A 20 años
del II Sínodo Diocesano

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VicarÍa de       Pastoral

ORACIÓN INICIAL ~ JUEVES


Jueves 29 de noviembre

Oración inicial

RITOS INICIALES

Monición inicial

Comentarista:

Al iniciar nuestra Asamblea diocesana, continuamos con el proceso de evaluación y seguimiento, trabajado a lo largo de este año, encumbrando en su trono a Jesús, Palabra eterna, que particularmente en el contexto de este año de la fe, siembra en nosotros la esperanza cristiana y el amor por el prójimo. Aclamemos de pie al verbo eterno cantando.

Canto de entrada Tu palabra me da vida

Mientras la procesión se dirige al estrado, el coro entona:

Tu palabra me da vida,
confío en ti Señor,
tu palabra es eterna,
en ella esperaré.
Saludo

El Celebrante ante la sede convenientemente dispuesta se dirige a la asamblea diciendo:

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

El pueblo responde: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera lectura Del libro del Eclesiástico (42, 17-24)

Por la palabra de Dios ha sido hecho todo cuanto existe y el mundo entero está sometido a su voluntad. Como la luz del sol ilumina todas las cosas de la tierra, la gloria del Señor llena la creación. No les concedió a sus ángeles contar todas esas maravillas, que el Señor todopoderoso estableció firmemente como una prueba manifiesta de su gloria. El Señor penetra hasta el fondo de los abismos y de los corazones, y conoce todos sus secretos, porque él pose e toda la ciencia y conoce el movimiento de los astros; descubre lo pasado, anuncia lo futuro y revela los más recónditos misterios. Ningún pensamiento se le oculta, ninguna cosa se le escapa. Aquel que existe antes que el tiempo y para todo tiempo, dio esplendor y grandeza a las obras de su sabiduría. Nada se le puede añadir, nada se le puede quitar y no necesita consejero. ¡Qué preciosas son las obras del Señor, y eso que apenas una chispa es lo que vemos! En el universo todo vive y dura para siempre y obedece al Señor en todo momento. Palabra de Dios.

R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial (Salmo 21)

R. Anunciaré tu nombre a mis hermanos.

El Señor es mi alabanza en la gran asamblea; cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los pobres comerán y quedarán saciados, alabarán al Señor los que lo buscan. R.

Recordarán y volverán al Señor todos los confines de la tierra. Me hará vivir para él, lo servirá mi descendencia. R.

Se hablará del Señor a la generación que viene; anunciarán su justicia; al pueblo que nacerá dirán: ¡Aquí está la obra del Señor! R.

Aclamación al Evangelio (Cf. Hch 5, 42)

R. Aleluya.


Cada día, en el Templo y en las casas, los apóstoles no cesaban de enseñar y anunciar que Jesús es el Cristo. R. Aleluya.

Evangelio

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Lectura del santo Evangelio según san Lucas (4, 14-22)
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: "Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". Palabra del Señor.

R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión de la palabra


HOMILÍA

Jesús se coloca en la tradición profética. Él es un profeta, un profeta como los grandes profetas de Israel.

¿Quién dice la gente que soy yo?: Unos dicen que eres Elías, otros Jeremías o alguno de los profetas.

Pero este título de profeta, dado a Jesús, poco a poco se va abandonando en la primitiva Iglesia, por una razón muy sencilla, Él es alguien más que un profeta, Él es la Palabra; no solamente es el que proclama la Buena Noticia de parte de Dios, no solamente el que trae el Evangelio, sino, Él es el Verbo de Dios, la Palabra de Dios.

Esta profecía de Jesús tiene que ser interpretada en los términos que acabamos de escuchar en San Lucas, es muy curioso, San Lucas pone el inicio del ministerio de Jesús precisamente presentándolo como un gran profeta, después de narrarnos la infancia del Hijo de Dios, nos lo presenta como un profeta, como para resaltar la misión que Jesús traía, pero en ese sentido en que lo entendió la primera comunidad cristiana, alguien más que un profeta, Él es la Palabra de Dios.

No es que pronuncie solamente la Palabra de Dios, sino que es la Palabra de Dios, pero ese anuncio tiene que ser entendido en el contexto de la caridad, la caridad es mayor que la profecía, si le queremos hacer caso a San Pablo. La profecía se subordina al amor, Jesús no es llevado a la cruz por la profecía, como consecuencia de lo que dijo, sino que Jesús es llevado a la cruz por el amor, así lo entiende San Juan: “a mí nadie me quita la vida, yo la doy cuando yo quiera”.

