta etapa de nuestro caminar eclesial.

México, D. F., Septiembre de 2011

INTRODUCCIÓN

El II Sínodo fue un don especial del Espíritu a la Iglesia particular de México, en él se buscó responder a los grandes desafíos de la Ciudad de México a la Nueva Evangelización.

El Sínodo puso el acento en la evangelización de las culturas, anhelo que había resonado en Vaticano II y en la Evangelii nuntiandi, así como en las Conferencias de Puebla y Santo Domingo, y que hoy vemos fortalecido en Aparecida, fruto de la reflexión continental.

El Sínodo organizó sus reflexiones en base a 4 ejes temáticos: destinatarios, agentes, medios y estructuras. Dicha organización tomó su inspiración de la Evangelii nuntiandi (cf. capítulos IV-VI). El Sínodo generó prioridades, líneas de acción y desafíos encaminados a una renovación pastoral.

La motivación para nuestra Iglesia local fue el caminar juntos. Este caminar lo nombramos proceso diocesano. Cada año se alienta a dar un paso adelante en la comunión pastoral a través de las Asambleas Diocesanas y las Orientaciones Pastorales del Señor Arzobispo.

Ahora, abordaremos el proceso diocesano a partir de las intenciones y líneas inspiradoras que lo han movido, las realidades y proyectos que se han verificado y los desafíos que continúan vigentes. Tomaremos como hilo conductor el proyecto misionero y los cuatro ejes temáticos —los destinatarios, los agentes, los medios y la organización pastoral—.

1. LA OPCIÓN MISIONERA DEL II SÍNODO DIOCESANO Y SU CONTINUIDAD EN      EL PROCESO PASTORAL POST-SÍNODAL

A. Un nuevo y vigoroso proyecto misionero

El Sínodo reflexionó en la naturaleza misionera de la Iglesia, que ha recibido la tarea de llevar el Evangelio al mundo entero (cf. DG 36). Esta reflexión llevó a nuestra iglesia local a asumirse como Iglesia misionera: “La Iglesia de esta Ciudad quiere ser nuevamente misionera”, y “la gran Ciudad de México es el campo de misión”; para lograr este propósito, es necesario estar animados por “el espíritu misionero que nos ha de alentar en una nueva pastoral urbana” (DG 39).

De la misión de la Iglesia participa todo el pueblo de Dios, por eso, el II Sínodo pide que todos los miembros de esta iglesia local nos asumamos enviados a la misión: obispos, presbíteros, diáconos, religiosos (as) y laicos(as).

Con la opción misionera, nuestra iglesia local ya intuía lo que posteriormente Aparecida expresó al impulsar a los creyentes de América Latina a convertirse en discípulos misioneros y enviar a la Misión Continental.

Esta V Conferencia, recordando el mandato de ir y de hacer discípulos (cf. Mt 28,20), desea despertar la Iglesia en América Latina y El Caribe para un gran impulso misionero… ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza! (DA 548).

Ser una Iglesia misionera requiere de una conversión pastoral. Aparecida señala (cf. DA 370) la necesidad de pasar de una pastoral centrada en la celebración de los sacramentos, para quienes ya están dentro (pastoral de conservación); a una pastoral misionera, con la renovación de sus estructuras para salir al encuentro de los alejados.

Desafío

El Sínodo señaló que el proyecto misionero de la ciudad requiere que la pastoral desarrolle características especiales que le permitan lograr su objetivo. Ha de ser:

a) Pastoral misionera de encarnación

“La acción pastoral debe buscar constantemente insertarse en la vida, a imitación del Hijo de Dios —Jesucristo— que se encarnó y tomó la condición humana” (DG 42). Implica conocer los ambientes que queremos evangelizar, hacernos como uno de ellos para comprender, desde dentro, sus motivaciones y opciones; encarnarnos en actitud de servicio (cf. DG 43).

b) Pastoral misionera de testimonio

Cumplir la misión de anunciar el Reino de Cristo requiere de la fuerza del testimonio personal y comunitario: “la caridad, la justicia, la fraternidad, la igualdad, la paz, el perdón, la libertad, la responsabilidad, la austeridad y la servicialidad, la gracia y la santidad de la vida, la concordia y la reconciliación…” (DG 47).

El testimonio comunitario es fundamental. Aparecida nos dice:

Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo.

Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo (DA 362-363).

c) Pastoral misionera de diálogo

La actividad de nuestra Iglesia debe tener como sello fundamental el diálogo con las culturas. La Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir. “Esta Iglesia… quiere ser agente de diálogo… con todos los cristianos, con otros creyentes, con los no creyentes, siempre en pleno respeto a las personas y a las instituciones” (DG 59).

Aparecida nos invita al diálogo en todos los ámbitos: ecuménico, fe-ciencia, medios de comunicación, centros culturales… (cf. DA 495-498).

