A 20 años
del II Sínodo Diocesano

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ILUMINACIÓN: PROPUESTAS DEL SÍNODO


EL SÍNODO DE LOS OBISPOS 2012
La Nueva Evangelización para la promoción de la fe

Mons. Enrique Glennie Graue

Introducción. El Sínodo del 2012

El Papa Benedicto XVI convocó a representantes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo a reunirse con él en Roma, en un sínodo ordinario de los Obispos, para reflexionar sobre ‘La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana’. Este Sínodo se realizó en el contexto del 50º aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II y el 20º de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica y coincidió con el comienzo del Año de la fe, decretado por Benedicto XVI.

El tema elegido por el Papa es de grande importancia y significa uno de los mayores retos de la Iglesia en el contexto actual; se trata de transmitir, en medio de un mundo secularizado y alejado de Dios, el Evangelio de Jesucristo a las nuevas generaciones.

El tema fundamental es: ¿Cómo anunciar hoy a Jesucristo, sobre todo cuando muchos cristianos han perdido su identidad cristiana? Se constata, en efecto, en todo el mundo una especie de ‘cristianofobia’. El individualismo, los fundamentalismos, el estar en contra de la vida parecen ser la actitudes comunes en contra de la Iglesia. Los cristianos tenemos que luchar contra todo esto y anunciar la novedad que viene del Evangelio, a partir del encuentro con Cristo, que produce una conversión personal para transmitir luego la fe a los demás a través de un testimonio creíble.

El Sínodo de los Obispos abordó este tema desde la experiencia eclesial de los Obispos de todo el mundo que, a través de sus intervenciones, fueron analizando y detallando las propuestas que le presentaron al Papa para la elaboración de un documento. Entre los múltiples temas que se trataron, podemos mencionar como más relevantes los siguientes.

La Nueva Evangelización

La Nueva Evangelización es una nueva forma de actuar, de pensar, de reflexionar, no un programa que debe ser ejecutado”. La Nueva Evangelización exige renovación y profundización de la fe, nueva confianza en la realidad de la fe y la necesidad de compartir la fe con otros. No se trata simplemente de conceptos pastorales o teológicos. La Nueva Evangelización brota del hecho de que muchos cristianos han perdido su identidad.

Europa, por ejemplo, considerado un continente tradicionalmente católico, presenta un cuadro exigente, desafiante y hasta pesimista de este escenario. Existe una urgencia de que Europa sea evangelizada. Se resaltaron en el Sínodo los grandes problemas como la ignorancia religiosa, las tensiones étnicas, el islamismo, el sectarismo, familia erosionada, movimientos contra la vida, fundamentalismo, individualismo, entre otras situaciones. Europa ya no es el centro de la Iglesia y aparece como algo no fácil de articular.

Ante todo esto, se destacó la importancia de los nuevos movimientos considerados como don de Dios; las comunidades eclesiales de base, como forma privilegiada de vivir la dimensión eclesial y en la renovación de la parroquia, entendida como comunidad de comunidades. Se constató también la necesidad de vivir el cristianismo en estos escenarios como una vida de santidad y de conversión. El encuentro con Jesús se ha presentado como algo fundamental en el proceso de conversión.

La Nueva Evangelización es anunciar el mensaje del Evangelio de un modo nuevo a los bautizados alejados. Es una nueva forma de trasmitir el Evangelio en las nuevas situaciones históricas y sociales; por tanto, significa el nuevo impulso o dinamismo espiritual que intensifica la realización de la originaria y esencial misión evangelizadora que el Señor confió a la Iglesia.

El Papa destacó en la homilía de la Eucaristía de inauguración que la Nueva Evangelización comprende dos aspectos, uno ad intra (Iglesia evangelizada) y otro ad extra (Iglesia evangelizadora).

Nueva Evangelización es comunicar la novedad de Cristo entre las cosas nuevas de los hombres de nuestro tiempo. El momento actual plantea un nuevo paradigma de compresión permeado por el relativismo; éste es uno de los grandes retos de la Nueva Evangelización.

Inculturación

La Inculturación no ha sido suficientemente esquematizada, aún cuando se muestra en las diferentes participaciones del Sínodo.

Se podría hablar de Nueva Evangelización inculturada e “intercultural”. La diversidad en la Iglesia habla de que habrá diferentes inculturaciones de la Nueva Evangelización. La Iglesia Latinoamericana debe mostrar su rostro como un continente mariano, gracias a una evangelización perfectamente inculturada (especialmente en el acontecimiento guadalupano).

La Trasmisión de la Fe:

Centrarse en lo fundamental: esto da seguridad y estimula. La mayor parte de las aportaciones del Sínodo no van tanto a aspectos doctrinales cuanto a la vida. La Evangelización debe afirmar el encuentro y la adhesión con Cristo. Aquí aparecen dos preocupaciones: la prioridad en la interioridad (vida de oración y contemplación) y no perder de vista la dimensión eclesial.

En la transmisión de la fe, el objetivo último es la comunión; se trata de la articulación armónica de personas y lugares; y es muy importante considerar los cómos: se necesita un instrumento para la formación de sacerdotes, laicos y la formación de testigos.

Las tres dimensiones del acto de fe son: adhesión a Dios, contenido de la fe y la entrega y abandono en Dios. El esquema del Papa presente en Porta Fidei: acto, contenido, testimonio y práctica. En la pedagogía del Catecismo de la Iglesia Católica encontramos: fe profesada, celebrada y vivida y rezada.

Insistencias:

  • Centralidad de la iglesia particular como sujeto comunitario primordial en la que se articulan las demás realidades. La parroquia es el lugar privilegiado de Nueva Evangelización. Las iglesias particulares deben asistirse mutuamente en razón de la comunión y la colegialidad de sus obispos.

  • Insistir en que la Iglesia es una comunidad de discípulos misioneros en comunión y que la comunidad tiene que dar testimonio de Nueva Evangelización. De aquí la importancia de la formación de pequeñas comunidades que puedan desarrollar la Nueva Evangelización.

  • Insistir en que la comunión de los movimientos con la Iglesia se da por la comunión con la Iglesia particular y sus comunidades; los movimientos y las comunidades eclesiales son del ámbito "comunitario" y todos con igual vocación: la comunión. Los movimientos son una bendición en la medida en que están integrados en la vida parroquial.

  • El kerygma como punto de partida y dimensión pneumatológica de la Nueva Evangelización. Reforzar la iniciación a la vida cristiana. Insistir en una oferta viva y atractiva de la vivencia de Cristo que no sea ni proselitismo ni marketing, sino atracción genuina. La aceptación y vivencia del kerygma produce la identidad cristiana en todos los ámbitos.

  • Valorar a los laicos en el mundo y no solo desde movimientos y nuevas comunidades. Insistir en la formación a todos los niveles, sobre todo de los laicos y su compromiso real en el mundo.

  • Se mencione el diálogo con el islamismo.

  • Que se señale a América Latina como continente mariano. La devoción a María puede seguir siendo camino para evangelizar.

  • Buscar un sano término medio en la liturgia actual entre normas universales y expresión local.

  • La pastoral se ha mantenido en un ambiente de homogeneidad. Tenemos que evangelizar en un contexto de movilidad. Saber permanecer en Cristo en medio de los cambios continuos.

  • Buscar formas de acercamiento a los jóvenes y cómo acompañar a las familias en su vida cristiana, teniendo en cuenta las situaciones particulares, ampliamente extendidas (situaciones irregulares).

  • Planes de pastoral diocesanos adecuados a los criterios misioneros de la Nueva Evangelización.

  • Explicitar los sujetos de la Nueva Evangelización, donde los pobres sean sujeto de evangelización.

  • Insistir en el diálogo fe - ciencia/cultura y en la inculturación, para tener en cuenta la cultura urbana, moderna y mediática. Es necesario una actitud de escucha y una Iglesia que propone y no impone el Evangelio. Convencerse de que las nuevas culturas son capaces de recibir el Evangelio.

  • Afirmar claramente que la evangelización debe comenzar por nosotros. La Nueva Evangelización implica la conversión personal, la conversión pastoral, la misión permanente, la opción por los pobres, para pasar de una pastoral de conservación a una pastoral misionera.

  • Una línea teológico-pastoral, hilo conductor para la articulación de la reflexión y de la praxis pastoral: comunión, testimonio y servicio.

  • Adecuar los seminarios a las exigencias de la Nueva Evangelización, teniendo en cuenta los nuevos escenarios. Los sacerdotes, los primeros nuevos evangelizadores, deben salir preparados para la Nueva Evangelización. De aquí la importancia de una pastoral vocacional más eficaz y de una formación que otorgue "convicciones misioneras".
El mensaje del Sínodo
  1. Como la samaritana en el pozo.
  2. ZUna nueva evangelización.
  3. El encuentro personal con Jesucristo en la Iglesia.
  4. Las ocasiones del encuentro con Jesús y la escucha de la Escritura.
  5. Evangelizarnos a nosotros mismos y disponernos a la conversión.
  6. Reconocer en el mundo de hoy nuevas oportunidades de evangelización.
  7. Evangelización, familia y vida consagrada.
  8. La comunidad eclesial y los diversos agentes de la evangelización.
  9. Para que los jóvenes puedan encontrarse con Cristo.
  10. El Evangelio en diálogo con la cultura y la experiencia humana y con las religiones.
  11. En el año de la fe, la memoria del Concilio Vaticano II y la referencia al Catecismo de la Iglesia Católica.
  12. Contemplando el misterio y cercanos a los pobres.
  13. Una palabra a las Iglesias de las diversas regiones del mundo.
  14. La estrella de María ilumina el desierto.
Como el Buen Samaritano

Ya avanzado el Concilio Vaticano II, el Siervo de Dios Pablo VI le aplicó a la Iglesia la imagen del Buen Samaritano. En su relación con el mundo, la Iglesia debía manifestarse con una actitud dialogante y de gran preocupación por la humanidad. Por eso, como lo enseña la Constitucion Gaudium et Spes, la Iglesia comparte los gozos y esperanzas, las dificultades y angustias de la humanidad con una actitud de total caridad. La Iglesia actúa en nombre del Señor Jesús y como Sacramento de salvación para los hombres y mujeres de todas las naciones.

A 50 años del Concilio, con el desafío por una Nueva Evangelización, la Iglesia debe seguir atendiendo los anhelos y preocupaciones de la humanidad. Muchos, en el mundo, se están dejando llevar por el secularismo que prescinde de Dios y por el individualismo que menosprecia la dignidad de la persona humana. Los problemas, lejos de solucionarse, se han agravado. Hay nuevas formas de pobreza y opresión: los inmigrantes despreciados en tantos países, los que no han alcanzado un digno nivel de vida, los enfermos, los pueblos que sufren aún los embates de guerras, los que padecen hambrunas … A esto se añade, la plaga moral. El Papa Benedicto XVI nos habla del desierto de la moral, con el relativismo ético como expresión. Estas y otras tantas cosas golpean a la humanidad. Y hacen que ésta se sienta como aquel hombre que fue asaltado y ante quien los responsables de la sociedad, los grandes de las naciones, los dirigentes económicos y las corporaciones transnacionales que mueven las finanzas y otros tantos más… pasan prepotentes, preocupados por sus códigos “éticos” y menospreciando a la gente en su dignidad.

La Iglesia debe permanecer con su actitud de buen samaritano y salir al encuentro de ellos, los golpeados y menospreciados, no para predicarles la resignación, sino para consolarlos y brindarles la ayuda que necesitan. Por eso, la Iglesia requiere de un continuo examen de conciencia sobre sus actuaciones y sobre sus preocupaciones.

Se exige a los creyentes una conversión pastoral: ésta pasa por la toma de conciencia de la propia vocación cristiana de servicio y de anuncio del evangelio de salvación, como la del cambio que haya que hacer para adecuar a la Iglesia a las exigencias y retos del momento presente. Una conversión que tiene como centro a Jesús mismo, ya que es en su nombre en el que hay que actuar. Es uno de los objetivos principales de la Nueva Evangelización.

La humanidad debe sentir que la Iglesia no se desgasta en las cosas pasajeras, sino que se sigue comprometiendo en lo que le da sentido a su identidad y servicio: actuar en nombre del Señor para predicar el evangelio, ciertamente; pero haciéndolo realidad en las obras …. Y esas obras deben demostrar en todo momento que la Iglesia es, para la sociedad actual, como el buen samaritano.

Conclusión

El mandato misionero que el Señor hizo a los Apóstoles se refiere también hoy al compromiso de la Iglesia en la nueva evangelización, con la cual se dirige a la comunidad humana universal, protagonista de cambios constantes en el proceso de globalización, en un clima cultural y moral de secularización y agnosticismo. Tal situación representa también un reto y una posibilidad para el anuncio del Evangelio.

Ante este reto se requiere un renovado dinamismo de las comunidades eclesiales, nuevos lenguajes, nuevos medios y, sobre todo, testimonios creíbles para que pueda ser transmitida la fe a las nuevas generaciones en los nuevos contextos sociales, donde las comunidades naturales y tradicionales, como la familia, la parroquia y la escuela, encuentran con particular urgencia su proprio compromiso educador en relación a la fe. La Iglesia confía en la cooperación de estas instancias para que su misión de evangelizar tenga un renovado impulso a través del anuncio, la iniciación, la liturgia y la santidad de vida.

La Iglesia realiza hoy este trabajo de novedad del anuncio a través de todos los sujetos responsables, pastores y fieles laicos. El evangelio que anuncia compromete a todo el hombre y está destinado a todos los hombres: bautizados, creyentes alejados de la práctica de la fe, no creyentes, indiferentes, creyentes de otras confesiones cristianas, creyentes de otras confesiones religiosas, según el mandato del Señor Resucitado.

Que Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización, anime e impulse nuestra fe, y nos acerque a su Hijo Jesucristo, para que en este Año de la Fe, seamos capaces de vivir con mayor profundidad y coherencia y demos un testimonio cada vez más creíble ante todos nuestros hermanos.