Configuremos una
nueva etapa de la Misión Permanente


XX Asamblea

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Documento de trabajo XX Asamblea


Metodología para el trabajo en grupos

1.- La familia. la familia, cimiento de humanidTe ad y de fe.

2.- Los jóvenes. La opción por los jóvenes, camino de encuentro con las nuevas generaciones.

3.- Las periferias (pobres y alejados). Evangelización de las culturas y sus periferias existenciales.

4.- La vocación. la vocación cristiana fuente de la comunión y de la misión.

5.- Los laicos. la formación de los laicos como discípulos y misioneros.

6.- los pastores. vida, ministerio y formación del pastor misionero para la Ciudad de México.

7.- La parroquia. Parroquia: comunidad misionera y testimonial.

 

Metodología para el trabajo en grupos

El enfoque general de la Asamblea se explica con el lema que estamos utilizando: “Configuremos una nueva etapa de la misión permanente”.
Los títulos en que se ha desglosado la temática son los siguientes:
1. La familia. La familia, cimiento de humanidad y de fe
2. Los jóvenes. La opción por los jóvenes, camino de encuentro con las nuevas generaciones
3. Las periferias (pobres y alejados). Evangelización de las culturas y sus periferias existenciales
4. La vocación. La vocación cristiana fuente de la comunión y de la misión
5. Los laicos. La Formación de los laicos como discípulos y misioneros
6. Los pastores. Vida, ministerio y formación del pastor misionero para la Ciudad de México.
7. La parroquia. Parroquia: comunidad misionera y testimonial.
Como se ve, los tres primeros corresponden a las prioridades del Sínodo y los demás fueron elegidos porque se les ha dado especial importancia en los últimos años de nuestro trabajo pastoral.
Cada uno de estos siete temas se van a trabajar en la asamblea con el método y estructura utilizados en las asambleas sinodales: Desafíos, hechos, criterios, líneas de acción y ordenamientos.
Los grupos de trabajo se van a integrar por estados de vida: Presbíteros, laicos y religiosas. Cada participante en la asamblea tendrá el mismo grupo los tres días.
La manera en que se realizará el trabajo en los grupos consistirá en analizar y valorar el contenido de cada uno de los apartados: primer día “hechos”, segundo día “criterios” y tercer día “líneas de acción” y “ordenamientos” y así llegar a consensos en los que se diga si el grupo los avala, añade algo u opina que algo debe ser eliminado teniendo en cuenta que lo sugerido en este instrumento de trabajo tiene el propósito de suscitar la reflexión para enriquecer las propuestas de la Asamblea.

 

1.- La familia. la familia, cimiento de humanidad y de fe

 

DESAFÍO

La Ciudad presenta muchos tipos de realidad familiar; todos deben ser tomados en cuenta en una pastoral que:
a) Promueva la integración dentro de cada familia y de las familias entre sí;
b) Impulse la formación, el desarrollo, la madurez y la unidad de las familias, de manera que, por el testimonio y la proclamación de los valores del Evangelio, lleguen a ser Iglesia doméstica y cumplan su misión como formadoras de personas, educadoras en la fe y promotoras del desarrollo en la sociedad;
c) Procure un acompañamiento continuo a lo largo de las sucesivas etapas de la vida familiar y del noviazgo, especialmente en la preparación inmediata al matrimonio;
d) Acoja fraternalmente a las parejas que viven en situaciones difíciles e irregulares, particularmente a los divorciados (Cfr. ECUCIM, 1426).
e) Acompañe a los padres de familia en la labor educativa de sus hijos.
f) Integre a todas las organizaciones y grupos relacionados con la pastoral familiar para fortalecer el servicio eclesial a las familias.
g) Integre y capacite a equipos parroquiales para responder a las necesidades locales de acompañamiento de los matrimonios y familias.

HECHOS

1. Existen diferentes modelos de familias: por su composición -parentela o sólo padres e hijos-; por etapas de evolución -recién casados, hijos en formación, vejez y viudez-; por figura de autoridad -patriarcal, corresponsable, individualista-; por su nivel socio-económico y cultural -marginados, populares, clases medias o altas-.
2. Se va perdiendo la unidad familiar por las nuevas circunstancias: esposa que trabaja, hijos en la escuela o en diversiones, dificultad de encuentro entre los miembros de la familia. Todo esto lleva al desamor, rompe la integración familiar, provoca el divorcio o el abandono del hogar, da oportunidad a compromisos e hijos fuera del matrimonio, propicia la existencia de madres solteras, favorece el machismo, el autoritarismo, multitud de vicios etc.
3. La influencia de los medios de comunicación social es frecuentemente nociva a la familia: obstaculiza la sana educación, dificulta la integración y desvirtúa los valores morales; por esos medios diversas instituciones manipulan a las familias para determinar el número de hijos que han de tener. El consumismo que se propaga es avasallador.
4. No existen modelos ni estructuras pastorales de seguimiento cristiano para las nuevas familias.
5. No hay una pastoral del noviazgo organizada y difundida. Cada día hay mayor número de parejas en unión libre o con el solo matrimonio civil; entre algunos jóvenes existe también el rechazo al matrimonio religioso; otros se casan para hacer pareja, no para hacer una familia.
6. El primer contacto de los novios con las Parroquias suele ser desilusionante -información inadecuada, aspecto burocrático, preocupaciones económicas etc.-. Los Pastores encuentran difícil establecer una relación más personal con las parejas que se preparan para el matrimonio.
7. Las charlas o cursos de preparación al matrimonio presentan, a veces, serias deficiencias: temática limitada, tiempo muy escaso, improvisación de algunos charlistas (Cfr. ECUCIM, 1427-1436).
8. La legislación aprobada en el D.F., legalizando el aborto y las uniones homosexuales, siguen dañando el aprecio por la vida y por la familia.
9. Son cada vez más numerosas las familias y los matrimonios que se ven afectados en su estabilidad por las carencias económicas.

CRITERIOS

1. La misión de la familia es vivir, crecer y perfeccionarse como comunidad de personas que se caracteriza por la unidad. La familia es el lugar privilegiado para la realización personal junto con sus seres amados.
2. Ser “como el santuario de la vida”, servidora de la vida, ya que el derecho a la vida es la base de todos los derechos humanos. Este servicio no se reduce a la sola procreación, sino que es ayuda eficaz para transmitir y educar en valores auténticamente humanos y cristianos.
3. Ser “célula primera y vital de la sociedad” (FC, 42). Por su naturaleza y vocación la familia debe ser promotora del desarrollo, protagonista de una auténtica política familiar.
4. Ser “Iglesia doméstica” que acoge, vive, celebra y anuncia la Palabra de Dios, es santuario donde se edifica la santidad y desde donde la Iglesia y el mundo pueden ser santificados (Cfr. FC, 55).
5. La formación de la persona, en su mente y en su corazón, necesaria para la erradicación de la violencia, requiere instituciones que expresen y consoliden los valores de la paz. La institución más inmediata al ser humano es la familia; ella es el “núcleo natural y fundamental de la sociedad” (Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna, CEM, 195)
6. En el proyecto de Dios, la familia tiene la misión de dar la vida, de acogerla, cuidarla, protegerla, promoverla, desde su concepción hasta su ocaso natural. Tenemos la tarea, desde nuestra pastoral, de fortalecer a las familias para que puedan cumplir con esta misión. Estamos convencidos de que “el bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar (Ídem, 196).
7. Proclamamos con alegría el valor de la familia. Ella ha sido y es escuela de la fe, hogar en que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente (Cfr. DA, 114).

LÍNEAS DE ACCIÓN

1. Trabajar en la articulación y vinculación entre la pastoral familiar y los movimientos de familia.
2. También, profundizar en la pastoral de conjunto, especialmente, con pastoral juvenil, pastoral de la cultura y pastoral de la vida.
3. Elaborar subsidios para la formación de Agentes de la Pastoral Familiar.
4. Dar a conocer en las Vicarías y Movimientos el Directorio Pastoral para el Sacramento del Matrimonio y sus consecuencias pastorales.
5. Continuar la capacitación de equipos para el acompañamiento de las familias.
6. Continuar el trabajo de reflexión para elaborar los subsidios en apoyo de los matrimonios entre 0 y 5 años de casados y para los matrimonios en situaciones especiales.
7. Promover el acompañamiento diferenciado para los distintos tipos de familia, preparando equipos específicos

ORDENAMIENTOS

1. Que se conjunten Pastoral Familiar, COMOLAI, Pastoral de la Vida, Pastoral misionera, Pastoral Catequética y el Equipo de Ediciones Pastorales para aterrizar en programas y subsidios las etapas de acompañamiento propuestas por el Directorio Pastoral para el Matrimonio.
2. Que Pastoral Familiar y los Movimientos con carisma familiar se conjunten para capacitar equipos específicos que puedan asumir las etapas de acompañamiento a nivel decanato o parroquia.
3. Que Pastoral Catequética, Pastoral Familiar y Pastoral Juvenil preparen el subsidio para apoyar a los padres de familia con hijos adolescentes.
4. Que Pastoral Misionera, Pastoral Juvenil, Pastoral de la Cultura y Pastoral Catequética preparen los subsidios para el acompañamiento de los jóvenes en el proceso preevangelización – kerigma – catequesis – servicio.