B. El proceso post-sinodal

Después del Sínodo, la Iglesia arquidiocesana ha querido llevar adelante el proyecto evangelizador en la ciudad de México. La tarea no es sencilla ni rápida, por tratarse de un caminar comunitario y de una transformación a fondo. Podemos distinguir las siguientes etapas:

a) Arranque (1993-1996)

Después del Sínodo se implementó el PIA (Programa Inicial Arqudiocesano), para poner en marcha el proyecto misionero de Evangelización de las culturas, con especial énfasis en los alejados y pobres. El programa subrayaba la urgencia de vigorizar el espíritu misionero de todos los agentes y dar un nuevo impulso a la promoción del laicado. Se dividió en tres programas específicos:

  • Sectorizar parroquias para impulsar procesos catecumenales y la formación del laicado.
  • Impulsar centros de promoción humana.
  • Formar equipos de pastoral ambiental.

b) Preparación a la misión (1997-2000)

El PIA, planeado para realizarse en año y medio, mostró la necesidad de desarrollar procesos, estructuras y medios. La reflexión post-sinodal llevó a nuestra iglesia local a proyectar una misión intensiva para el año 2000. Destinó tres años que coincidieron con la preparación de toda la Iglesia al jubileo del 2000. Se acentuaron dos aspectos necesarios a la misión: la conversión y la comunión (cf. OP 1998; 1999).

c) Realización de la misión intensiva (2000)

La misión 2000 revitalizó la vocación apostólica de los agentes y el espíritu de servicio de las instancias pastorales. Fue un ensayo del proceso evangelizador con el anuncio del kerigma como primer momento. Logró la capacitación de muchos agentes, fue el comienzo de un proceso de concientización de las implicaciones de la reflexión Sinodal y de lo que significa hacer misión.

d) Proyección (2001-2004)

La misión intensiva hizo reconocer a nuestra Iglesia local que la misión tenía que ser permanente. Se enfatizó que la pastoral misionera ha de ser la forma habitual de nuestra práctica pastoral (cf. OP 2001). Se intentó apoyar a las instancias arquidiocesanas para coordinar esfuerzos y consolidar o poner en marcha lo que faltaba por realizar. Una de esas instancias fue la parroquia (cf. OP 2003; Manual operativo, 2004).

e) El proceso evangelizador (2005 -2007)

Se tomó conciencia de que el camino para la misión permanente es el proceso evangelizador con sentido misionero en sus diferentes momentos: catequesis, reiniciación cristiana (cf. OP 2005) pastoral social (cf. OP 2006). Hoy se traduce en la clarificación de las etapas de la formación: inicial, básica, específica y permanente (cf. Marco general para la formación de los agentes de pastoral). También se impulsaron algunas instancias para propiciar la conversión pastoral, personal y comunitaria de todos los agentes (cf. OP 2007).

f) La formación como prioridad (2008-2010)

El proceso diocesano marcó la necesidad de la formación de todos los agentes. Si al principio se puso el énfasis en la formación del laicado, a partir de 2008 se retoma la necesidad de la formación para todos: obispos, presbíteros, diáconos, consagrados y laicos. Hoy la formación constituye la columna vertebral del proyecto misionero.

g) Hacia el diálogo con las culturas (2010)

La Asamblea del 2010, retomó la reflexión del diálogo con las culturas y la preocupación central del II Sínodo: la evangelización de las culturas; el tema es eminentemente misionero porque manifiesta la razón de ser de la Iglesia (cf. OP 2011).

h) Hacia la Evaluación (2011-2013)

Hoy, el reto mayor al que nos enfrentamos es la continuidad y consolidación del compromiso evangelizador que impulsó el Sínodo y retomó la misión 2000, reconociendo como columna vertebral la formación de agentes. Se proyecta una evaluación amplia, al cumplir 20 años del Sínodo, para plantear nuevas estrategias.

2. DESTINATARIOS-INTERLOCUTORES

El II Sínodo dedicó a los Destinatarios (cf. EN 49-58) la segunda semana de reflexión. Actualmente se prefiere decir: destinatarios-interlocutores, para acentuar la actitud dialogante que descubre los valores ya presentes en la persona y en los grupos y reconoce que el proceso de evangelización ha de hacerse de forma participativa (cf. OP 2011, n 11).

El Sínodo tuvo presente el designio universal de salvación, pues “los destinatarios del Evangelio somos todos los seres humanos”, “los obispos, los presbíteros, los demás fieles… somos los primeros destinatarios de la acción evangelizadora de la Iglesia” (DG 63, 64). Sin embargo, por estrategia pastoral, se vio necesario elegir.

