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ORACIÓN INICIAL
Viernes


LECTIO DIVINA

Viernes de la XXXIV Semana Tiempo Ordinario

CELEBRANTE: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

TODOS: Amén.

CELEBRANTE: La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, el amor de Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.

TODOS: Y con tu espíritu.

Monición: Hacemos esta Lectio Divina o lectura orante de la Palabra de Dios con la idea de actualizar el mensaje sublime de amor que el Señor Jesús nos trajo de parte de Dios Padre. Nos ponemos en su presencia haciendo el siguiente canto:

Oh, deja que el Señor te envuelva en su Espíritu de amor,
satisfaga hoy tu alma y corazón.
Entrégale lo que te impide y su Espíritu vendrá
sobre ti y vida nueva te dará.

Cristo, oh Cristo, ven y llénanos.
Cristo, oh Cristo, llénanos de ti.

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor Jesucristo.

Monición: Disponemos nuestro corazón y entendimiento para escuchar la Palabra de Dios, tratando de descubrir el tema o los temas principales, símbolos, personajes, figuras y acciones dentro de su contexto histórico y literario. En este punto de la Lectio Divina nos cuestionamos sobre: ¿qué dice el texto?

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Lucas 21, 29-33

Y Jesús les hizo esta comparación: "Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca. Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Monición: En silencio, meditemos la Palabra de Dios.

3) Reflexión

  • El evangelio de hoy nos trae las recomendaciones finales del Discurso Apocalíptico. Jesús insiste en dos puntos: (a) en la atención que hay que dar a los signos de los tiempos (Lc 21, 29-31) y, (b) en la esperanza, fundada en la firmeza de la palabra de Jesús, que expulsa el miedo y la desesperanza (Lc 21, 32-33).
  • Lucas 21, 29-31: Jesús manda mirar la naturaleza: "Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol, cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca”. Jesús pide que la gente contemple los fenómenos de la naturaleza para aprender de ellos cómo leer e interpretar las cosas que están aconteciendo en el mundo. Los brotes en la higuera son una señal evidente de que el verano está llegando. Así también aquellas siete señales son la prueba de que, “¡el Reino de Dios está cerca!” Hacer este discernimiento no es fácil. Una persona sola no se da cuenta del mensaje. Es reflexionando juntos, en comunidad, que la luz aparece. Y la luz es ésta: experimentar en todo lo que acontece una llamada a no encerrarse en el momento presente, sino mantener el horizonte abierto y percibir en todo una flecha que apunta más allá, hacia el futuro. Pero la hora exacta de la llegada del Reino nadie la sabe. En el evangelio de Marcos, Jesús llega a decir: "Cuanto a ese día o a esa hora, nadie la conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre" (Mc 13, 32).
  • Lucas 21, 32-33: “Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Esta palabra de Jesús evoca la profecía de Isaías que decía: Una voz dice: “Grita”. Y yo respondo: “¿Qué he de gritar?” La voz dice: “Toda carne es hierba, y toda su delicadeza como flor del campo. La hierba se seca y la flor se marchita cuando sobre ella pasa el soplo de Yahvé”. La hierba se seca y la flor se marchita, mas la palabra de nuestro Dios permanece para siempre (Is 40, 6-8). La palabra de Jesús es la fuente de nuestra esperanza. ¡Lo que dice, sucederá!
  • La venida del Mesías y el fin del mundo. Hoy mucha gente vive preocupada con el fin del mundo. Algunos se basan en una lectura errada y fundamentalista del Apocalipsis de Juan y llegan a calcular la fecha exacta del fin del mundo. En el pasado, a partir de los “mil años” mencionados en el Apocalipsis (Ap 20, 7), la gente solía repetir: “¡El año 1000 pasó, pero el 2000 no pasará!” Por esto, en la medida en que se iba acercando el año 2000, muchos quedaban preocupados. Hubo hasta gente que, angustiada con la llegada del fin del mundo, llegó a suicidarse. Pero el año 2000 pasó y nada aconteció. ¡El fin del mundo no llegó! La misma problemática estaba viva en las comunidades cristianas de los primeros siglos. Ellas vivían en la expectativa de la venida inminente de Jesús. Jesús vendría a realizar el Juicio Final para terminar con la historia injusta del mundo acá abajo e inaugura una nueva fase de la historia, la fase definitiva del Nuevo Cielo y de la Nueva Tierra. Pensaban que esto ocurriría dentro de una o dos generaciones. Mucha gente estaría con vida todavía cuando Jesús iba a aparecer glorioso en el cielo (1 Ts 4, 16-17; Mc 9, 1). Y había hasta personas que habían dejado de trabajar, porque pensaban que la venida fuera cosa de pocos días o de semanas (2 Tes 2, 1-3; 3, 11). Así pensaban. Pero hasta ahora, la venida de Jesús, ¡todavía no ha ocurrido! ¿Cómo entender esta demora? En las calles de la ciudad, la gente ve pintadas en las paredes las palabras: ¡Jesús volverá! ¿Viene o no viene? ¿Y cómo será su venida? Muchas veces la afirmación “Jesús volverá” es usada para dar miedo a las personas y obligarlas a ir a una determinada iglesia.

En el Nuevo Testamento, el retorno de Jesús es siempre motivo de alegría y de paz. Para los explotados y oprimidos, la venida de Jesús es una Buena Noticia. ¿Cuándo vendrá? Entre los judíos, las opiniones eran muy variadas. Los saduceos y los herodianos decían: “¡Los tiempos mesiánicos llegaron ya!” Pensaban que su bienestar durante el gobierno de Herodes fuera expresión del Reino de Dios. Por esto, no querían cambio y estaban en contra de la predicación de Jesús que convocaba a la gente para cambiar y convertirse. Los fariseos decían: “¡La llegada del Reino va a depender de nuestro esfuerzo en la observancia de la ley!” Los esenios decían: “El Reino prometido llegará sólo cuando hayamos purificado el país de todas las impurezas”. Entre los cristianos había la misma variedad de opiniones. Algunos de la comunidad de Tesalónica en Grecia, apoyándose en la predicación de Pablo, decían: “¡Jesús volverá!” (1 Tes 4, 13-18; 2 Tes 2, 2). Pablo responde que no era tan simple como se lo imaginaban. Y a los que habían dejado de trabajar decía: “¡Quien no quiere trabajar, que no coma!” (2 Tes 3, 10). Probablemente se trataba de gente que a la hora del almuerzo iba a mendigar comida a casa del vecino. Los cristianos opinaban que Jesús volvería después que el evangelio fuera anunciado al mundo entero (Hechos 1, 6-11). Y pensaban que cuanto mayor fuera el esfuerzo de evangelizar, más rápidamente vendría el fin del mundo. Otros, cansados de esperar, decían: “¡No volverá!” (2 Pd 3, 4). Otros basándose en las palabras de Jesús, decían con acierto: “¡Ya está en medio de nosotros!” (Mt 25, 40).

Hoy pasa lo mismo. Hay gente que dice: “Como van las cosas, está bien tanto en la Iglesia como en la sociedad”. No quieren cambios. Otros esperan el retorno inmediato de Jesús. Otros piensan que Jesús volverá por medio de nuestro trabajo y anuncio. Para nosotros, Jesús está en medio de nosotros (Mt 28, 20). El ya está de nuestro lado en la lucha por la justicia, por la paz, por la vida. Pero la plenitud no ha llegado todavía. Por esto, esperamos con firme esperanza la liberación total de la humanidad y de la naturaleza (Rom 8, 22-25).

4) Para la reflexión personal

  • Jesús pide que miremos la higuera, para contemplar los fenómenos de la naturaleza. En mi vida, ¿aprendí alguna cosa contemplando la naturaleza?
  • Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará”. ¿Cómo encarno estas palabras de Jesús en mi vida?

5) Oración final

Oremos: Señor, dichosos los que moran en tu casa y pueden alabarte siempre; dichoso el que saca de ti fuerzas cuando piensa en las subidas (Sal 84, 5-6).

CELEBRANTE: Concluimos nuestra Lectio Divina, recitando juntos la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro ...

Canto: