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EUCARISTÍA


Luego el señor Arzobispo regresa a la sede, deja la mitra e invita a los fieles a orar.

ORACIÓN UNIVERSAL DE LOS FIELES

PRESIDENTE: Dirijamos llenos de confianza, nuestras súplicas a Dios nuestro Padre, que ha enviado a su Hijo como Pastor y Obispo de nuestras almas. A cada petición respondamos cantando:

DIÁCONO: Para que el Papa, los Obispos, los Presbíteros y los Diáconos, así como todos los fieles de la Iglesia, se esfuercen con celo para reconciliar al universo con Dios y pacificar por la sangre de la cruz de Jesucristo a todas las criaturas. Oremos.

DIÁCONO: Para que la semilla del Evangelio, escondida en las diversas expresiones religiosas y culturales de nuestra ciudad, germine y se manifieste, y todos los hombres reconozcan con gozo que Cristo es Señor para gloria de Dios. Oremos.

DIÁCONO: Para que nuestra Iglesia diocesana crezca cada día a la luz del Evangelio y se comprometa más en la transformación de la sociedad. Oremos.

DIÁCONO: Para que los que hoy nos hemos reunido en la XVII Asamblea Diocesana, el Señor nos conceda saber escuchar las voces de la ciudad y testimoniar a todos la verdad del Evangelio. Oremos.

PRESIDENTE: Escucha, Dios de bondad, las súplicas que te presentamos y concédenos todo lo que sirva a nuestra santificación. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA

Terminada la oración universal, el Presidente se sienta. Los concelebrantes y el pueblo igualmente se sientan. Entonces se comienza el canto para la presentación de los dones, que se prolonga por lo menos hasta que éstos sean colocados sobre el altar. Además de las ofrendas de Pan y Vino, se llevan al altar las rosas que serán bendecidas al final de la Misa.

Canto de ofertorio

Cuando todo está preparado, el Sacerdote va al altar, recibe del diácono la patena con pan, y con ambas manos la eleva un poco sobre el altar, diciendo en secreto la fórmula correspondiente.

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre,que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

Después deja la patena con el pan sobre el corporal. Enseguida toma el cáliz y manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice en secreto:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él ser a par a nosotros bebida de salvación.

Después deja el cáliz sobre el corporal.

A continuación, el sacerdote, inclinado, dice en secreto:

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

En seguida el turiferario se acerca al Sacerdote, el Diácono le presenta la naveta, y el Sacerdote pone incienso y lo bendice. Después el Sacerdote mismo recibe del Diácono el incensario, y acompañado por éste, inciensa las ofrendas, el altar y la cruz, como lo hizo al principio de la Misa. Terminada esta incensación, todos se ponen de pie, el diácono —o el turiferario— inciensa al Sacerdote, el cual está de pie y luego a los concelebrantes y después al pueblo.

Una vez incensado el Sacerdote, que se encuentra a un lado del altar, se le acercan los ministros con la jarra de agua, la palangana y la toalla. El Sacerdote se lava y se seca las manos. Mientras hace esto dice en secreto:

Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.

Después, de pie en el centro del altar y de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice la siguiente fórmula:

PRESIDENTE: Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

TODOS: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de tu nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

PRESIDENTE: Señor, como aceptaste la pasión de tu Hijo, dígnate aceptar también por la salvación del mundo los dones y plegarias de tu Iglesia Por Jesucristo, nuestro Señor.


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