Se optó por los alejados y los pobres, por criterios evangélicos, pues así actuaba Jesús, sin excluir a nadie; la elección por las familias y los jóvenes se hizo por considerarlas “realidades básicas y fundamentales” de la vida humana que “manifiestan un preocupante derrumbe de valores humano-cristianos y reclaman, con particular urgencia, una nueva evangelización” (DG 66).

La elección de las 4 prioridades, llevó a la asamblea sinodal a recapacitar y a concluir que se trataba de:

La secularización origina otras realidades que refuerzan el alejamiento: la masificación, el anonimato, la despersonalización y, sobre todo, la descristianización (cf. ECUCIM 1354, 1893...).

El Sínodo se acerca a una cierta “tipología de los alejados” (cf. ECUCIM 1341), que enuncia, de algún modo las causas mencionadas arriba:

  • Bautizados no practicantes ni creyentes, ciudadanos de un mundo secularizado, indiferentes ante lo religioso y lo trascendente.
  • Bautizados creyentes pero no practicantes, de fe individual; estiman que la relación con Dios es un hecho puramente interior y privado.
  • Bautizados practicantes pero no iniciados en la fe, cuya falta de formación impide recibir en sus vidas el influjo vital del Evangelio.

Avances

La convicción sobre los alejados como el interlocutor principal ha estado presente durante el proceso post-sinodal, logrando así cierto grado de maduración. Esto se puede constatar en el documento “Hacia el plan pastoral de la Arquidiócesis de México” (1997), cuyo centro de gravedad es la pastoral de sentido catecumenal, o de reiniciación cristiana. Esta dirección se ha mantenido en los contenidos y enfoques de las posteriores asambleas diocesanas y en las correspondientes Orientaciones Pastorales.

El que en la mentalidad pastoral de las comunidades y de los pastores, haya prevalecido la preocupación por los alejados, ha tenido efecto positivo al ir afianzando el proceso evangelizador con sentido misionero, con variadas expresiones.

El lenguaje es ya compartido, aunque no de la misma forma ni de manera profunda. El aprecio por el “Manual Operativo para la Pastoral Parroquial” (2004), cuyo contenido va en esa línea, hace palpable la sensación de estar en el camino.

El enfoque de la pastoral socio-caritativa, ha tenido momentos significativos de reflexión respecto de los Pobres:

  • Durante el Sínodo.
  • En el proceso post-sinodal (cf. “La pastoral de la caridad en tiempos de misión evangelizadora en la Arquidiócesis de México”, 2000; OP 2006).

La preocupación por los pobres se ha valorado como expresión importante del testimonio cristiano y complementación necesaria del primer anuncio.

Desafíos

El alcance a los alejados es todavía reducido. Los alejados con los que se ha trabajado son, la mayoría, personas que estaban en torno a la vida de la Iglesia; ahora están viviendo un proceso de formación y están más organizados.

En general se trata de adultos mayores, principalmente mujeres.

  • Prácticamente no se ha llegado a los jóvenes, a los estudiantes, a los profesionistas y a muchos otros miembros de la sociedad.
  • Es difícil encontrar parroquias en las que la pastoral familiar, juvenil o socio-caritativa sea efectivamente prioridad.
  • La pastoral familiar y la pastoral juvenil no han logrado tener el grado de importancia esperado.
  • Los planes y programas no han logrado involucrar a la Arquidiócesis en su conjunto. Se ha trabajado desde las comisiones diocesanas, a veces en coordinación con las comisiones de vicaría.
  • Existe gran debilidad de los esfuerzos paralelos, que no dan por resultado la necesaria pastoral orgánica, fruto de la debida articulación, subsidiariedad y corresponsabilidad, entre otras exigencias.

Convencidos de que la cuestión está en la secularización, nuestra pastoral debe enfrentar la ruptura entre fe y vida.

Con gratitud hacia Dios podemos decir que el II Sínodo con mucha lucidez nos ha señalado el camino:

La pastoral misionera de encarnación, testimonio y diálogo (cf. DG 41-60).

Son caminos seguros, amplios y complejos, que apenas hemos empezado a recorrer.

  • No hemos sabido implementar en grado suficiente las acciones, la organización, la formación.
  • Necesitamos consolidar firmemente en nuestras comunidades, parroquias, familias, grupos apostólicos, una mentalidad definidamente evangelizadora y encarnada, que lleve a superar una visión exclusivamente espiritual o intimista de la fe.
  • Para ser una Iglesia interlocutora de las culturas, necesitamos entender sus motivaciones y lenguajes.

Queda pendiente llevar a cabo lo que se dice en el Edicto de Clausura del Sínodo (n. 58): “retomar… la correlación de las diversas estructuras diocesanas; es indispensable un enfoque que globalice e interrelacione esas diversas estructuras”, que nos lleve a “una pastoral descentralizada y pluralista, dentro de un gran sentido de comunión y organicidad de toda la pastoral de la Iglesia local de la Ciudad de México” (Id. 65).