2. La opción por los jóvenes, camino de encuentro con las nuevas generaciones.

DESAFÍO

La comunidad arquidiocesana para acoger a los jóvenes de la Ciudad, deberá hacerlo en el contexto de la atención pastoral hacia las nuevas generaciones, respondiendo a los cambios socio-culturales de nuestro tiempo, siguiendo el itinerario del proceso misionero con sentido catecumenal, a través de las acciones de voluntariado en diferentes ambientes sociales, mediante diversas expresiones culturales (artísticas, de recreación, deportivas) y acompañados por un proceso de formación que sea cauce para el encuentro con Jesucristo vivo, presente en sus comunidades, integrando en dichas acciones la corresponsabilidad y transversalidad con las instancias pastorales que de por sí ya están involucradas en la atención a las nuevas generaciones, motivando la renovación de estas estructuras para hacer rejuvenecer la Misión Permanente.

HECHOS

1. La población juvenil es una cuarta parte de la población total del D.F. (INEGI)
2. En la mayoría de las comunidades parroquiales no existe una pastoral organizada en favor de la juventud, aunque haya una presencia dinámica de jóvenes.
3. En todas las parroquias hay jóvenes, lamentablemente no existe una articulación procesual que los congregue, forme, e involucre en la toma de decisiones pastorales.
4. Los jóvenes, en las estructuras habituales, no suelen encontrar respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemáticas y heridas. A los adultos les cuesta escucharlos con paciencia, comprender sus inquietudes o sus reclamos, y aprender a hablarles en el lenguaje que ellos comprenden (Cf. EG, 105).
5. Hacen falta agentes de pastoral capacitados para el acompañamiento de las nuevas generaciones. Se nota una carencia en el proceso formativo de los líderes juveniles.
6. El proyecto de pastoral juvenil no se conoce o no se aplica en las comunidades parroquiales.
7. Los encargados de esta pastoral en los decanatos, no siempre son las personas idóneas o no tienen el carisma para animar a las nuevas generaciones.
8. La así llamada crisis juvenil se genera y se agrava por la incapacidad de muchos adultos para comprender los problemas de los jóvenes, más aún, para entender que esos problemas tienen su origen en las actitudes de los mismos adultos (ECUCIM, 1484).
9. Hace 20 años en el ECUCIM No. 1490, se señalaba que “la problemática juvenil” iba en aumento y se pidió una intervención pastoral en la situación y contexto de los jóvenes, así como en la atención a sus problemas personales. Hoy día, es todavía muy poco lo que se ha hecho en el campo pastoral en favor de los jóvenes que se encuentran en situaciones críticas.
10. Los métodos y fórmulas ordinarias de la Pastoral Juvenil están ya prácticamente rebasados por la realidad de la juventud de hoy. Los programas y subsidios para esta pastoral son escasos, poco difundidos y, con frecuencia, inadecuados (Ibid, 1491).
11. Actualmente se cuenta con la “Guía para la misión juvenil, Conexión ¡Al encuentro de las nuevas generaciones!”, sin embargo, no es conocida en todas la comunidades y por lo tanto, es muy poco usada.
12. En la mayoría de las vicarías territoriales se ha impartido el “taller Conexión, al encuentro de las nuevas generaciones”, empero no se ha logrado articular un programa de seguimiento, acompañamiento y fortalecimiento de las acciones posteriores a dicho taller.
13. En muchos casos la comunicación entre los jóvenes se genera principalmente por medio de las redes sociales, blogs y páginas web, campo en el que las instancias arquidiocesanas no han logrado penetrar, ya sea por desconocimiento o por falta de infraestructura.

CRITERIOS

1. Los condicionamientos propios de los ambientes juveniles y las distintas exigencias frente al proceso evangelizador piden una pastoral específica (DP, 1190).
2. Los jóvenes deben ser sujetos activos, protagonistas de la evangelización y artífices de la renovación social (ChL, 46).
3. La juventud es el ventanal por el que entra el futuro en el mundo y, por lo tanto, nos impone grandes retos. Nuestra generación se mostrará a la altura de la promesa que hay en cada joven cuando sepa:
• ofrecerle espacio;
• tutelar las condiciones materiales y espirituales para su pleno desarrollo;
• darle una base sólida sobre la que pueda construir su vida;
• garantizarle seguridad y educación para que llegue a ser lo que puede ser;
• transmitirle valores duraderos por los que valga la pena vivir;
• asegurarle un horizonte trascendente para su sed de auténtica felicidad y su creatividad en el bien;
• dejarle en herencia un mundo que corresponda a la medida de la vida humana;
• despertar en él las mejores potencialidades para ser protagonista de su propio porvenir, y corresponsable del destino de todos.1 (1 Discurso del Papa Francisco con ocasión de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, Brasil.)
4. Se vuelve necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores. (EG, 64)
5. La centralidad del kerygma demanda ciertas características del anuncio que hoy son necesarias: que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas. (Ibid, 165)
6. La catequesis, debe llevar al joven a profundizar este encuentro, con un Cristo como liberador integral (Cfr. Gál. 5,1.13; 4,26.31; 1 Cor 7,22; 2 Cor. 3,17): quien por el espíritu de las Bienaventuranzas ofrece a todo joven la inserción en un proceso de conversión constante; comprende sus debilidades y le ofrece un encuentro muy personal con Él y la comunidad. (DP, 1183)
7. Está catequesis debe ayudar también a formar a los jóvenes de un modo gradual, para la acción socio-política y el cambio de estructuras, de menos humanas en más humanas, de acuerdo con la Doctrina Social de la Iglesia. (Ibid, 1196)
8. Vivimos una cultura marcada por el pluralismo. Necesitamos diversificar propuestas pastorales; debemos ofrecer propuestas pastorales plurales, diferenciadas, abiertas y flexibles, de modo que los jóvenes puedan sentirse atraídos por algún camino.
9. Hay que generar procesos donde las experiencias y los medios de crecimiento sean comprendidos y estén al alcance de las nuevas generaciones, que incluyan diferentes momentos y tengan diversos niveles de profundidad.
10. Es necesaria, una pastoral juvenil planificada en el contexto cultural de las nuevas generaciones, evitando la dispersión, la pastoral del “simple entretenimiento”, o la pastoral de eventos y articulando actividades cercanas a la realidad, con momentos diversificados.

LÍNEAS DE ACCIÓN

1. Propiciar la mayor participación de los jóvenes en la toma de decisiones pastorales en las comunidades.
2. Los encargados de esta pastoral en todos los ámbitos, echen a andar procesos pre evangelizadores que favorezcan la empatía de las nuevas generaciones con los proceso pastorales.
3. A nivel arquidiocesano generar una identidad de las nuevas generaciones con la Iglesia diocesana.
4. Implementar un proceso formativo que privilegie el acompañamiento de las nuevas generaciones en sus propios ámbitos y culturas.
5. Ayudar a que las nuevas generaciones tengan experiencias vivas de voluntariado social con un profundo espíritu cristiano. Promoviendo actividades que les permitan proyectarse hacia los demás, con ánimo de solidaridad e intercambio, y reflexionar sobre las vivencias que se generan y el significado que adquieren para cada joven.
6. Ir al encuentro de las nuevas generaciones en sus ambientes socio-culturales, acompañarlos en sus expresiones culturales e introducirlos en un proceso de formación con espíritu catecumenal.
7. Nutrir de expresiones pre-evangelizadoras las manifestaciones de religiosidad popular organizadas por los jóvenes, de tal manera que les permitan integrarse o iniciar un proceso kerigmático con sentido catecumenal.
8. Convocar agentes nuevos. Quizá no tanto para que se ocupen en términos generales de la pastoral con los jóvenes, sino más bien para que apoyen en un servicio puntual y concreto destinado a jóvenes. “No pedir mucho a pocos, sino poco a muchos”.
9. Ir al encuentro de las nuevas generaciones implica, buscar, ensayar, probar (aunque las cosas no resulten a la primera y tengamos que empezar nuevamente), con la confianza, audacia y entusiasmo que nacen de un corazón creyente, amante de Dios y de los jóvenes.
10. Propiciar procesos pastorales para atender pastoralmente a los nativos digitales.
11. Los planes y proyectos pastorales en favor de los jóvenes y de las nuevas generaciones, estén siempre orientados por el espíritu misionero, de tal manera que se logre conformar una identidad juvenil misionera arquidiocesana.

