Logo Vicaría de Pastoral - IR A HOME

Página Principal





 

PRINCIPAL

CONTENIDO

PREASAMBLEA

ASAMBLEA
POSTASAMBLEA
VOZ PASTOR
APORTACIONES
DOCUMENTOS
FOTOGRAFÍAS
MAPA SITIO

 


PANEL DE SÍNTESIS


Pbro. Julián Arturo López Amozurrutia

Buenas tardes. Me han pedido afrontar una reflexión en torno al primer eje, es decir, justo la opción del Sínodo y de toda la Arquidiócesis, de dar el paso de una mentalidad de conservación, a una disposición global misionera, lo que en varios lados le llaman la opción misionera de la Arquidiócesis.

La reflexión que les presento la he basado tanto en el documento que está sirviendo como instrumento de reflexión y de consulta en distintos niveles diocesanos, como en las respuestas que se dieron a la consulta de parte de las vicarías y un poquito lo que pudimos pescar de las reflexiones de esta tarde.

En general, me parece que claramente existe ciencia del proceso que se ha estado viviendo, existe un proceso, aunque siempre hay unas voces extremas, desde la que narra el Sínodo como el momento que cimbró del Evangelio toda la Arquidiócesis y desde ese momento todo ha cambiado, hasta los que dicen que no se ha hecho absolutamente nada y que todo es un discurso en papel, entre este extremo triunfalista y el extremo derrotista, la gran mayoría de las participaciones, son matizadas y realistas, es decir, hay una disposición favorable ante la opción más misionera y se reconocen avances en ella.

Hay una sensata cuestionante de si verdaderamente la opción misionera es el eje en torno al cual giran nuestras actividades. Queda muy claro que todos hablamos de misión, pero podemos decir que en este momento todos los esfuerzos, todas las actividades, el resto de energía que utilizamos como Iglesia, están girando en torno a la idea de la misión, en este sentido parece que no del todo, aquí estaría como el salto cualitativo que se tiene que dar.

También se puede reconocer la diferencia entre conocer la opción misionera, habérsela apropiado y por otro lado, estar realmente trabajando en ella. A veces estos tres niveles: conocer, habérsela apropiado y ponerla en práctica se confunden. Alguien puede estar muy entusiasmado con la misión, pero no ha hecho nada de misión, o bien, se están haciendo muchas cosas misioneras, pero no hay realmente un entusiasmo misionero. Son tres niveles realmente distintos.

En general, en los tres aspectos se reconoce un avance que no es lineal ni homogéneo, a este propósito propongo tres cuestiones urgentes, generales.

La primera es, la idea misión incluye un salir, seguimos muy encerrados en nosotros mismos, escuchamos poco, incluso nuestros sondeos de opinión siguen siendo básicamente: Qué opinan las parroquias o qué opinamos los que estamos dentro del dinamismo eclesial y consultamos poco los espacios exteriores. Es urgente entender que tenemos que salir de nuestras seguridades eclesiales y encontrarnos con el mundo.

La segunda línea, urgente a mi manera de ver, es entender el Evangelio como Buena Nueva, como noticia agradable, como un elemento positivo que tenemos que aportar a la humanidad.

Y por último, la idea de que el contenido de la misión es la persona de Jesucristo, el Papa le puso este acento al nombre de Aparecida, que nuestros pueblos en Él tengan vida, es decir, volver a darle nombre de Jesucristo a los esfuerzos eclesiales.

Atendiendo con más cuidado los detalles que se presentan en las exposiciones escritas, en los retos reconocidos por quienes respondieron la encuesta, me parece fundamental distinguir tres niveles:

El primero se refiere al espíritu misionero, la espiritualidad que está detrás de esto, es decir, yo interiormente estoy convencido, tengo convicciones, tengo certezas, tengo una vivencia que me hace ser misionero; esta nota fundamental, la espiritualidad misionera.

Lo segundo son las acciones misioneras, toda la operatividad misionera, aquí es preocupante, a veces, que cuando los convocan, lo primero que decimos es qué estamos haciendo y, evidentemente si nos quedamos sólo en las actividades, todo puede quedar en un barniz, lo esencial es el espíritu, que por supuesto se convierte en acciones misioneras.

Y lo último son las instituciones, es decir, de qué manera las instituciones eclesiales con las que contamos o las que se están desarrollando son o viven realmente a partir de la misión.