Se trata de que la opción prioritaria sinodal sea una opción efectivamente diocesana, en la que se empeñen de manera corresponsable todos los implicados en la pastoral, en sus diversos niveles, en la ejecución, en la coordinación, en la programación y en la dirección.

3. LOS AGENTES DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

El II Sínodo recordó que el bautismo fundamenta la corresponsabilidad de todos los miembros de la Iglesia (cf. ECUCIM 1915); describió el perfil que deberían tener los agentes para proponer el Evangelio a las culturas de la Ciudad.

Reafirmó que la vocación fundamental nos llama a todos a ser evangelizadores.

“Toda la Iglesia es evangelizadora; por eso la evangelización no es un hecho individual o aislado, sino profundamente eclesial; y no puede ser realizado a título personal, sino en virtud del mandato del Señor” (ECUCIM 1999).

Esta tarea, que constituye la "dicha y vocación propia de la Iglesia" (EN 14), supone (cf. ECUCIM 1995):

  • El esfuerzo de acercamiento profundo a las culturas de nuestro tiempo buscando impregnarlas del espíritu del Evangelio (inculturación).
  • Una renovada conversión de los agentes evangelizadores, esto hace que la Iglesia sea siempre evangelizada y evangelizadora (cf. EN 13).

El Reino de Dios es el objetivo fundamental de la misión de la Iglesia (cf. ECUCIM 2016):

“Actuar en comunión y corresponsabilidad para que la evangelización se realice como respuesta adecuada y generosa a los clamores de los destinatarios prioritarios de la opción sinodal” (ECUCIM 2027).

Los pastores —obispos, presbíteros y diáconos—, acompañan el crecimiento y maduración apostólica de las otras vocaciones cristianas (cf. ECUCIM 2028).

La vida consagrada contribuye desde sus diversos carismas apostólicos o contemplativos (cf. ECUCIM 2029-2030).

Los laicos, "hombres del mundo en el corazón de la Iglesia y hombres de Iglesia en el corazón del mundo", son los Agentes primordiales de la evangelización (cf. ECUCIM 2032).

El Sínodo señala que, para superar el problema del divorcio entre la fe y la vida, es urgente que todos los agentes de la Nueva Evangelización:

  • Vuelvan a Cristo como principio real y existencial de vida para dar testimonio de Él.
  • Se reencuentren con la Iglesia como experiencia de comunión y comunidad de personas en Cristo.
  • Den respuesta a las necesidades pastorales, de las familias, los alejados, los pobres y los jóvenes (cf. ECUCIM 2035).

El Sínodo señaló algunas limitaciones que obstaculizan que los agentes se multipliquen y sean verdaderos testigos del Evangelio y de la comunión eclesial (cf. ECUCIM 2036-2037 y 2045 – 2049).

Desafíos

El Sínodo marca desafíos concretos para cada vocación en la Iglesia:

Para el Arzobispo:

  • Proyectar su vida y ministerio en colaboración orgánica, corresponsable y subsidiaria con los otros miembros de la Iglesia.
  • Recibir apoyo humano, espiritual y pastoral del presbiterio.
  • Atender, de modo prioritario, la formación permanente y la problemática humana, espiritual y ministerial de los sacerdotes (ECUCIM 2103).

Para los presbíteros:

  • Estilo de vida que los haga signos creíbles de Cristo.
  • Espiritualidad profunda, conversión y formación permanente con dimensión misionera.
  • Inserción en la comunidad que enriquezca su vida apostólica y les permita vivir los consejos evangélicos.
  • Amor a la Iglesia diocesana, expresada en la comunión con el Obispo y demás presbíteros.
  • Encarnación en la realidad y corresponsabilidad dentro de una auténtica pastoral de conjunto.
  • Formación permanente y participación en los programas establecidos que los ayuden a superar la rutina, mediocridad, improvisación…
  • Trato amable, respetuoso, fraterno y humano con sus fieles, como quien "no ha venido a ser servido, sino a servir" (cf. ECUCIM 2174; 2246).

La vida consagrada necesita:

  • Ser apoyada y valorada por la comunidad eclesial, y ella apoyar a la comunidad.
  • Responder al reto de la Nueva Evangelización en la Ciudad, siendo fiel a su identidad.
  • Coordinar su acción evangelizadora en la pastoral de conjunto y actualizar su inserción apostólica en la Arquidiócesis (cf. ECUCIM 2288).

Los laicos requieren:

  • Ser convocados y promovidos por la comunidad eclesial para transformarse en verdaderos apóstoles en la sociedad.
  • Ser promovidos para convertirse en agentes: de tiempo completo o medio tiempo; que acompañen los procesos pastorales en las comunidades (cf. ECUCIM 2469; 2565).


Ver Subsidio de Reflexión y Evaluación previo a la XVII Asamblea Diocesana en PDF

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