ORDENAMIENTOS

1. Los Vicarios episcopales territoriales nombren responsables de la Pastoral Juvenil que estén realmente interesados en esta pastoral, procurando si fuera necesario, capacitarlos para que logren el objetivo de dicha pastoral; y verificar que su nombramiento sea por un tiempo más o menos estable.
2. Formar a nivel de vicaría un solo equipo para atender y asumir la Misión Juvenil, en donde estén involucrados corresponsablemente los encargados y su equipo de Pastoral Juvenil decanal, con la colaboración y la asesoría de la comisión arquidiocesana de Pastoral Juvenil.
3. El Decano junto con su equipo de Pastoral Juvenil realizarán foros, conferencias, pláticas, que sensibilicen a todos los agentes evangelizadores, sobre la cultura juvenil actual como expresión de las nuevas generaciones, que favorezca una actitud de acercamiento, comprensión y escucha a los jóvenes.
4. El responsable de la Pastoral Juvenil de cada Decanato convocará, creará, acompañará y apoyará a un grupo de jóvenes evangelizadores, con la finalidad de que éstos se conviertan en jóvenes evangelizadores de otros jóvenes.
5. Las comunidades parroquiales desarrollen programas de crecimiento humano y cristiano, en donde las nuevas generaciones atraídas por la promoción de los valores que dan sentido a la vida, preparen su encuentro con Cristo.
6. El párroco y su equipo de Pastoral Juvenil, acompañarán de manera directa a los grupos parroquiales de adolescentes y jóvenes existentes, detectando y canalizando las necesidades de asesoría y formación, promoviendo a los jóvenes e integrándolos a la vida de la comunidad.
7. El equipo sacerdotal en la Parroquia y su equipo de Pastoral Juvenil, buscarán el contacto con los ambientes en donde se encuentran los jóvenes, como por ejemplo los centros educativos, sus lugares de encuentro (deporte, diversión, etc.) para en ellos tener alguna forma de presencia.
8. El equipo de Pastoral Juvenil parroquial en colaboración con el Consejo de Pastoral, realizará diversas actividades de interés para los adolescentes y jóvenes, como deportes, música, lecturas, teatro, convivencias, etc. para escucharlos, interesarse en sus actividades, inquietudes preocupaciones, para ofrecerles un espacio de participación en la comunidad y propiciar que vivan un encuentro personal con Cristo.
9. Las Comisiones diocesanas de Pastoral Juvenil y Pastoral Socio Caritativa organicen experiencias de voluntariado con jóvenes, como una expresión de la fe y la solidaridad y como un medio para que los jóvenes profundicen su encuentro con Cristo.
10. El equipo de Pastoral Juvenil del decanato, en colaboración con el responsable de Pastoral de la Cultura, y con el apoyo de las respectivas comisiones diocesanas, establecerán vínculos con instituciones educativas, universitarias, civiles y privadas dedicadas a la promoción de la cultura y el arte, y elaborará un catálogo bimestral que distribuirá a los decanatos, a fin de enriquecer la formación integral del joven, disponiéndolo a los valores evangélicos.
11. El responsable arquidiocesano de Pastoral Juvenil en coordinación con la Vicaría para los laicos, integrarán un equipo encargado de elaborar los subsidios y materiales para formar y capacitar a los nuevos agentes de pastoral acompañantes de las nuevas generaciones (asesores de la juventud y líderes juveniles). Además elaborarán programas de capacitación a través de talleres, retiros, foros, etc., de acuerdo a las expectativas y necesidades de las nuevas generaciones en sus diferentes ambientes.
12. El encargado de la Pastoral Juvenil a nivel diocesano, presentará periódicamente un avance y resultados del caminar de la Misión Juvenil a la CoPPA (Coordinación Permanente de la Pastoral Arquidiocesana), para garantizar la efectividad de las acciones programadas y para mantener una actitud de evaluación que permita aprovechar las experiencias exitosas y modificar aquellas que no estén dando resultados.
13. Todos los involucrados en la Pastoral Juvenil utilizarán las redes sociales y los medios electrónicos para llamar e integrar a los jóvenes a la propuesta de la Misión Juvenil.
14. Los planes y programas pastorales de las vicarías y decanatos, tomen en cuenta la misión juvenil como oportunidad para rejuvener la dinámica de la misión permanente, e integren en su ejecución a todas las instancias pastorales involucradas por su propia naturaleza con la misión juvenil y con los jóvenes.
15. La CAFAP (Coordinación Arquidiocesana para la Formación de Agentes de Pastoral), apoye a la Comisión diocesana de Pastoral Juvenil, para que ésta ofrezca formación para jóvenes a través de medios electrónicos y para ello elaboren programas de formación integral en diferentes modalidades: presencial o vía on-line.

3.- Las periferias (pobres y alejados). Evangelización de las culturas y sus periferias existenciales.

DESAFÍO

Como desde el tiempo del Sínodo, hoy día en nuestra Arquidiócesis sigue creciendo el número de personas que se declaran ajenas a la fe y todavía mayor el número de los que, aceptándola, no participan de la vida comunitaria en la que se constituye nuestra Iglesia. Estos grupos de personas quedan de ordinario al margen –marginados- de nuestros planes y realidades pastorales.
Otra forma de marginación –incluso la más dolorosa, como afirma el Papa Francisco- es la que viven los pobres. A pesar de vivir en uno de los principales focos económicos del país, el problema de la pobreza sigue atacando al Distrito Federal con más de dos millones de personas en pobreza y más de doscientas mil en extrema pobreza, sin hacer mención de los millones que viven en dichas condiciones en las zonas conurbadas a nuestra ciudad capital. Son zonas de escasa presencia pastoral y, de ordinario, la acción de los pastores queda rebasada al tratarse de colonias muy populosas, de modo que ellos no son capaces de dar respuesta a las necesidades espirituales ni materiales.

HECHOS

1. La nueva Evangelización reclama novedad en los ánimos, los métodos y las expresiones, camino necesario para llegar a estos destinatarios.
2. La misión juvenil: conexión al encuentro con las nuevas generaciones sigue planteando un horizonte de Iglesia de salida.
3. Una cultura egoísta generalizada impide que la persona sea capaz de abrirse al otro y mucho menos a Dios.
4. Una cultura egoísta que impera no solo en los ambientes ajenos a la fe sino en la misma comunidad eclesial en la que la comodidad generada por las pastorales de “conservación” impiden salir al encuentro de las nuevas generaciones.
5. Una separación cultural entre la vivencia actual de la fe y la vivencia común de muchos capitalinos en cuya cultura no ha permeado el Evangelio y hace doblemente difícil su camino evangelizador: de ellos hacia los agentes y de los agentes hacia ellos.
6. Desconocimiento de las verdades fundamentales de la fe que hacen a los creyentes dudar en su diálogo con los alejados.
7. Generación de hostilidad entre los creyentes y no creyentes hace cada vez más difícil la brecha que los comunica.
8. Situación de inseguridad en los entornos marginados de la ciudad hacen que los agentes tengan miedo de ir a su encuentro y llevarles con hechos y palabras el Evangelio.
9. Desconocimiento de las realidades de miseria en la que viven muchos capitalinos, todos ellos dentro de territorios parroquiales que tampoco suelen ser conscientes de su necesidad y con dificultades grandes para darles respuesta como lo exige la Fe: “denle ustedes de comer”.
10. La formación en el seminario no logra otorgar a los seminaristas mayor disposición de salida.
11. Las parroquias de apostolado de los seminaristas y de los diáconos transitorios así como de los primeros años de vida pastoral de los neopresbíteros difícilmente se convierten en un espacio de creatividad evangélica que acoja –con el riesgo que eso implica- sus iniciativas. Puede, incluso, llevar a un sinsentido en su caminar vocacional.

CRITERIOS

1. “¿Quién de ustedes que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?” (Lc 15,4))
2. “Dios no envió su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por medio de Él” (Jn 3, 17)
3. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme." (Mt 25, 34-36)
4. El remedio del ateísmo hay que buscarlo en la exposición adecuada de la doctrina y en la integridad de la vida de la Iglesia y de sus miembros, en el testimonio de una fe viva y adulta, en el amor fraterno, para ser signo de unidad (GS, 21).
5. “Jesús, el evangelizador por excelencia y el Evangelio en persona, se identifica especialmente con los más pequeños. Esto nos recuerda que todos los cristianos estamos llamados a cuidar a los más frágiles de la tierra. Pero en el vigente modelo “exitista” y “privatista” no parece tener sentido invertir para que los lentos, débiles o menos dotados puedan abrirse camino en la vida” (EG, 209).
6. “Cualquier comunidad de la Iglesia, en la medida en que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos” (EG, 207).
7. “Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que oran y trabajan. Desde el punto de vista de la Evangelización, no sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón” (EG, 262).
8. Dentro de esta amplia preocupación por la dignidad humana, se sitúa nuestra angustia por los millones de latinoamericanos y latinoamericanas que no pueden llevar una vida que responda a esa dignidad. La opción preferencial por los pobres es uno de los rasgos que marca la fisonomía de la Iglesia latinoamericana y caribeña (DA, 391).

