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HOMILÍA EN EUCARISTÍA
DE CLAUSURA


Queridos hermanos y hermanas, fieles laicos de Cristo Jesús. Muy queridas hermanas de vida consagrada. Saludo con especial afecto a mis hermanos presbíteros, próvidos y necesarios colaboradores de su obispo. Muy queridos diáconos. Muy queridos señores obispos, vicarios episcopales, que comparten con su servidor, día tras día, la misión que hemos recibido en esta gran Ciudad.

Saludo en este día, especialmente, al venerable cabildo de la Basílica de Guadalupe y sobre todo, a los nuevos miembros de este cabildo, que me he permitido constituir, como nuevos canónigos.

Vemos que en nuestros días se está dando un fenómeno y se da con mucha frecuencia, de la fusión de las grandes empresas; saben que si siguen trabajando aisladamente, la tendencia es desaparecer, otros más grandes se las van a comer y así, los que viajamos con frecuencia vemos que una compañía mexicana forma parte de un gran grupo, skyteam.

Pero, no solamente en el mundo de los negocios se dan esas grandes fusiones, vemos que en la política, inclusive los partidos de ideología muy disímbola, hacen coaliciones para poder llegar al poder; a veces no entendemos por qué se unen, pero saben que así tendrán mayor eficacia o tendrán mayor número de votos.

El primer día comenzábamos nuestra oración reflexionando las palabras del Señor: La gloria de mi Padre es que ustedes vayan y den fruto y, la asamblea ha comenzado un trabajo sumamente indispensable, una revisión, una autocrítica, una evaluación de lo que hemos venido haciendo y lo que hemos dejado de hacer durante estos años; ya vamos a cumplir 20 años de que se celebró el II Sínodo Diocesano y tenemos que ver necesariamente cuál ha sido el caminar, en qué hemos avanzado, en qué hemos retrocedido, qué nos falta por hacer, qué es lo que nos reclama la gran Ciudad en estos momentos, porque esta gran Ciudad ha cambiado en todo este tiempo.

Y sentimos la necesidad de hacer esa gran evaluación, pero antes del quehacer siempre está el ser, es muy importante lo que nosotros hayamos hecho o lo que hayamos dejado de hacer, revisarlo, tenerlo muy presente, pero es mucho más importante que revisemos y también preveamos cómo se va a realizar nuestro ser en el futuro.

Veíamos que hay una gran diversidad de ambientes, de ambientes muy variados, quién atiende a los obreros de las grandes empresas, los burócratas que trabajan en las distintas dependencias y en los distintos niveles de gobierno, ¿hay alguien que esté atento para que haya una palabra de Buena Nueva, de Evangelio, de Buena Noticia para ellos?

Los encarcelados, los migrantes, los indígenas, los niños de la calle y así podríamos dar una gran lista, como ustedes la han dado, de ambientes en donde hay diversidad de culturas en nuestra gran Ciudad y es bueno que revisemos si realmente todos esos sectores del pueblo están recibiendo el mensaje o han quedado al margen de la Buena Noticia.

Pueda ser que nosotros hemos estado encerrados y ellos tomando un camino muy distinto; puede ser que la Buena Noticia no les haya llegado, pero como digo, antes de nuestro quehacer tenemos que atender la Palabra del Señor, para poder ser creídos, para que nuestra palabra sea creíble, tenemos que ser un sacramento de comunión, de comunión con Dios y de comunión de los hermanos entre sí, por eso el Evangelio insistía en que debemos permanecer con Cristo, en que debemos ser de Cristo, en que no podemos separarnos del tronco que es Cristo.

Pero también la comunión se tiene que realizar a nivel nuestro y no es una tarea fácil, los señores obispos, los decanos, los párrocos saben que esta es una tarea continua que se tiene que estar trabajando, nunca terminada, ¿cuándo llegaremos a ser uno como el Padre y el Hijo son uno?, pues hasta que lleguemos al otro barrio, aquí siempre, porque somos distintos, somos diversos, provenientes de medios ambientes muy variados, necesariamente tenemos que ser distintos como personas.

Y esta gran variedad de culturas, esta gran variedad de ambientes y la diversidad de pensamientos y de quehaceres y carismas en la Iglesia también reflejan algo esencial, las Tres Personas son distintas, el Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Padre ni es Espíritu Santo, ni el Espíritu Santo es el Hijo o el Padre; debemos ser distintos, sí, es una gran riqueza nuestra Iglesia, esa diversidad de carismas, esa diversidad de tareas que a veces están presentes en nuestra Iglesia, pero como cada quien en su nicho, como francotiradores.

Nosotros tenemos un gran reto, ser un signo, que sean uno, que sean perfectamente uno como Tú, Padre y yo somos uno, para que el mundo crea. Una tarea que debemos revisar, porque ahí está nuestro ser, no para mayor eficacia, no para tener mayor repercusión social, sino para reflejar lo que debemos de ser, porque si no somos lo que somos, entonces qué carajos somos.

Si perdemos nuestro ser, nuestro quehacer también pierde sentido, nuestro quehacer no va a tener la eficacia, tampoco, así lo avisa Jesús, para que el mundo crea y a veces esta trabajo es una cosa de todos los días.

En la visita pastoral me he encontrado con que hay colegios católicos, sin ninguna relación entre ellos, como si fueran competencia, hay hermanos - hermanas que tienen hospitales y como si fueran de otra compañía; nosotros mismos dentro de nuestras parroquias tenemos escuelas de hermanos o hermanas religiosas y escuelas oficiales, pero como diciendo: esto no pertenece a la parroquia y menos si es cárcel, que la atienda el encargado de eso.

El ir congregando, el ir reuniendo a todos los agentes de la pastoral, para vivir esa comunión en nuestra Iglesia es una tarea que continuamente es un reto para todos nosotros y nunca lo podemos perder de vista.

Qué bueno que revisemos las acciones, las tareas, los quehaceres, pero es mucho más importante que revisemos, en este periodo que sigue, nuestro ser, ser signo, ser sacramento, sacramentos eficaces de la comunión con Dios y de la comunión de los hermanos entre sí.

Es importante revisar las acciones, los compromisos, los retos que hemos tenido, pero será mucho más importante que en el futuro de esa revisión tengamos muy presente nuestro ser, ser comunión, comunión con Dios y comunión entre nosotros, en esta gran Ciudad en donde hay tanta diversidad, diversidad de carismas, diversidad de pensamientos, de estrategias, de quehaceres, los más diversos.

Somos un solo cuerpo y tenemos que ser un signo visible, no solamente porque cada año nos reunimos en una asamblea diocesana, sino es una tarea que a nivel de parroquia, a nivel de decanato, a nivel de vicaría y a nivel de Arquidiócesis debemos estar continuamente preocupados de poner signos visibles, signos que realmente impacten, de que somos uno, de que pertenecemos al mismo cuerpo, de que somos un sacramento de la unión con Dios y de los hermanos entre sí.

Norberto Cardenal Rivera Carrera
Versión estenográfica