Repito, espiritualidad misionera, acciones misioneras, instituciones misioneras. Dicho coloquialmente: quiero ser misionero, quiero salir, hago misión, salgo y al mismo tiempo existen estructuras que respaldan la misión.

En este sentido, uniendo los tres elementos: espiritualidad, acciones e instituciones, creo que el paso que podemos dar como Iglesia arquidiocesana, es ante, todo unir estos elementos en una auténtica cultura misionera, es decir, que todo esté realmente empapado de misión, tanto lo que los analistas de la cultura llaman cultura subjetiva, es decir, toda la vivencia concreta de los miembros de la Iglesia, que todo bautizado entienda desde el primer momento de su participación en la Iglesia, la misión que él tiene, justamente como discípulos de Cristo.

Cultura subjetiva, pero también cultura objetiva, es decir, que las expresiones institucionales que tenemos, pero también litúrgicas, pedagógicas, etcétera, sean realmente manifestación de esta opción misionera. Cultura misionera.

Una última nota de parte de un servidor, el documento que se ha tenido para la reflexión, cuando habla de la misión, claramente recuerda tres palabras que están en el trabajo previo del Sínodo, están en el trabajo del Sínodo, reaparecen en el decreto sinodal, se vuelve sobre ellas, están descritas allí y, es notable que en las respuestas no se habla de ellas. Una sola vicaría las menciona y otra, indirectamente, hace mención de una de ellas.

Esto significa que aquí hay tres tareas pendientes, en el trabajo misionero. Las palabras son, como lo sabemos: encarnación, testimonio, diálogo. Todavía es necesario profundizar lo que estas palabras implican en una cultura misionera; son totalmente vigentes.

Testimonio como una manifestación externa de la fe profesada y vivida; encarnación que incluye el contenido de nuestra fe y al mismo tiempo el horizonte cultural al que estamos dirigidos, es decir, nuestra multiculturalidad urbana en la Ciudad de México.

Y por último, como no se cansa de recordar, el diálogo, siguiendo la estrategia de Paulo VI en Ecclesiam Suam, el método que sabe escuchar y al mismo tiempo anunciar, sin olvidar que es un diálogo evangelizador, es decir, que tiene un contenido valioso qué proponer al mundo.

Agradezco su atención.

Versión estenográfica


Hna. María del Refugio Anaya

Buenas tardes. Me han pedido que habla sobres los destinatarios e interlocutores que sabemos son: familia, jóvenes, alejados y pobres.

Para compartirles este momento, había hecho un resumen de todas las respuestas, pero me llama la atención que en la mayoría de ellas se toma conciencia de que todavía no hemos sabido llegar a las familias, a esos nuevos tipos de familia que ahora vemos, que nos hace falta llegar a nuestros jóvenes, que trabajar con ellos implica mucho esfuerzo, mucho sacrificio, que no es fácil, que los frutos son pocos, pero que los jóvenes nos están esperando.

Me llama la atención que lo reconocemos, reconocemos que no hemos sabido llegar a ellos, pero seguimos en ese trabajo y en ese esfuerzo de acercarnos a ellos.

Por convicción personal les puedo decir que este tipo de trabajo en nuestras comunidades se va a hacer a través de la cercanía, a través del contacto personal.

Hace rato se comentaba en los grupos de trabajo que nos hace falta el diálogo o la comunicación, la corresponsabilidad, el que nosotros nos demos cuenta de que en nosotros está Cristo y que a través de esa convicción, nosotros vamos a salir hacia los otros.

Los pobres, comenta una vicaría, son aquellos que me hacen presente a Cristo y que también me hablan de la salvación, a todos, pero también el trabajo con los pobres, con aquellos que se nos acercan, no es fácil.

También se hablaba en los grupos de que nos hace falta una preparación para acercarnos a ellos. Nosotros estamos trabajando en el centro histórico, cómo acercarnos a los ambulantes, por ejemplo, cómo modificar nuestras estructuras de trabajo, de evangelización, de horarios para poder estar cerca de ellos y compartir.

Ellos ya no van a venir a nuestras Iglesias, hay que salir a buscarlos a las 8, a las 9 de la noche.

También en cuanto a los agentes de la evangelización ya nos hemos dado cuenta que somos todos nosotros, que somos todos los laicos y que hay que despertar esa conciencia de que necesitamos formación, de que necesitamos ese encuentro con Cristo para salir y no quedarnos con ese regalo que se nos ha entregado, con ese compromiso bautismal que tenemos que ofrecer a los demás.