LÍNEAS DE ACCIÓN

1. Fortalecer al laicado dentro de la Arquidiócesis para que pueda, como Iglesia, hacer presencia en los ambientes culturales ajenos a la fe.
2. Coordinar programas que permitan una interlocución con las instituciones detonadoras de cultura para poder contribuir en la constitución de una cultura más humana.
3. Abrir los espacios eclesiales para actividades de encuentro con las nuevas generaciones respetando sus costumbres en todo, menos en el pecado.
4. Fortalecer el trabajo que la Universidad Católica Lumen Gentium y la Universidad Pontificia de México realizan acercándose a los entornos intelectuales de nuestra Arquidiócesis.
5. Poner –como solicita el papa Francisco- la solidaridad al centro de la cultura. Para ello, establecer los proyectos pastorales con una clara centralidad en la caridad evangélica.
6. Difundir la doctrina social de la Iglesia en toda su radicalidad, con la conciencia de que la solidaridad es la voluntad firme y perseverante de buscar el bien del otro y que la tibieza en estos términos desdice de la condición cristiana.
7. Constituir con el Obispo Auxiliar de cada zona, el Vicario de Pastoral, y los comisionados de Caritas, Cultura –y las demás comisiones interesadas- los proyectos de voluntariado juvenil que incida en la cultura de las nuevas generaciones introduciendo en ellas la Alegría del encuentro con los más necesitados.
8. Acentuar la formación del clero, de los neopresbíteros y los seminarios la perspectiva pastoral como criterio formativo: pastores según el corazón de Cristo.

ORDENAMIENTOS

1. El consejo pastoral arquidiocesano, promoviendo la colaboración de algunas instituciones como la Universidad Católica “Lumen Gentium” con su maestría en pastoral urbana y su maestría en filosofía, cultura y religión en la época contemporánea, profundicen en la problemática de la pastoral actual y contribuyan a formar la conciencia acerca de los retos de la nueva evangelización para plantear posibles líneas de acción.
2. Las Vicarías buscarán que los laicos formen parte activa en aquellas comisiones en las que su papel es fundamental para involucrarse directamente a las realidades seculares. Garantizando el acompañamiento pastoral necesario para formar Iglesia.
3. Los Decanatos detonen Centros Culturales en los que –a ejemplo del “Atrio de los gentiles”- se encuentren siempre puertas abiertas dispuestas a dar “razones de la fe”. En los lugares donde esto parezca difícil, vincúlense con otros decanatos para garantizar estos espacios de apertura en todas las regiones de la Arquidiócesis.
4. Las Vicarías incluyan en sus planes pastorales la prioridad de la Evangelización –el encuentro- con los marginados en espíritu y en cuerpo; la opción fundamental por los pobres.
5. Los Decanatos constituyan un proyecto integral de desarrollo comunitario en algún área marginada de su circunscripción o alguna cercana en la que los jóvenes puedan ejercer la solidaridad de modo radical.
6. Cada Vicaría cuidará de vincular las parroquias de su territorio en condiciones de extrema pobreza con las que gocen de situación económica solvente para que se desarrolle lo necesario para otorgar a los hermanos la dignidad de vida necesaria.
7. El seminario bajo la orientación del Sr. Cardenal y su Consejo Episcopal, cuidará de enviar a los seminaristas a las parroquias en las que se garantice las experiencias de evangelización que encause la formación hacia la nueva evangelización.

4.- La vocación cristiana fuente de la comunión y de la misión.

DESAFÍO

Hoy en día la situación social necesita testimonios claros y convincentes de fe y amor a Cristo. Por ello es de suma importancia que los católicos asuman con mayor compromiso su vocación, contribuyendo a la evangelización y a la reconstrucción de la paz y la justicia desde su llamado específico.
La “crisis vocacional” que afecta todos los estados de vida exige a la Iglesia trabajar con mayor empeño en la promoción de la vocación cristiana en general y de la vocación específica, de tal modo que el bautizado, laico, consagrado(a), ministro ordenado madure la consciencia de su llamado a ser discípulo-misionero, favoreciendo así la etapa de la misión permanente que estamos viviendo en la Arquidiócesis de México.
Es claro que en esta ciudad necesitamos más sacerdotes, religiosas y religiosos, pues el crecimiento demográfico hace imposible que unos cuantos atiendan todas las realidades pastorales. Pero también necesitamos padres de familia que vivan con autenticidad su vocación a la vida matrimonial, para que con amor y esperanza sostengan sus compromisos de fidelidad mutua y de transmisión de la fe a sus hijos, de esta manera también se favorecerá el crecimiento de las vocaciones sacerdotales.

HECHOS

1. En la conciencia de la mayoría de los bautizados, a los que llamamos fieles, no relacionan, el hecho de ser bautizados con la vocación cristiana.
2. La misma familia no cultiva en sus hijos bautizados el sentido de la vocación cristiana.
3. La “crisis vocacional” en la que estamos por la escasez de vocaciones sacerdotales y religiosas, es un reflejo de que no se cultiva la conciencia de la vocación desde el ambiente familiar y las comunidades apostólicas.
4. La catequesis, en la mayoría de los casos por no seguir “procesos de Iniciación cristiana”, no favorece el sentido del discipulado como una llamada a seguir al Señor.
5. En nuestro lenguaje “clericalista” el concepto de vocación lo relacionamos casi exclusivamente, con la vocación sacerdotal y religiosa.
6. Cuando nos referimos a los laicos desde el punto de vista vocacional, solo lo pensamos de manera intraeclesial o desde la pertenencia a un grupo, asociación o ministerio.
7. No se puede negar el buen ejemplo de la mayoría de sacerdotes y religiosos(as), pero no se puede negar que también se dan testimonios negativos que opacan a la mayoría que actúa positivamente.
8. El Proceso evangelizador sí ha ayudado a crecer en la conciencia de que todo bautizado es un Discípulo misionero.
9. En las estructuras eclesiales que tenemos se trabaja la pastoral vocacional, pero solo mirando por el ministerio sacerdotal y la vida religiosa.
10. El hecho anterior ha favorecido en cuanto que han aumentado un poco las vocaciones en el Seminario Conciliar, aunque no son suficientes para las necesidades de esta Arquidiócesis.
11. Los distintos centros de formación de agentes laicos han favorecido el crecimiento en la conciencia vocacional de muchos laicos, a los que se les llama “comprometidos” prestando distintos servicios en la Iglesia.
12. Existen diferentes laicos, que sin estar insertados directamente en estructuras eclesiales, viven su compromiso vocacional llevando el Evangelio a distintos ambientes seculares.
13. Los Institutos religiosos, especialmente femeninos, a partir de sus distintos carismas ha sido una riqueza para nuestra Iglesia y cada vez se les ve, en general más comprometidos con la pastoral diocesana.

CRITERIOS

1. La vocación a la santidad es la base fundamental de todo bautizado “La Iglesia, a la que todos hemos sido llamados en Cristo Jesús y en la cual, por gracia de Dios, conseguimos la santidad, no será llevada a su plena perfección sino cuando llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas” (Hch 3, 21) (LG, 48).
2. La vocación tiene un sentido antropológico, ya que se trata de un encuentro que supone la libertad, en donde Dios llama y entra en juego la libertad del hombre que responde a su llamado por la fe, a través de un compromiso, por hacer presente ese Reino a través de su compromiso de la vivencia de los valores evangélicos y la proclamación explicita de los mismos.
3. En un sentido teológico la vocación es una inspiración o moción del Espíritu por la que sentimos un llamado especial de Dios a seguirlo a través de un estado o forma de vida específica que tendrá sus propias exigencias. No hay que olvidar que el llamado siempre es una iniciativa de Dios, aunque nos apoyemos de mediaciones humanas.
4. La vocación cristiana viene a darle plenitud a la vocación humana por la llamada a la fe en el Dios creador y Salvador, manifestado en Jesucristo. Pues “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Cristo es el Hombre nuevo, que en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (GS, 22).
5. La vocación cristiana consiste, en la llamada a ser hijo de Dios en Cristo Jesús “Porque a los que antes conoció, a esos los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que éste sea el primogénito entre muchos hermanos” (Rm 8, 29).
6. La vocación cristiana exige no “huir del mundo” sino de mantenerse comprometido con lo temporal. Pues Cristo resucitado “obra ya por la virtud de su Espíritu en el corazón del hombre, no sólo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo también con este deseo aquellos generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin” (GS, 38).
7. Dentro de la riqueza de vocaciones en la Iglesia, ésta reconoce especialmente los tres estados de vida, al servicio de la comunidad: el ministerio ordenado, la vida consagrada y la vocación de los fieles laicos, llamados a servir desde su propia “índole secular” al reino de Dios, asumiendo los compromisos temporales y los ministerios laicales (Cf. ChL, 21-24).
8. Son los Pastores –Obispos, Presbíteros y Diáconos- quienes, al servicio de la comunidad eclesial por el triple ministerio de la palabra, de la liturgia y de la caridad, van acompañando el crecimiento y maduración apostólica de las otras vocaciones cristianas (ECUCIM, 2028).
9. La Vida Consagrada, partiendo de la vida bautismal, por llamamiento especial, se radicaliza para vivir el seguimiento de Jesús en la práctica de los consejos evangélicos: es la vida religiosa en diversas expresiones de vida apostólica y contemplativa (Ibid, 2029).