Él entregó su vida y la entregó por amor. Jesús realiza esta profecía con este estilo: el Espíritu de Dios está sobre mí, el Espíritu de Dios me ha ungido y me ha enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres, la liberación a los cautivos, la curación a los ciegos, la libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia; todas son acciones de amor, acciones a favor de los demás.

En un determinado momento se daba primacía al anuncio profético de la denuncia, no sometiéndolo a la caridad. Creo que la Iglesia siempre debe de tener ese anuncio del Evangelio en el doble aspecto, sí, de denuncia, pero sobre todo de anuncio de Buena Nueva, de Buena Noticia, de liberación, de curación.

A nosotros, aquí en esta gran ciudad, en estos últimos años, nos ha tocado vivir un cambio de cultura o como dicen algunos un cambio de época, fenómenos que no nos esperábamos se han hecho una realidad y la Iglesia no puede permanecer en la denuncia, tiene que someter la denuncia a la caridad, es muy fácil por ejemplo, estar denunciando en nuestra sociedad que no estamos de acuerdo con las uniones homosexuales, con aquellos que tienen orientación hacia el mismo sexo y, ¿les mostramos camino de salvación?

Afortunadamente hemos encontrado movimientos, organizaciones que llevan esta buena noticia no como una denuncia, sino como un anuncio de salvación a estas personas. Para nosotros es muy fácil mantenernos en el campo de la denuncia del aborto, pero, a la persona que se haya oprimida, que se haya acorralada por una situación de embarazo, ¿le mostramos caminos de salvación?, ¿le damos opciones de vida?, o, simplemente condenamos que no le es permitido aquello.

Afortunadamente encontramos organizaciones y movimientos que dan opciones de vida y no simplemente de condena y así podríamos señalar otros fenómenos que han surgido en los últimos años y que han tomado carta de legitimidad en nuestra ciudad. A nosotros nos corresponde, sí, por supuesto, denunciar, pero sobre todo anunciar la Buena Nueva, mostrar caminos de salvación, que la caridad acompañe nuestro anuncio, por eso Jesús, su evangelización la acompaña sí con dichos, pero también con hechos, de dar de comer, de curar al enfermo, de sanar; no solamente pronunciaba palabras de denuncia, acompañaba su predicación, su anuncio profético con hechos de amor, de caridad.

Que el señor nos muestre esos caminos de profecía, de profecía sometida a la caridad, guiada por la caridad para que llevemos realmente la Buena Nueva a nuestra gran ciudad.

Versión estenográfica


Credo

Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
En las palabras que siguen, hasta “se hizo hombre”, todos se inclinan.
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato,
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

Preces

Celebrante:

Oremos hermanos, a Dios Padre, por medio de Jesucristo, su Hijo, que se entregó por la salvación de todos.
  1. Para que los pastores y los demás fieles sean para el mundo anuncio claro y sacramento eficaz de la salvación que Dios prepara a todos los pueblos, roguemos al Señor.


  2. Para que los hombres de todos los pueblos, religiones y culturas, descubran con gozo que el Señor no está lejos de cada uno de ellos, roguemos al Señor.


  3. Para que los pueblos que sufren por la pobreza, el hambre o las guerras obtengan un mayor desarrollo y gocen de la paz, y así puedan recibir con mayor facilidad el anuncio del Evangelio, roguemos al Señor.


  4. Para que nosotros y los fieles de nuestra comunidad arquidiocesana seamos luz del mundo y sal de la tierra, y así la gente que nos rodea, al ver nuestras buenas obras, dé gloria también al Padre del cielo, roguemos al Señor.
Celebrante:

Señor Dios, que amas a todos los hombres y quieres que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, escucha nuestra oración y haz que el Evangelio de tu Hijo sea proclamado por todos los cristianos y acogido, con gozo, por todos los hombres de buena voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Padre Nuestro

Celebrante:

Llenos de alegría por ser hijo de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.

El pueblo responde: Amén.

Bendición

Celebrante:
El Señor esté con ustedes.

El pueblo responde:
Y con tu Espíritu.

Celebrante:
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

El pueblo responde: Amén.

Canto final: A Dios den gracias los pueblos

A Dios den gracias los pueblos,
alaben los pueblos a Dios.
A Dios den gracias los pueblos,
alaben los pueblos a Dios.