Es lo que les puedo compartir.

Versión estenográfica


Lic. Oscar Hernández Galicia

Ha ido evolucionando, lo decían, en cuanto a su reflexión, en su a su ser y quehacer dentro del gran proceso evangelizador y en este caso se ve como un gran avance la institución del ministerio del catequista, porque eso fortalece la catequesis en nuestra Arquidiócesis.

Obviamente es cosa de concientizar, lo que ya han mencionado la hermana y el padre, en cuanto al proceso y formación de los mismos agentes, no podríamos llegar a este punto, si detrás no hubiera un proceso.

Claro que esto tiene que ver con la valoración del testimonio y la proclamación del kerigma, muchas vicarías mencionaban que se ha empezado a proclamar el kerigma, a formar las casas de oración, a llevar el proceso misionero, si no en su totalidad, sí parcialmente y al menos hay movimiento en toda nuestra Arquidiócesis, entonces se tiene esta conciencia de que ya la evangelización no es de momentos, sino que tiene que ser un proceso, no es de ocasión, no es de fiesta y de ocurrencia, sino que es todo un proceso.

Otro aspecto al que se le tiene gran estima es a la Liturgia como medio de evangelización y con todo eso habría que hablar de que debemos tener en cuenta y lo han mencionado mucho en los equipos, el no caer en el sacramentalismo y la celebración ritualista con el fin de obtener beneficios económicos, a veces se puede caer en ese riesgo, sino en convertir en verdad y buscar el medio para que la Liturgia sea un auténtico lugar de evangelización.

Obviamente lo mencionaron como en el santuario en el que estamos, en esta basílica, cómo aprovechar esas celebraciones para hacer de ellas un foco, un lugar y un momento especial en el que cada persona, cada peregrino se encuentro con el Cristo vivo.

Como tal, también se tiene la religiosidad popular, valorada en nuestra Arquidiócesis y especialmente puedo hablar desde mi vicaría y algunas vicarías aledañas la cuestión de la religiosidad, cómo aprovechar esos momentos, esos lugares, la congregación de tantas personas en torno a la fiesta patronal, en torno a dos distintos santos, para que de verdad ofrezcamos una catequesis adecuada a esas necesidades.

Creo que en cuanto a medios, es necesario ir consolidando los procesos ya existentes, para que de verdad vayamos a una evangelización de inspiración catecumenal.

Muchos equipos piden organizar los criterios pastorales para que no haya esos procesos de fuga de una comunidad a la otra, porque en la parroquia de al lado el proceso es más corto que en mi parroquia, mejor me voy para allá.

Me llama la atención lo que el señor Cardenal publicó hace algunos años, el Directorio Pastoral para los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, que precisamente toca algunos puntos de los que he mencionado, que son la catequesis y la Liturgia, falta irlo conociendo, valorando y sobre todo, aplicarlo en nuestras comunidades.

En cuanto a las estructuras, se dividen las opiniones obviamente en dos grupos, a los que les pareces que las estructuras tal cual son conocidas y bien llevadas, lo que nos permite una mayor comunicación y una mayor participación desde obispos, presbíteros, religiosos y laicos. La otra, en la cual no es posible, porque está desarticulado o hay algunas fallas para bajar las cuestiones desde el nivel Arquidiócesis hasta el nivel de parroquia o al revés, para involucrar desde la parroquia hasta niveles arquidiocesanos.

Lo que veo con gran gusto es que hemos ido avanzando poco a poco en la necesidad y conveniencia de la planeación pastoral, con sus respectivas evaluaciones, porque eso nos hace ir modificando o reordenando las estructuras, con el objetivo de lograr una pastoral constantemente renovada y que responda a las necesidades de nuestra Ciudad.

Hay respeto por el trabajo de las comisiones, muchos hablan sobre la necesidad, no necesariamente de eliminar estructuras, pero sí de reorientarlas para que sirvan al proyecto evangelizador.

Y por último, el padre Julián hablaba de la espiritualidad misionera, creo que aunada a ella va la espiritualidad de comunión, que es tan necesaria en nuestras estructuras; me parece importante que para que la estructura funcione desde la Arquidiócesis hasta la parroquia o viceversa y, nos sintamos involucrados todos de verdad, tenemos que entender que la estructura sirve al Reino y por lo tanto, al Evangelio, por lo tanto a cada persona y a cada comunidad de nuestra diócesis.

Gracias.

Versión estenográfica