LÍNEAS DE ACCIÓN

1. Promover en todos los bautizados la conciencia de la vocación cristiana como base de toda vocación especifica.
2. Hacer que nuestros procesos catequéticos y evangelizadores estén inspirados en el catecumenado y en el proceso evangelizador para que se crezca en la conciencia de ser discípulos-misioneros.
3. Fortalecer la Pastoral vocacional en el sentido amplio, como una necesidad urgente que lleve a los bautizados a un compromiso por la Misión permanente en nuestra Arquidiócesis.
4. Impulsar en los Agentes de la Nueva Evangelización, que es necesario fijarse, en primer lugar, en el crecimiento hacia la madurez humana y cristiana de los mismos Agentes, preocupándose por su formación, promoción y multiplicación, para enriquecer su ser y misión (ECUCIM, 2583).
5. Seguir teniendo como una prioridad arquidiocesana la promoción vocacional al ministerio sacerdotal, al servicio de esta Iglesia particular.
6. Promover una mayor cercanía de los Obispos con el presbiterio, para que su ministerio sea cada vez más eficaz en la tarea principal de realizar una Nueva evangelización.
7. Ayudar a los distintos agentes de pastoral, ministros ordenados, vida consagrada y laicos, crezcan en la conciencia de la corresponsabilidad pastoral y a trabaja de una manera orgánica y de conjunto.
8. Apoyar a los Obispos y Presbíteros para que sigan madurando su vocación y sean fieles testigos de Jesús el buen pastor, que no vino a ser servido, sino a servir.
9. Seguir animando la vocación al Diaconado permanente, cuidando que su formación los lleve a una acción más comprometida con la pastoral socio-caritativa, siendo este el principal perfil del Diácono permanente.
10. Continuar con la tarea de seguir integrando a la Vida Consagrada, desde sus propios carismas a la pastoral diocesana.
11. Impulsar todavía con un mayor empeño la formación de los laicos, para que estos descubran su vocación específica y se comprometan en la santificación de los ambientes seculares, en donde ordinariamente desarrollan sus actividades (la familia, el mundo laboral, educativo, económico, la ciencia, el arte…).
12. Integrar a los laicos en responsabilidades, especialmente en acciones pastorales que tienen que ver con la formación de otros laicos, para que desde su Ser bautismal animen a otros a vivir su vocación cristiana.

ORDENAMIENTOS

1. La comisión arquidiocesana de Educación, Misión y Catequesis responsables de la educación cristiana, cada una en su campo se apoyen de las Ciencias humanas, especialmente las psicopedagógicas, para que con su aporte, nuestros procesos catequéticos-evangelizadores tengan las herramientas necesarias que ayuden a favorecer las disposiciones naturales y de las influencias socio-culturales que determinan o condiciona la respuesta humana a la vocación cristiana y esto, se vea reflejado en los distintos subsidios que ofrecen.
2. Las comisiones de animación de la pastoral vocacional arquidiocesana, con el apoyo de la Vicaría de Pastoral revisaran sus objetivos y tareas, para que responda mejor a su cometido, que es fortalecer la vocación cristiana y las vocaciones específicas. Al mismo tiempo ayudaran a las comisiones vicariales a renovar sus objetivos y tareas, encontrando en los Obispos auxiliares el apoyo y acompañamiento necesario para renovarse y revitalizarse.
3. Que las comisiones arquidiocesanas, responsables de la formación cristiana de los bautizados, tanto misioneras-catequéticas, como de formación para el apostolado, hagan esfuerzos para implementar procesos formativos que resalten el valor de la vocación como llamado para ser discípulos-misioneros, para la Iglesia y para el mundo. Esto se tiene que ver reflejado en programas y subsidios.
4. Que los Obispos auxiliares y sus consejos de gobierno en cada Vicaría, revisen los formatos y dinámica de las reuniones de presbiterio con el Obispo, para que sean menos burocráticas y se conviertan en espacios de relación fraterna que los lleve a asumir compromisos pastorales en corresponsabilidad.
5. El Vicario de Agente encabezará y convocará un equipo de especialistas en formación, para revisar el proceso de formación del Diaconado permanente, para que esté más acorde con la vocación específica del Diacono permanente, que es el ministerio de la caridad, deberán hacer propuestas para su renovación.
6. Que las Vicarías territoriales y funcionales, busquen una mayor coordinación para que la pastoral vocacional en general sea una prioridad pastoral. En esto han de hacer cabeza las comisiones arquidiocesanas, proponiendo acciones específicas para lograr el objetivo.
7. Que la Comisión de pastoral vocacional sacerdotal, establezca vínculos de relación y trabajo con las comisiones de la pastoral misionera, educativa y catequética, para que en sus procesos tengan elementos de pastoral vocacional al ministerio sacerdotal. Los Obispos, a través de la Vicaría correspondiente, organicen una auténtica Pastoral Vocacional referida a los Laicos:
• conciencia de vocación laical;
• “promoción vocacional” explícita;
• llamamiento personal al servicio;
• metodología y material de difusión y formación (ECUCIM, 2501).
8. Los señores Obispos, los Vicarios Episcopales, los Superiores de los Seminarios y los demás responsables de la formación presbiteral, tanto en su etapa seminarística como en la formación permanente incluyan, en sus planes y programas, cursos y conferencias y otros medios que lleven a los Pastores a ser los primeros en dar la debida importancia a la vocación y quehacer de los Laicos (Ibid, 2505).
9. La CAFAP (Coordinación arquidiocesana de la Formación de Agentes de Pastoral) siga promoviendo e iluminando la formación de los distintos agentes de pastoral, ofreciendo directrices para ser incluidos en los programas y subsidios que ofrecen las distintas instancias arquidiocesanas, para que cada agente de pastoral desde su vocación específica responda a los retos de la Misión permanente en nuestra Ciudad.
10. La Vicaría episcopal para la Vida consagrada, siga buscando caminos para que las distintas comunidades de vida consagrada, desde su carisma específico se sumen al proceso pastoral arquidiocesano.

 

5.- La formación de los laicos como discípulos y misioneros.

DESAFÍO

Desde II Sínodo Diocesano tenemos como desafío pastoral la Formación de Agentes Laicos para poder atender la opción prioritaria sinodal (Cfr. ECUCIM, 2565): un nuevo y vigoroso proyecto que busca impregnar de espíritu misionero a los agentes, medios, organización y práctica pastorales.
Para hacer frente a este desafío es necesario promover una comunidad eclesial fraterna y participativa, que ofrezca los itinerarios de formación en distintas modalidades, de tal forma que se facilite que estén al alcance de todos los bautizados.
Será indispensable diseñar los itinerarios para formar discípulos misioneros de manera integral, kerigmática, específica y permanente.
Se debe buscar formar una conciencia de corresponsabilidad sobre la vida y misión de la Iglesia, pueblo peregrino al servicio del Reino de Dios.
Y con la audacia de ir al encuentro de todos, para proponer el evangelio de Jesús a las distintas culturas urbanas y sus periferias existenciales, privilegiando el testimonio de vida, el diálogo y la encarnación.

HECHOS

1. Sigue funcionando el Sedes Sapientiae, ahora como escuela de la Universidad Lumen Gentium, tiene 8 sucursales y 350 alumnos.
2. El Instituto San Pedro y San Pablo sigue ofreciendo el diplomado en teología en modalidad abierta, en este curso con 60 alumnos.
3. Las comisiones diocesanas ofrecen formación específica: misionera, catequética, bíblica, cáritas, penitenciaria, salud, migrantes, litúrgica, arte sacro, música sacra, educativa, juvenil, familiar, clero, diaconado, vocacional, causas de los santos, piedad popular, exorcistas, etc., aunque la mayoría de ellas sólo de forma periódica u ocasional.
4. Las Comunidades de Vida Consagrada también suelen ofrecer formación a los laicos, casi siempre relacionada con su carisma y fundadores.
5. Igualmente, los movimientos y organizaciones laicales tienen programas de formación para compenetrar a sus integrantes en su carisma.
6. En la Arquidiócesis funcionan 52 CEFALAEs, la mayoría con la formación básica. Hay que lograr ofrecer la específica en conjunto con las comisiones.
7. En la Arquidiócesis se necesita una mayor colaboración y coordinación entre las instancias dedicadas a la formación.
8. En la mayoría de las parroquias la formación está limitada a lo pre-sacramental y cuesta integrar a los agentes laicos como colaboradores.
9. Es frecuente que los laicos que están colaborando en la formación de otros laicos no cuenten con el apoyo de la parroquia o decanato para desempeñar su servicio.
10. Desde hace 5 años funciona un equipo dedicado a la elaboración de subsidios y al acompañamiento de la capacitación de laicos.
11. Se terminó la edición de la serie de formación básica y se está continuando con los subsidios para la formación inicial y para la específica.
12. En el programa de capacitación de facilitadores para la formación básica: se han realizado 106 talleres en la Arquidiócesis, se han inscrito 3335 personas y han terminado 2828; y, 200 continúan en el programa de seguimiento. En otras diócesis se han compartido 8 talleres: Cuernavaca, Toluca, Atlacomulco, Querétaro, Matehuala y 3 en Tenancingo.
13. Las Vicarías han pedido una mayor información y difusión de los itinerarios y subsidios que ya se tienen elaborados en la arquidiócesis.

CRITERIOS

1. La formación apostólica de los laicos debe tener una fisonomía especial en razón de la índole secular y propia del laicado y de su espiritualidad (Cfr. AA, 29). La formación debe desarrollarse de modo que el apostolado de los laicos, se lleve a la práctica en todas las circunstancias y a lo largo de toda la vida, sobre todo la profesional y la social (Ídem, 30).
2. La formación debe ser integral, kerigmátia y permanente. Abarca diversas dimensiones: humana, comunitaria, espiritual, intelectual, pastoral y misionera. Debe ser respetuosa de los procesos y ofrecer acompañamiento. Se debe formar en la espiritualidad de la acción misionera (Cfr. DA, 279-285).
3. La formación de agentes evangelizadores debe corresponder de manera directa al plan pastoral. Debe ser gradual y con una pedagogía activa, participativa ypuesta en práctica(Cfr.MGFAPAM,-8).
4. Entendemos formación como la profundización paulatinadel encuentro con Jesucristo, que nos madura como sus discípulos misioneros, con sentido de pertenencia a suIglesia y corresponsables en la misión.
5. La formación debe buscar construir un ambiente eclesial fraterno, testimonial, abierto al diálogo contodos y caaz de involucrarse en el servicio de los marginados. La formación debe tener carácter específico, para desarrollar los distintos servicios y ministeriosque requieracomunidad.
6. Orientar la formación de agentes como el eje fundamental del trabajo que hemos impulsado, la "columna vertebral" del modelo de Iglesia que queremos y requerimos para nuestra Ciudad (Cfr. OP 2009, n. 53).
7. Presentar la formación de agentes, y la corresponsabilidad resultante, como motor de la renovación pastoral parroquial (Cfr. Ibid, nn. 39-40).
8. Debemos trabajar en la reflexión para afianzar en los discípulos misioneros, en especial los laicos, la convicción de estar llamados a ser corresponsables de la vida y misión de la Iglesia y de su organización.
9. La organización de la formación debe favorecer los procesos formativos, procurandoque estén al alcance detodos, que sea descentralizada y buscando una amplia participación de los laicos en su planeación eimplementación.

LÍNEAS DE ACCIÓN

1. Proponer a las parroquias el itinerario de formación inicial y básico y la dinámica para implementarlo en pequeñas comunidades de los sectores.
2. Capacitar a más laicos para que realicen la coordinación y el acompañamiento de otros laicos en los itinerarios de formación.
3. Orientar a los pastores para que sean los animadores de este objetivo.
4. Cuidar que los horarios, lugares y modalidades de la formación sean adecuadas a las condiciones y al ritmo de vida de los interlocutores.
5. Ir desarrollando los programas y subsidios correspondientes a la formación específica en coordinación con las comisiones correspondientes.
6. Con creatividad y audacia proponer itinerarios formativos para desarrollar servicios y ministerios en el ámbito del trabajo y del ambiente social.
7. Avanzar en el desarrollo del portal virtual para la formación on-line.
8. Apoyar con subsidios el desarrollo de distintas modalidades de formación para que los itinerarios estén al alcance de todos.

ORDENAMIENTOS

1. La Coordinación Permanente de la Pastoral Arquidiocesana (CoPPA) promueva y acompañe en todos los Decanatos y Parroquias, como programa prioritario, la formación de Agentes Laicos, dándole acompañamiento a sus procesos.
2. Los Párrocos promuevan las pequeñas comunidades de formación como una modalidad capilar, para afianzar la organización sectorial parroquial.
3. La Vicaría para los Laicos, el Equipo de Ediciones y las Comisiones Arquidiocesanas acuerden las etapas para elaborar los itinerarios y subsidios de la formación específica, especialmente en lo que tiene que ver con kerigma-catequesis para matrimonio-familia, adolescentes y nuevas generaciones.
4. Formalizar un programa permanente entre la Vicaría de Pastoral y la Vicaría para los Laicos con la Vicarías Territoriales para la difusión de los programas pastorales, la capacitación y los subsidios correspondientes.

6 Vida, ministerio y formación del Pastor misionero para la Ciudad de México.

DESAFÍO

El ser y quehacer del obispo, del presbítero y del diácono son un ministerio esencial para la vida de la comunidad católica en su configuración, en su desarrollo y en la realización de su tarea evangelizadora.
Para que los pastores puedan cumplir hoy en nuestra Ciudad con lo que se espera y se necesita de ellos, como exigencias urgentes e importantes, se requiere que:
- cultiven continuamente la conciencia de que su misión es un servicio que implica entrega y que, viviéndola así, podrán ser el testimonio de la presencia de Cristo, que sus hermanos buscan en ellos.
- se nutran de una espiritualidad arraigada profundamente en un espíritu misionero y que se proyecte en actitudes y acciones evangelizadoras;
- vivan en una continua conversión que los haga cada vez más dóciles a la voluntad del Padre y cada vez más sensibles a las necesidades del pueblo;
- sean promotores de la comunión en donde ejercen su ministerio, vicarías, decanatos, parroquias, y otros ámbitos, para los cuales ellos, los pastores, se apoyen mutuamente con experiencias en donde haya expresiones concretas de vida de comunidad.

HECHOS

1. Aunque, aun en datos estadísticos, se sigue constatando que la Iglesia católica es todavía reconocida como una institución que tiene una influencia positiva en la vida de la sociedad de la Ciudad de México, este reconocimiento va en disminución, en la generación de los adultos y, sobre todo, de los jóvenes. En este fenómeno la actuación de los pastores tiene una importancia determinante.
2. De entre los presbíteros a los que de alguna forma les tocó vivir el Sínodo, un buen número se entusiasmaron por él, lo pusieron en práctica e influyeron notablemente para crear una mentalidad misionera en la Arquidiócesis. Otros sencillamente no entraron. Entre la mayoría de los presbíteros de las nuevas generaciones, no se ve interés por el Sínodo ni por su proyección en el post-sínodo.
3. La integración y unidad pastoral entre los presbíteros al interno de cada vicaría territorial se va afianzando, dadas las variadas actividades que se hacen en común. En cambio, a nivel Arquidiócesis esa unidad e integración es débil porque son pocos los medios que la soportan. El plan pastoral diocesano, que debería ser uno de los principales medios, no siempre es trabajado con ese propósito y la debida importancia.
4. Es creciente, no precisamente en número, pero sí en compromiso, la participación de los laicos en el quehacer evangelizador, lo cual es una gran ayuda para los pastores en las tareas al servicio de la comunidad. Esto, sin embargo, también presenta dos frecuentes debilidades:
- una, que los pastores den encomiendas a los laicos, sin el debido apoyo, sino que, más bien, los dejan un tanto solos;
- otra, que en los laicos se vaya generando un cierto “clericalismo”.
5. Es frecuente el reclamo de los laicos más comprometidos en la acción pastoral, de que los presbíteros no apoyan los trabajos de la Misión Permanente.
6. Hay buenos esfuerzos de cercanía de parte de los señores obispos, sin embargo todavía muchos fieles católicos los sienten lejanos a su vida y a sus necesidades.
7. Hay muy poca convivencia fraterna entre los presbíteros, en que se comparta acerca de los ideales, necesidades, proyectos pastorales o de crecimiento sacerdotal y otros temas de esta índole. Esta carencia se acentúa en las relaciones de los obispos con los presbíteros.
8. La seguridad social de los presbíteros diocesanos y el cuidado de su salud, por parte de la institución, todavía es un tema que les preocupa fuertemente, pues se considera notablemente insuficiente.
9. Por su parte, cada presbítero en lo personal no le da la debida importancia al cuidado de su salud, particularmente con el adecuado descanso, el ritmo de vida y las medidas preventivas.
10. El número de fallecimientos anuales y la edad promedio de los presbíteros, que es alta, manifiesta una desproporción alarmante en relación con el número de ordenaciones sacerdotales o de otros sacerdotes que vengan a ejercer su ministerio a la Arquidiócesis. Para hacer frente a este hecho no se han tomado las medidas con la prioridad proporcionada.
11. El ministerio del diácono permanente no ha sido suficientemente valorado en las comunidades, ni ubicado debidamente en su primordial servicio a la caridad.

CRITERIOS

1. “Cualquier responsabilidad que se ejerce en la pastoral, no debe ser considerada como privilegio o coto de propiedad por la persona que se designa para llevarla a cabo. Toda responsabilidad debe entenderse como una oportunidad de servicio al Evangelio y a la comunidad”. (OP 2014, 59)
2. “Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre nueva” (EG, 11).
3. “La forma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad” (EG, 27).
4. “La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria (EG, 198). Esto será posible sólo sí “salimos”, porque va a ser muy difícil que los pobres vengan a
nuestras instituciones, a veces ni siquiera a nuestros templos”. (OP 2014, 129)
5. Más allá de la debida diferencia de estados de vida, todavía se da un marcado paralelismo entre el desempeño del ministerio de los pastores y la vida de sus comunidades. Es necesaria una mayor inserción pastoral de ellos en las realidades de las familias, y feligreses en general, con quienes deben vivir los adecuados procesos de evangelización. “Que los pastores tengan olor a oveja”
6. “Por razón de la comunión en el mismo sacerdocio y ministerio, tengan los obispos a los presbíteros como hermanos y amigos suyos… Óiganlos de buena gana, y hasta consúltenlos y dialoguen con ellos sobre las necesidades del trabajo pastoral y el bien de la diócesis” (PO, 7), pues “la deseada renovación de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes” (OT, Proemio).
7. “Sabemos muy bien la responsabilidad que los sacerdotes tenemos en el surgimiento y cultivo de todas las vocaciones en la Iglesia, especialmente en las vocaciones sacerdotales, pero ahora, siguiendo la inspiración del Santo Padre, todos, sacerdotes y laicos, hagamos todo lo posible por convertir a nuestras parroquias, movimientos, grupos apostólicos en comunidades fecundas en espíritu vocacional” (OP 2014, 113).

LÍNEAS DE ACCIÓN

1. Es necesario seguir luchando por una visión integral de la formación y dentro de ella por una espiritualidad misionera, de testimonio y de encarnación, según el espíritu del II Sínodo Diocesano.
2. Todos los pastores, obispos, presbíteros y diáconos, tanto en el ejercicio de su propio ministerio como en la organización y animación de sus comunidades, deberán dar una especial importancia a la pastoral socio-caritativa, como expresión de su testimonio y para ayudar a fomentarla en los demás hermanos.
3. Búsquense algunas formas estables de vida comunitaria en donde, al tener vida en común, se viva la fraternidad sacerdotal y en donde haya apoyo mutuo en los distintos campos de la vida y ministerio pastoral.
4. El Consejo Episcopal, integrado por los señores obispos auxiliares y los demás vicarios generales, tienen la mayor responsabilidad para la unidad pastoral y el fortalecimiento de nuestra identidad diocesana que, en espíritu de comunión, se expresa por la organicidad y corresponsabilidad de los agentes y estructuras de pastoral. (Cf OP 2011, nn.127 y 128)
5. Esto tendrá un buen grado de garantía, si se cuenta con el respaldo e involucramiento de los Obispos auxiliares; más aún, algunas de las sedes de las vicarías podrían ser espacio propicio. No se trataría de compromisos permanentes de cada persona, pero sí de periodos suficientemente largos.
6. “Es el Espíritu Santo, a través de nosotros, quien realiza esta nueva etapa de la Misión, es por eso necesaria la vida de oración y contemplación. En esta espiritualidad tenemos en la Virgen María un modelo, reconociéndola como estrella de la evangelización. Aspiremos a que nuestra práctica pastoral sea actualizar el gesto de consuelo materno que hace María a San Juan Diego, cuando le dice al oído: no se turbe tu corazón “¿No estoy yo aquí; que soy tu Madre?” (OP 2104, 37-38).

ORDENAMIENTOS

1. Las instancias encargadas de la formación del clero, a nivel arquidiocesano así como las del nivel de vicarías, cuiden de cumplir esa responsabilidad, promoviendo y subsidiando diversas actividades con creatividad, constancia y cercanía, para tratar de lograr mayor participación y provecho de parte de los sacerdotes. De parte de los señores Obispos auxiliares se espera mucho, con la confianza de que la atención a los ministros ordenados es para ellos una prioridad.
2. Los responsables de la formación del clero, al elaborar los respectivos planes, busquen la participación de las instancias y personas indicadas para que en las actividades que se programen queden incluidos claramente los contenidos de espiritualidad misionera, experiencias e iluminación pastoral, orientación doctrinal y formación humana.
3. El encargado del diaconado transitorio, así como los encargados del acompañamiento de los presbíteros en los primeros años de su ministerio, cuiden que la formación permanente, propia de esos años, sea integral, es decir, que ayude integralmente a la vida y el ministerio y que, concretamente, sirva para conocer suficientemente y valorar el proceso pastoral arquidiocesano.
4. Las Vicarías territoriales, apoyadas por la Vicaría de Pastoral, introduzcan de forma teórica y también práctica a los presbíteros que se incorporan al ministerio en ellas, sea porque vienen de otras diócesis, sea porque vienen de institutos religiosos.
5. Los párrocos y demás responsables de comunidades pastorales, junto con los laicos y como parte de su plan pastoral anual, programen actividades que lleven a todos a tener experiencias comunitarias, como retiros, otras experiencias de oración y reflexión, así como actividades compartidos de prácticas misioneras. Esto servirá de testimonio, animación y crecimiento apostólico.
6. Los señores obispos auxiliares propicien y respalden el surgimiento y la vida de grupos sacerdotales espontáneos, encaminados a fomentar la vida de fraternidad, cuidando de que vayan más allá de la sola convivencia, que también debe ser fomentada; pero que busquen igualmente otros medios para compartir la vida y el ministerio y el apoyarse en la formación permanente.
7. El Seminario Conciliar, la Basílica de Guadalupe y la Catedral cuiden y enriquezcan la vida comunitaria presbiteral, que como instituciones ya tienen, de tal manera que puedan servir a otros presbíteros de punto de referencia y de estímulo para experiencias similares.

7.- Parroquia: comunidad Misionera y testimonial.

DESAFÍO

La parroquia es el lugar de la concretización para la pastoral misionera puesta en marcha desde la promulgación del Decreto sinodal; además, es el mejor termómetro del real estado pastoral de la Arquidiócesis.
La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización.
La Parroquia es el lugar privilegiado para la formación, para la misión, y para la comunión; es el centro vital del anuncio alegre del Evangelio, el sujeto de la pastoral orgánica y corresponsable, en donde todos son sujetos evangelizadores, es el rostro concreto de la Iglesia presente en los ambientes y en las periferias culturales.

HECHOS

1. La parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad al Espíritu y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad. Aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora, si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo «la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas» (cfr. EG, 28). La Parroquia sigue siendo punto de referencia en la vida de los fieles y de las comunidades.
2. Reconocemos que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión (cfr. EG, 28).
3. Ante la puesta en marcha del nuevo y vigoroso proyecto misionero las comunidades parroquiales han puesto en marcha sus planes pastorales resaltando algunos aspectos, tales como: centralidad de la palabra de Dios; prioridad del kerigma; catequesis con sentido catecumenal; evangelización como un proceso; promoción y formación de agentes; búsqueda y acogida de los más alejados; formación de pequeñas comunidades; la misma parroquia como comunidad de comunidades; la planeación pastoral; creación de centros de formación; sectorización; y evangelización a partir de la religiosidad popular.
4. Impulso a la espiritualidad y el testimonio; mayor participación de los laicos en la Iglesia (en consejos y equipos de trabajo, ministerios, etc.) y en la sociedad. Se perciben también cambios de actitudes en los ministros ordenados (mayor cercanía entre los presbíteros y corresponsabilidad pastoral ante los desafíos); y un creciente despertar del espíritu misionero, en general.
5. Todavía se nota la resistencia al cambio de muchos sacerdotes, con una mentalidad cerrada y clerical; la lentitud para impulsar procesos de formación profunda del laicado; persistencia de movimientos apostólicos cerrados en sí mismos; prevalencia de la institución sobre la persona; falta de criterios para evangelizar el mundo urbano; sobrecarga de trabajo debida en buena parte a los pocos agentes de pastoral; falta de una mayor reflexión teológica y pastoral sobre la misión y de una profunda espiritualidad misionera.
6. Los fieles reiteradamente piden una actitud más disponible de los pastores. La parroquia aún no es el lugar donde las personas se sientan acogidas, experimentan todavía una atención burocrática o administrativa, solicitan encontrarse con un real interés por el bien de cada persona. Por ello, se mantiene una imagen de Parroquia que sólo ofrece “servicios religiosos”.
7. La falta de continuidad en el trabajo de las parroquias ha provocado desaliento en muchas comunidades y agentes laicos.

CRITERIOS

1. Cristo es fundamento absoluto, modelo principal y contenido central de la misión. La Iglesia surge de la misión de Jesús y es enviada por él a evangelizar. Ella comunica la Vida en Cristo para que todos los hombres sean congregados en la única Familia de los hijos de Dios, prolonga el dinamismo del misterio de la Encarnación (EN, 14). Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable. La Iglesia no crece por proselitismo sino « por atracción (cfr. EG, 14).
2. El compromiso de la Misión Permanente nos exige profundizar y enriquecer todas las razones y motivaciones que permitan convertirnos y convertir a cada creyente en un discípulo misionero. La Parroquia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza, al margen de la vida cotidiana con todas sus alegrías, esperanzas y necesidades. Cada comunidad parroquial esta llamada a convertirse en un amplio y efectivo centro de irradiación de la vida en Cristo.
3. La Conversión Pastoral en la Parroquia es creíble si se traduce en actitudes y acciones de caridad tales como renunciar a sí mismo, perseverar en la oración, creer en el poder de Dios, construir relaciones fraternas y de comunión, estar siempre dispuestos al perdón, ejercer la autoridad como servicio, realizar lo ordinario y extraordinario con la actitud de ofrendar la vida a Dios a través del servicio a los hermanos.
4. El proceso de una comunidad parroquial merece respeto y siempre debe ser tomado en cuenta para cualquier desarrollo futuro. El Plan de Pastoral Parroquial tiene como objetivo garantizar una efectiva tarea evangelizadora; y al mismo tiempo, garantiza la continuidad pastoral y evita improvisar. Para ello será muy conveniente que la parroquia tenga su plan de trabajo, que pueda ser asumido por quien sea enviado a presidir esa comunidad.
5. Ante la saturación de lenguaje simbólico y de imágenes debemos entrar con la propuesta concreta de los valores evangélicos, con toda la riqueza que ofrecen los recursos del Espíritu que inspiró las santas Escrituras y valiéndonos de los profesionales creyentes que se mueven en el mundo de los medios de comunicación.
6. Al mismo tiempo, los enormes y veloces cambios culturales requieren que prestemos una constante atención para intentar expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad. Pues en el depósito de la doctrina cristiana «una cosa es la substancia […] y otra la manera de formular su expresión».
7. “Flexibilidad pastoral”, entendida como una actitud nueva y nueva práctica evangelizadora. Se trata de una disposición, de parte de los pastores, para atender fraternalmente a todas las personas con las que entra en contacto, independientemente que vivan o no en el territorio parroquial que tiene encomendado. La parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad (EG, 28).
8. La maduración de una comunidad cristiana que emprende el proceso de Evangelización… Este caminar pide discernir y madurar los diferentes carismas sembrados por el Espíritu, encauzándolos a los diversos servicios que respondan a las necesidades existentes. En la parroquia debe existir un reconocimiento y apoyo a las organizaciones laicales y vida consagrada, para que su patrimonio espiritual y pastoral se complemente con los carismas presentes en la comunidad parroquial al servicio de la evangelización.

LÍNEAS DE ACCIÓN

1. Asumir una pastoral kerygmática que vive del encuentro con Cristo por el Kerygma, no solo como un momento del proceso evangelizador, sino como hilo conductor de todo el proceso. Promover la pedagogía de Jesús para acercarse a los alejados, caminar junto con ellos, preguntarles, escucharlos, acompañarlos y constituir comunidades de amor que atraiga hacia el Resucitado.
2. Valorar y aplicar el itinerario de formación que parte del encuentro con Jesucristo y conduce a una permanente conversión personal, que facilita una apasionada conversión pastoral y ayuda a lograr y mantener estructuras pastorales al servicio del discipulado misionero.
3. Transformar la parroquia en una comunidad misionera con equipos misioneros insertos entre las familias, los ambientes y las periferias mediante procesos permanentes de discernimiento, planeación, descentralización y articulación pastoral. La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del «siempre se ha hecho así». Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades. Una postulación de los fines sin una adecuada búsqueda comunitaria de los medios para alcanzarlos está condenada a convertirse en mera fantasía (EG, 33).
4. Los pastores desarrollen actitudes de misericordia y generosidad en la forma de atender, de escuchar, de aconsejar, de absolver, de celebrar los sacramentos, de organizar y administrar. Así a imagen del Buen Pastor, el sacerdote es un hombre de misericordia y de compasión, cerca de su gente y servidor de todos.
5. Intensificar la presencia parroquial en los nuevos areópagos de la cultura urbana de hoy, para acercarnos a los que no conocen a Cristo, atraer a los que se alejaron de la Iglesia y fortalecer a los que siguen en la Iglesia pero flaquean en su fe.
6. Las parroquias deberán ser comunidades de acogida. Conscientes de que necesitan a todos. Comunidades que se caracterizan por su hospitalidad, por la vitalidad de su fe, y por la generosidad de su servicio a las personas necesitadas.

ORDENAMIENTOS

1. El Consejo de Pastoral debidamente integrado revise y promueva constantemente aquellas acciones de cercanía, generosidad, escucha y atención a los fieles, no sólo de parte de los agentes de pastoral sino también de quienes colaboran en el templo parroquial (Oficina, Sacristía y Casa parroquial).
2. El Párroco además de realizar su vocación como pastor haga todo lo posible por reconocer a los laicos comprometidos como corresponsables en la pastoral, y evite tratarlos como empleados. Incluya en las actividades de la parroquia momentos para estimular y proyectar los talentos, capacidades y servicios que los laicos comparten generosamente con la Iglesia.
3. La parroquia ha de reavivar o formar los equipos misioneros que promuevan el sentido de la Misión en todas las actividades pastorales de la comunidad. El mismo consejo de pastoral parroquial debe tener como eje transversal la Misión permanente en todos sus planes pastorales.
4. El equipo de la caridad en la parroquia además de otras actividades adecuadas organice acciones encaminadas a promover el voluntariado en los ambientes que garanticen una proyección que rebase los límites geográficos de la Parroquia.
5. En cada parroquia debe estar funcionando el Consejo de Asuntos Económicos, que entre otras cosas favorecerá la rendición de cuentas constante a la comunidad.
6. Los objetivos del plan pastoral parroquiales, deben ser establecidos por los responsables de todas las pastorales. Estos deben ser desafiantes pero realistas, medibles y con metas a corto y a largo plazo.
7. El párroco y todos los agentes de pastoral deberán cultivar un ambiente de testimonio personal y comunitario que surge de un cambio en el corazón y como resultado de del compromiso en la comunión, misión y corresponsabilidad.
8. En todas las comunidades parroquiales debe conocerse la “Guía para la misión juvenil” e impulsar los planes pastorales con la creatividad en la nueva evangelización ante los retos y desafíos de las nuevas generaciones. La Misión Juvenil no es un simple proyecto evangelizador, sino el rostro actualizado de la Misión permanente.
9. Los encargados de la formación de agentes en la parroquia no olviden dar un fuerte impulso al Kerigma, no sólo como experiencia de un momento determinado sino como el hilo conductor de todo el proceso de la vida cristiana y de la formación. Promueva la reflexión del sentido social del primer anuncio, que la conversión a Cristo tenga repercusión en la vida civil.

SIGLAS USADAS

AA Decreto Apostolicam Actuositatem sobre el apostolado de los laicos
ChL Exhortación apostólica post-sinodal Christifideles Laici, sobre vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo
DA Documento de Aparecida, V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Brasil, 2007
DP Documento de Puebla, III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, México, 1979
ECUCIM Evangelización de las Culturas en la Ciudad de México, II Sínodo Diocesano, 1993
EG Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual
FC Exhortación apostólica Familiaris Consortio, sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual
GS Constitución pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual
LG Constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia
MGFAPAM Marco general para la formación de los Agentes de Pastoral en la Arquidiócesis de México
OP 2009 Orientaciones Pastorales 2009, Formarnos para continuar la misión en la Ciudad, Cardenal Norberto Rivera Carrera
OP 2011 Orientaciones Pastorales 2011, Renovar nuestra pastoral desde la raíz, Cardenal Norberto Rivera Carrera
OP 2014 Orientaciones Pastorales 2014, Con la alegría del Espíritu, Cardenal Norberto Rivera Carrera
OT Decreto optatam totius, sobre la formación sacerdotal
PO Decreto Presbyterorum Ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros